Por Enrique Ballester el 11-Feb-2011 |
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Ser seleccionador español, y ganar un Mundial, también tiene cosas malas. Te invitan a todas partes, te desgastan la espalda a base de palmadas y te rasgan la chaqueta de tanto estirarla. Vicente del Bosque, y esto es sólo una impresión personal producto de la mera observación, empieza a estar un poco harto de tanta recepción inevitable, tanta píldora dorada y tanto compromiso ineludible. En la semana de partido, además, crece la ronda de entrevistas, con unos, con otros, con los buenos, los malos y los regulares. Las mismas preguntas, el mismo corsé, y las mismas respuestas automáticas y desganadas. Pero el martes, en una de las paradas nocturnas, Del Bosque se enfrentó, en El Club de la Mitjanit de Catalunya Ràdio, a una cuestión poco habitual. “Usted que ha estado tanto tiempo en el fútbol base del Real Madrid, dígame uno que le haya gustado desde el primer momento”, inquirió Pere Escobar. La réplica del seleccionador fue, sin duda, sorprendente, teniendo en cuenta la cantidad de futbolistas que vio desfilar por las categorías inferiores del laureado club de Chamartín. “Me voy a remontar a mi época”, dijo Del Bosque, “a un jugador que se llamaba Planelles, el mejor, uno de los mejores jugadores que ha dado la cantera del Madrid en toda su historia. Tuvo una carrera más corta que la valía que tenía”.
Planelles. ¿Y quién es Planelles? Pocos lo sabrán. Pues un héroe local, es. Un mito del CD Castellón, es. El más carismático que vista jamás su camiseta, será.
Planelles, que el mes pasado cumplió 60 años, nació en Burriana, un paisaje levantino de naranjos con salida al mar. Cuenta José María Arquimbau, en su Libro de platino del CD Castellón, que su padre le obligaba a devolver la pelota con la izquierda, “porque con la derecha todos saben darle”. Desde entonces, Planelles no fue como todos. No fue como ninguno. No sólo porque supiese darle con las dos, que también, sino por su arrebatador carisma sobre el césped. Soy de Castellón y mi generación, por supuesto, no le vio jugar en directo pero, todos, aún en el colegio, sabíamos que Planelles era Planelles. Y no tanto por sus números, ni por sus logros, como por su presencia en el imaginario colectivo de la provincia. El tiempo no ha borrado su nombre. Es simple, de ídolo mutó en leyenda.
Planelles saltó del pueblo directamente al juvenil del Real Madrid, que se lo birló al Valencia. En Chamartín coincidió por vez primera con Del Bosque. Juntos, cedidos en el CD Castellón, firmarían en 1973 la más recordada página de la historia albinegra. Pero la campaña anterior, en solitario, un jovencísimo Planelles devolvería al club de La Plana a la máxima categoría del fútbol español, tras casi tres décadas de ausencia. A falta de dos jornadas, sólo valían dos victorias. La primera se logró en El Sardinero, frente al Racing de Santander, gracias a un solitario tanto de Planelles. En la última, aquejado de una dolencia en el pie, su concurso se puso en duda. “Tranquilos, marcaré de cabeza”, aseguró a los suyos. Y eso hizo. En el segundo tiempo marcó de testa el gol que decantó el partido, un 2-0 trabajado contra el Mallorca.
En la siguiente temporada, la 72-73, Del Bosque escoltó a Planelles en el centro del campo del viejo Castalia, testigo de las exhibiciones de un plantel atractivo y atacante, entrenado por Lucien Muller, revelación de un campeonato que terminó quinto, con sonadas victorias, como el 4-0 al Barcelona. En Copa, además, trazó una brillante trayectoria. Superó al vecino Valencia y, en semis, Planelles marcó los tres goles que eliminaron al Sporting. Así, el Castellón llegó a su primera (y única) final. En la gran cita, celebrada en el Vicente Calderón, ni el Castellón fue el Castellón que había sido durante el curso, ni Planelles fue lo que dicen que solía ser. Ganó el Athletic de Iribar, dos a cero, en parte porque la presión le quedó grande al equipo novato, en parte por el asfixiante marcaje individual que realizó Villar, actual presidente de la RFEF, sobre el astro castellonense.
Los cronistas de ahora escribiríamos que Planelles es un superdotado técnico, que se mueve por la zona de enganche, que se asocia fácil, que pisa todo el frente de ataque, que cae por inercia a las posiciones interiores, y que llega al área con instinto. Con tal repertorio, parece lógico que Kubala le convocase para debutar con la selección. Con todo, por lo que fuera, no impuso su sello a nivel nacional. Que su carrera fuera inferior a su valía, que indica Del Bosque, fue consecuencia, en parte, de su carácter. Insobornable, Planelles siempre ha estado alejado de la diplomacia. Rebelde genético, no acató las jerarquías propias, y a menudo irracionales, de un vestuario. Y eso le pasó factura en el Madrid, donde no cuajó pese a ser héroe y goleador en una final de Copa en el Camp Nou, y luego también en el Valencia, donde no conectó con el cuadro técnico, yugoslavo. Solía provocar tanto amor en la grada como recelo en los salones de palacio, alimentando el aura de genio maldito. Rebotado, y requerido por Muller, llegó al Zaragoza en el 76 y, al poco tiempo, se le presentó José Luis Violeta, capitán y amo indiscutible de la caseta. El león de Torrero se fijó pronto en el novato que, me juego lo que quieran, se paseaba durante el entrenamiento con aire insolente, un poco chulo, seguro, mediada la veintena. Violeta le avisó, algo así: ?aquí mando yo, si quieres que te vaya bien, debes ser de los míos?. Planelles metió la mano en el bolsillo y le dio un billete de mil pesetas. ?Toma, para que te hagan una estatua?.
En Zaragoza vivió el peor trago de su carrera. Sufrió una grave lesión de rodilla, que a punto estuvo de retirarle del fútbol. Sin embargo, peleó, y volvió. Regresó a Castellón para liderar un nuevo ascenso, en el año 81. Rodeado por jóvenes peones en la medular, prácticamente andando iba dictando el patrón de juego a sus compañeros, escaso de físico, sobrado de clase. En la tarde decisiva, otra vez, asomó el coraje y el talento. El Rayo cometió un penalti, y Planelles, que no solía tirarlos, asumió la responsabilidad. ¿La razón? Había pactado una prima especial en caso de subir, y no era cuestión de delegar el dinero en terceros. Lo marcó, claro, y después, con el botín, festejó el ascenso invitando a la plantilla, y a sus señoras, a un banquete en el restaurante de moda.
Maniatado por las dolencias físicas, tras un paso fugaz por el Burriana, cerrando el círculo, Planelles colgó las botas y desempolvó los libros. Es experto en derecho urbanístico, materia en la que ha ejercido de asesor en varios casos. Está terminando la licenciatura de Derecho, con un par, y por eso se está ausentando en los últimos tiempos en su cita semanal con la literatura, esa que ejerce en el diario Levante de Castelló. En la letra impresa, sus lectores y sus editores lo saben, igual que lo sabían sus compañeros y entrenadores. Si antes jugaba como quería, ahora escribe de lo que le viene en gana.
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