Por Dadan Narval el 10-Jul-2007 | Julen Guerrero es mucho más que un exjugador del Athletic. Es un símbolo. Es considerado popularmente como el último gran jugador que Lezama ha dado, y en ese sentido es el emblema al que se suele apelar en Bilbao a la hora de defender el funcionamiento de la cantera rojiblanca y, por extensión, de la política de fichajes del Athletic.
En las últimas semanas ha sido noticia porque, aún siendo en estos momentos un empleado remunerado del club, ha decidido mostrar su apoyo a uno de los candidatos a la presidencia del mismo, rompiendo con ello la política no escrita de no tomar posicionamiento público en unas elecciones por parte de los asalariados del club. Si las lecciones las gana ese candidato ?Juan Carlos Ercoreca-, Guerrero será nuevo director de Lezama, una tarea para la que ya ha comenzado a esbozar las líneas de trabajo básicas en una entrevista concedida al diario Deia.
En la misma, Guerrrero apunta que para entrar en Lezama los jóvenes jugadores no sólo habrán de ser buenos jugadores, sino que tendrán que realizar una especie de acto de fe, declarándose decididamente seguidores del Athletic. Es lo que se desprende de sus palabras ?El sentimiento Athletic tiene que ser una criba, como lo son las aptitudes físicas, técnicas o tácticas?.
Esta idea como brindis al sol no tiene desperdicio. Obviamente, en un escenario ideal sería maravilloso que todos los jóvenes de Lezama sintieran muy profundamente las victorias y las derrotas del Athletic. Pero, analizada fríamente, la idea de Guerrero resulta un tremendo absurdo. En primer lugar porque ese sentimiento no es algo tangible, mensurable, comprobable. ¿Se realizarán tests a los canteranos? ¿Exámenes? ¿Se creará la figura de una especie de confesor que vele por los sentimientos de los jóvenes jugadores? Padre, he pecado, ayer canté un gol del Barcelona?
Por otro lado, ¿se llevará efectivamente a la práctica esa exclusión? Realmente, no me imagino al Athletic descartando un buen jugador de diecisiete años por haber cometido el pecado de ser del Real Madrid o del Murcia, o del Milan. En este mismo sentido, me pregunto si Guerrero considera el sentimiento Athletic compatible con otros sentimientos, como el que el ídolo de un joven de Lezama sea un jugador extranjero, un Ronaldinho, un Kaká o un Drogba. ¿O acaso se obligará también a los canteranos a que tengan ídolos locales? ¿Se expulsará a alguien de Lezama por haber llevado al instituto una camiseta de Etoo?
También me pregunto si esa política de fe se aplicará a los fichajes del primer equipo. ¿Se descartaría una posible incorporación de, no sé, Xabi Alonso por ser desde niño de la Real Sociedad? ¿Será ese criterio de fe aplicado retroactivamente? ¿Se rescindirá el contrato de Etxeberria por haber sido de niño de la Real Sociedad? ¿Se devolverá a Javi Martínez y a Tiko a Osasuna acusados de ser rojillos?
Más allá de bromas, el tema es serio. Probablemente Julen Guerrero no se ha dado cuenta de la dimensión de sus planes, del absurdo al que puede conducir en el seno de la cantera rojiblanca, mucho más necesitada de gestos de apertura que de criterios de exclusión. Por otro lado, el compromiso solo se puede medir a posteriori, nunca antes de que sucedan los acontecimientos. Él puede considerarse una muestra de compromiso con el Athletic, por no haber jugado nunca en otro club, pero también lo es el de Urzaiz, quien probablemente no era de niño rojiblanco, que ha decidido dejar el Athletic precisamente por su compromiso con la institución.
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