Por noreply@blogger.com (GUASABARA el 02-Sep-2008 | Andrés Lugo Risk Juventud y elecciones 2008
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El censo nacional de población y vivienda del año 2002 establece que la República Dominicana cuenta ya con una población que ronda los nueve millones de personas, de las cuales el 67% tiene menos de 37 años de edad, abrumadoramente el segmento poblacional más amplio. Si nos limitamos a la franja de 15 a 35 años, que la ley de juventud 49-2000 en su artículo 3ro comprende y define como persona joven, estaríamos hablando del 38% de la población total. Y si traducimos estos datos al ámbito electoral, entonces podríamos afirmar que la gente joven en nuestro país representa alrededor de la mitad de la población electoralmente activa, o sea, decidimos determinantemente quienes nos gobiernan, somos un poder decisorio. Sin embargo, esta realidad estadística y electoral esta acompañada de otra realidad que no se puede esconder, me refiero a la profunda crisis que como colectivo nacional afecta a la juventud dominicana, y que se refleja en el proceso político electoral. Por ejemplo, el analfabetismo ronda el 9,5% en la juventud y la deserción escolar básica anda por el 46%. Más grave aun a nivel secundario donde la matriculación es de un 17% en los jóvenes y un 36% en las jóvenes. En el aspecto social, la situación también es crítica, ya que aproximadamente el 45% de los jóvenes dominicanos viven en situación de pobreza y un 25% en la pobreza extrema. Estas condiciones socio-económicas hacen que la juventud mantenga una predisposición altamente negativa hacia su clase gobernante, incapaz de revertirlas. Sin embargo, las prácticas políticas juegan un papel de mayor contundencia en la consolidación de ese tradicional rechazo, no solo en nuestro país sino en toda América Latina. Así lo expresa el economista Bernardo Kliksberg en su trabajo titulado ?El contexto de la juventud en América Latina y el Caribe: las grandes interrogantes?, cuando dice que una buena parte de la sociedad de la región desconfía de la política y los jóvenes se hallan a la cabeza de esta incredulidad. Arguye que las causas que lo generan son las mismas que esgrime la sociedad: el alejamiento de las promesas electorales y las realidades, las prácticas clientelares, las denuncias sobre corrupción, entre otras, y es natural que los jóvenes sean los primeros en rebelarse contra estos desvíos. Lamentablemente, nuestro pasado proceso electoral no fue la excepción. Puedo confesar que los esfuerzos que desarrollamos por aperturar un mayor espacio del tema de la juventud y sus políticas públicas en la agenda de mí partido tuvieron resultados poco satisfactorios. Y se que en las demás organizaciones políticas se corrió peor suerte. El cáncer de la reelección presidencial azotó de nuevo nuestro frágil estado institucional, pero esta vez con una voracidad metastásica nunca antes vista, profundizando la crisis de credibilidad y la apatía de la juventud dominicana. Pudimos presenciar el fomento oficialista con fondos públicos del transfuguismo partidario, la manipulación de las tarjetas de ayuda social, las nominillas estatales, la desmedida campaña publicitaria del gobierno peledeísta y del presidente Leonel Fernández abiertamente criticada por la OEA, en fin, una gran red clientelar ampliada hasta su mayor dimensión, propiciadora de condiciones de competencia altamente desequilibradas. Las demás fuerzas del sistema, los partidos minoritarios y algunas fuerzas alternativas contribuyeron muy poco a variar esta realidad, porque hasta fueron incapaces de articular un verdadero discurso de cambio, donde el elemento incluyente de los jóvenes fuera primordial. En definitiva, el proceso comicial pasado no hizo más que ahondar las diferencias y la falta de credibilidad entre la sociedad joven y nuestros actores políticos, incompetentes hasta para apreciar e interpretar el significado de un padrón electoral donde el 15% de sus inscritos tienen de 18 a 24 años y el 30% de 25 a 34, totalizando un 45% del listado de votantes de nuestra nación. Aun así, la juventud dominicana demostró con su participación en las urnas que se resiste a ceder su espacio, a transferir su rol de responsabilidad histórica. Aproximadamente, el 18% de los que efectivamente votaron fueron jóvenes de 18 a 24 años, y los de edades de 25 a 34 constituyeron el 28% de quienes sufragaron, es decir, cerca de la mitad de los votantes. Esto nos indica, finalmente, que los jóvenes dominicanos a pesar de la desatención evidente y acentuada de la dirigencia política tradicional y hasta de la tradicional dirigencia alternativa, cree en el sistema político partidista de la RD (que no es lo mismo que en sus actores), confía en que un cambio si es posible y está preparándose para por si misma efectuar, no solo con la fuerza de su juventud, sino sobretodo con el ímpetu de su actitud, una transformación profunda y definitiva del ejercicio político y la práctica de gobierno en la República Dominicana, fundamentada en principios democráticos y valores éticos, que demuestren de una vez por todas, como expresara el Padre y Fundador de nuestro Estado Dominicano, Juan Pablo Duarte y Diez, que la política no es una especulación, sino una ciencia, la más pura y la más digna, después de la filosofía, de ocupar las inteligencias nobles. El autor es abogado y secretario general de la JRD alugorisk@hotmail.com Publicado en: http://www.listin.com.do/app/article.aspx?id=72145 - 9/2/2008
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