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Oliverio CoelhoSiempre me pregunté en que consistía el secreto de los buenos presentadores de libros. Cada vez que presento un libro, improviso una búsqueda nueva, a ver si de una vez encuentro la fórmula. Presentar libros, cuando uno escribe, se transforma en una inesperada necesidad. Al principio creí que el oficio de presentador se superponía con la tarea del crítico. Después de unas presentaciones, entendí que no, que el presentador no tenía que demostrar lo brillante que podía ser, porque el tiempo del que escucha no es el tiempo del lector, y en definitiva podía terminar siendo el pesado de la mesa. Existe una carrera de presentador paralela y totalmente disociada de la literatura. Existe un don para presentar libros que yo no tengo.
Hasta hace unos meses mi conocimiento de la literatura ecuatoriana era escaso. Había leído, sí, a Pablo Palacio, cautivado por la extravagante entrada que César Aira le dedica en su diccionario de autores Latinoamericanos. Primero conocí a César Vásconez por una casualidad. Con una amabilidad que sólo puede haber sido elaborada en otro paisaje, él me abrió un nuevo panorama literario y puso a mi alcance varios libros.
Creo que la curiosidad por ciertas literaturas proviene del ensueño geográfico. Puede resultar un alarde exotismo, pero ya en la palabra Ecuador hay un misterio. Más que una línea que divide en dos al mundo.
El mundo de Kazbek protagonista, está también dividido. Pero en la tentación de dos historias a punto de nacer. La inminencia de esa concepción es la historia de Kazbek.
Quizás debatirse entre dos historias sea tan arduo como consagrarse a dos mujeres. Si Kazbek está vivo, míticamente vivo, se debe a eso: sufre la concepción, padece la literatura. Y el lector asiste al pacto mefistofélico de la creación. Asiste al viaje de Kazbek para encontrarse con Peer. En definitiva, a la búsqueda relativa de la verdad.
Si me preguntaran quién es Kazbek, sólo podría responder que es uno de los personajes más walserianos de la literatura latinoamericana. También tiene algo fáustico. Hay algo que Kazbek parece estar cediendo, pero no sabemos qué es.
El personaje oscila entre la gran novela inspirada en Dacal ?otro personaje walseriano- y el Libro de Pequeño Formato que el misterioso Peer le encarga para acompañar sus propias ilustraciones. ¿Quién es el señor Peer? Un desterrado europeo en el país de los volcanes. Cumpliendo un rol de simetrías, Kazbek es un ecuatoriano exiliado en Europa.
Foto 2 en Kazbek el walseriano: pega esta imagen en tú pagina, Foro, Myspace o Ebay con este código...
Robert Walser, escritor suizo. Uno de los referentes de Vila-Matas Como si Leonardo Valencia, con un dominio absoluto del punto de vista, plegara los tiempos y en el tiempo las distancias espaciales, los años y las vidas, asistimos de un momento a otro al encuentro de Kazbek y Peer. Y luego la revelación de las ilustraciones: insectos. Luego observamos el encuentro de Kazbek y Dacal, un fantasma que desde el principio imanta el texto. Dacal es casi un doble de Kazbek, aparece y desaparece. Me pregunto: ¿no será Kazbek un libro acerca del arte de la escritura? ¿No es siempre un doble el que escribe sobre uno mismo? Hay una página que parece condensar el viaje de Kazbek, y el sentido de este libro tan singular.
Leer ?Página 115.?
Hablé antes de un paralelo que divide al mundo en dos. Esa línea puede ser también la frontera invisible de la literatura y en ella hace equilibrio el personaje de Leonardo Valencia. Con un narrador retirado, casi ausente, parece que Leonardo somete a Kazbek a una experiencia extrema y que nosotros, lectores, lo presenciáramos con una felicidad gradual que tiene un climax: los inclasificables textos que acompañan las ilustraciones de Peer, y que una mujer, Isa, también heroína de otro tiempo, como todo héroe verdadero, evalúa una y otra vez.
Leer ?Pag. 103.?
Creo que este libro dentro del libro, treinta páginas en la que se intercalan comentarios, linda con la virtud de ensayista que descubrí en Leonardo. El síndrome de Falcón, me tomó por sorpresa. En este mismo libro están formuladas las preguntas más personales de un artista. Son los ensayos que debe y puede escribir un escritor. Siempre pensé que un escritor ofrecía en sus ensayos literarios herramientas extravagantes que un lector incauto podía aplicar para descifrar su ficción.
En un ensayo sobre Vila-Matas, a propósito de la literatura portátil, Leonardo detecta un procedimiento que en realidad es propio: la construcción de la narración a través del comentario. Kazbek, creo, puede ser leída como una biografía intelectual comentada.
Uno de los más hermosos ensayos que leí sobre Dino Buzatti está también en El síndrome de Falcon. Por un segundo me pregunte si Leonardo no pertenecería al mismo linaje de Buzatti. Los prosistas de la espera. Me pregunté si el mismo no estaba formulando esa pregunta al escribir. Pero su prosa rinde suficiente culto al pudor para no inscribirse en la línea kafkiana y sí en la walseriana. En definitiva el libro que Kazbek anhela escribir es este que presentamos hoy y podría sumarse a la lista exquisita de libros de pequeño formato que ennoblecen la biblioteca del protagonista:
Bartleby y compañía,
Shiki Nagaoka,
Jacob von Gunten,
Varamo, Las tiendas de color canela. Libros que cualquier lector venera hasta el final de la vida.