Por Borja Barba el 18-Dec-2007 | Sean ‘órdenes de arriba’ o no, lo cierto es que Ronald Koeman ha protagonizado esta misma mañana su episodio más sonado como entrenador del Valencia CF. Incapaz de detener la sangría che en el terreno de juego a la que venimos asistiendo partido tras partido, el técnico holandés ha decidido poner nombres a los culpables y echarlos a los leones. Por las buenas.
La hecatombe valencianista tiene, en boca de Koeman, dos nombres propios como responsables. Santi Cañizares y David Albelda han recibido esta mañana la noticia de que su entrenador no volverá a contar con ellos en lo que resta de temporada. Lo que suena a catarsis, a revolución, a revulsivo a vida o muerte, tiene un trasfondo ciertamente extraño, pese a todo. Uno no sigue la actualidad del Valencia como para poder afirmar con seguridad absoluta que el portero y el capitán valencianistas son los máximos culpables del pobre rendimiento deportivo del equipo, pero cuesta creer que los pésimos resultados obtenidos por el holandés desde su llegada al banquillo de Mestalla puedan deberse al (evidente) mal momento de estos dos futbolistas.
Es difícil saber si la sorprendente decisión de no volver a contar con dos de los emblemas del valencianismo en los últimos años procede del propio Ronald Koeman o tiene su origen en la persona que mueve, cada día con mayor desatino, los designios del club levantino. Juan Soler, quien, en palabras del propio Koeman, ‘está de acuerdo con la decisión tomada’, no sólo asiste impertérrito al desmembramiento de un equipo hecho para aspirar a todo, sino que ofrece su aquiescencia en cualquier decisión que se tome dentro del club. Evidencia una falta de compromiso, de ideas propias y de seriedad, indignas de un presidente de un club de primer nivel europeo. Su falta de cintura a la hora de gestionar los problemas surgidos en los dos últimos años en el triángulo de las Bermudas compuesto por Amedeo Carboni, Quique Sánchez Flores y Miguel Ángel Ruiz es el claro reflejo de su incompetencia.
Koeman, que no era ni mucho menos la panacea que Soler pretendía, se ha convertido, quizá, en el brazo armado de su presidente. Investido de una autoridad excesiva (prescindir de dos jugadores de la categoría de Cañizares y Albelda, pese a su bajo rendimiento, se me antoja una boutade incomprensible), el tulipán se convierte con esta decisión en cómplice del desaguisado valencianista.
Había maneras y maneras de tratar de poner fin al mal momento del equipo. Koeman se ha decantado tal vez por la más notoria, la más llamativa, la que hará de él un personaje recordado (para bien o para mal) en la ciudad del Turia. No obstante, aún tiene tiempo para dar un paso atrás y recapitular. El propio técnico se ha apresurado a matizar que la decisión puede no ser definitiva. Los resultados, injustamente, darán o quitarán razones, pero, ocurra lo que ocurra, se me hace difícil comprender que estos dos futbolistas puedan tener un tanto por ciento de culpabilidad tan elevado en el triste deambular de la nave valencianista en la presente temporada.
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