Por Miguel Gutiérrez el 19-Apr-2008 | Iba a acabar la final de Copa. Morientes había dado al Getafe la puntilla y, a falta de un Luca Toni capaz de obrar el milagro, la afición del Valencia ya saboreaba el título. De la tribuna, tímidamente, emergió el grito de unos pocos: “¡Koeman, quédate! ¡Koeman, quédate!”. El cántico apenas duró unos segundos, pues se mezcló con la respuesta del resto: “¡Koeman, vete ya! ¡Koeman, vete ya!“. El resultado fue algo así como un difuso “¡Koeman, queteyá! ¡Koeman, queteyá!”. Apenas un cuarto de hora más tarde, cuando el árbitro pitó el final y Baraja y Marchena se preparaban para recoger el trofeo, no hubo lugar a la duda. En la mitad naranja del Calderón sólo se oía un nítido “¡Koeman, vete ya!”. Sin otra interpretación posible.
El caso es que Koeman puede irse esta noche (sería más correcto decir que pueden ‘irle’) si su equipo no gana en San Mamés. Pocas veces un título se festejó menos: la lógica alegría del miércoles por la noche y poco más. No ha habido celebración oficial, y la decisión parece sensata. El presidente, Agustín Morera, reconoció la víspera de la final que, aún ganando la Copa, la temporada es un fracaso. A sus dirigentes les sabía poco el cuarto puesto que ostentaba el Valencia en noviembre y decidieron destituir a Quique Sánchez Flores. Ahora el equipo es campeón de Copa, pero en la Liga es sexto… por la cola. En San Mamés, Koeman no se juega gran cosa: si no le cesan hoy, le cesarán en junio. El Valencia, en cambio, se juega la vida.
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