. "La falta de sencillez lo estropea todo". Miguel de Unamuno
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Cuantas veces se tiende a someter las cosas. Nos afanamos tanto en lo tangible, que se nos escapan otras existencias. Muchas veces, he traído aquí esas palabras del Credo donde se nos dice que hay un mundo visible y otro invisible, esa certeza es una parte muy importante de nuestra fe: "Dichosos los que han creído sin haber visto". Hoy no estoy hablando de las realidades angélicas. Ahora mi empeño se centra en advertir que es muy difícil llegar a entender ciertas señales, aceptando solo las propuestas de un mundo que obstinadamente se empeña en rechazar cualquier otra dimensión que no sea la puramente física.
Naturalmente que son muchas las tentaciones, las interferencias exteriores e interiores que intentan desviar nuestra atención. Por eso pienso que, para comprender lo importante, lo mejor es buscar lo simple. Pero no confundamos las cosas, porque el mundo moderno es muy dado a trabucar los conceptos:
Equivocamos el interés y a veces lo llamamos amor. El Amor, ese concepto que es lo más grande que tenemos, es lo que más desdibujamos. Pese a lo que el mundo diga, (no olvidemos que junto al demonio y la carne es uno de nuestros enemigos más tercos), el amor no es cuestión de suerte, el amor es un don, el amor es gratuito y sobretodo el amor, no depende de sentimientos y emociones, ¡el amor es voluntad! Así es el AMOR que DIOS nos tiene, ahí está el espejo inequívoco en el que hay que mirarse. Así es como hay que amar a los demás, como Él nos amó, como Él nos ama.
Vuelvo al concepto de -simpleza-, que había nombrado unas líneas más arriba. Para DIOS -ser simple-... no es ser tonto. La simpleza espiritual entendida como inocencia abierta al amor infinito es una de las más grandes virtudes que puede tener un hombre y pese a lo que pueda parecer, es un gran regalo. Vienen a mi cabeza, algunas personas excepcionales que el mundo, hoy podría calificar como "renglones torcidos", sin embargo la Iglesia los propone como grandes ejemplos a seguir, porque ya son reconocidos Santos de DIOS.
La grandeza de DIOS, fija su mirada y su amor en filósofos y sabios, en eruditos y estudiosos como lo fueron Tomás de Aquino, Pablo de Tarso o Agustín de Hipona; pero también lo hace sobre el indiecito Juan Diego, el lego Fray Martín de Porres o el simple de DIOS, José de Cupertino (patrón de los mentalmente discapacitados y también de ¡los estudiantes!); y para todos tiene el gran regalo de su inmenso AMOR.
Unos y otros, buscaron la identificación total con el modelo, "Alter Christus. Ipse Christus", ahí radica lo fundamental. DIOS no nos busca por impulsos emocionales. DIOS no hace distingos. DIOS nos quiere porque quiere querernos y como ser perfecto que es, es fiel a esa decisión. Y los santos lo son, porque intentaron seguir al que nos marcó esa posibilidad: "Sed perfectos como vuestro Padre Celestial es perfecto" (Mt 5,48). Perfección esta, distinta a la que entiende el mundo.
Los efectos de la contemporaneidad se hacen presentes en nuestros ámbitos y pretenden torcer nuestras convicciones más interiorizadas. Por eso hoy traigo el ejemplo de estas "vidas simples" que nos muestran un seguro camino de santidad, nada despreciable. Es más, frente a la cultura del exceso, del acopio, de lo efímero, se hace necesaria e imperiosa la búsqueda de todos aquellos valores que el mundo se empeña en humillar. Nuestro reino no es de este mundo. En nuestro mundo ideal, la simpleza es un objetivo a cumplir: objetivo que requiere descontaminar cierto proceso inercial de pensamiento. Posiblemente se trate también de dejar de lado esa malsana "gula cultural" para no indigestarse e implementar la cultura del sano sustento, sin excesos. . Uno de los ejemplos más claros de ese desasimiento de las cosas del mundo, lo encontré en un libro maravilloso que hablaba, como ningún otro, de privaciones y de superaciones, de sufrimientos y esperanzas. Se trata de "El hombre en busca de sentido", con el que quiero cerrar mi post de hoy. Victor Frankl, fue neurólogo y psiquiatra, fue el fundador de la Logoterapia; pero al margen de su importante labor profesional, es famoso con justicia, por ser el autor de esta obra testimonial. En "El hombre en busca de sentido", Victor Frankl narra en primera persona sus experiencias como superviviente de Auschwitz y Dachau.
Pienso que este clásico por merecimiento, nos enseña precisamente la misma lección que hoy estamos repasando aquí. No debe enaltecerse nuestra situación actual. La simpleza puede ser un medio idóneo para alcanzar la santidad, simpleza también de oportunidades, como en aquellos campos de concentración nazis, donde las únicas opciones eran sufrir por nada, o sufrir por algo o por alguien. ¡Que dificil y que simple! al mismo tiempo. El sufrimiento no se ve como puro dolor, en oposición al placer, sino como una posibilidad extraordinaria en la que el hombre, si sabe sobreponerse, es capaz de descubrir el sentido de la vida, a través del ofrecimiento de esos sufrimientos incluso, en las condiciones más extremas.
Dice Frankl: "El ser humano no es una cosa más entre otras cosas; las cosas se determinan unas a las otras; pero el hombre, en última instancia, es su propio determinante. Lo que llegue a ser ?dentro de los límites de sus facultades y de su entorno? lo tiene que hacer por sí mismo. En los campos de concentración, por ejemplo, en aquel laboratorio vivo, en aquel banco de pruebas, observábamos y éramos testigos de que algunos de nuestros camaradas actuaban como cerdos mientras que otros se comportaban como santos. El hombre tiene dentro de sí ambas potencias; de sus decisiones y no de sus condiciones depende cuál de ellas se manifieste. Nuestra generación es realista, pues hemos llegado a saber lo que realmente es el hombre. Después de todo, el hombre es ese ser que ha inventado las cámaras de gas de Auschwitz, pero también es el ser que ha entrado en esas cámaras con la cabeza erguida y el Padrenuestro o el Shema Yisrael en sus labios."
Dios es simple y los modos de llegar a Él también, pero nadie dijo que esto fuera fácil. ?El que quiera seguirme, que renuncie a sí mismo, cargue con su CRUZ cada día y me siga? . * * * * *
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