Droga.
f. Sustancia mineral, vegetal o animal que se usa en medicina, ind. química, etc. Sustancia o preparado medicamentoso de efecto estimulante, deprimente o narcótico, capaz de originar toxicomanía.? Cosa desagradable o molesta. ? Drogar.
No hace mucho tiempo tuve la oportunidad de dar una vuelta por el barrio Gótico de Barcelona. Aparte de elementos dadores de significado al adjetivo godo, por las calles Petrixol y Potaferrisa existen otros posaderos en los que hacer descansar nuestro ojos. Llegó a la plaza del Pi y entro

en una librería de amantes del cáñamo. Todo me parece curioso, apología de lo prohibido cara al público, mezclándose coles con verzas, libros de ciencia (y neurociencia) con historias sobre el consumo de estupefacientes y demás folletos emparentados con la rama madre del cáñamo.
La verdad es que en los últimos días he podido constatar ciertas circunstancias que no han dejado de hacerme pensar en lo común, lo conveniente, lo peligroso y bondadoso que se recoge, dentro del pensamiento popular, en el concepto de droga. Dentro del, ciertamente generoso e interesante, compendio de libros a la venta destaca uno que, mira por dónde, descansa cada noche sobre mi mesita de noche.
Alamut, sí, el libro de hace dos artículos. La coincidencia no deja de servirme de motivo para escribir, fortunoso descubrimiento con el que escribir una opinión detallada de aquello que, queriéndoseme aparecer como de lo más
fashion, me parece, huele, y acaso sabe, a puro estiércol...
Existe un paraje dentro de la magna obra de Bartol en la que se narra cómo el Viejo de la Montaña da a su
fedayines unos curiosos dulces hechos a base de azúcar y hachís. Inmediatamente, los comensales entran en otra dimensión, el trance que experimentan les hace soñar despiertos ausentándose de la realidad empírica, acercándose al mundo de las fantasías alocadas y demás sueños, y es que todos creen haber entrado en el Paraíso... Saliendo ya de lo estrictamente literario del libro, se sabe que los
hassassin manipulaban la amígdala del cerebro de sus discípulos, moldeando sus convicciones a su libre conveniencia.
La anécdota prosigue. Entro en mi despachito, cómodo y acogedor y descubro, justo antes de entrar, un DVD que tiene por título los psiquiatras y una presunta trama asesina. Me dicen que el documental ha sido enviado por la ONU. No deja de parecerme extraño que Naciones Unidas se preocupe por ellos y no por los dentistas (y sus cuantiosas facturas), los traumatólogos, endocrinos o médicos de cabecera. No pasa demasiado tiempo que abro el estuche del DVD y encuentro una nota explicativa. Todo parece muy oficial, Comisión de Derechos Humanos y tal escribe una información dirigida a todos los juristas. Leo atentamente y no salgo de mi asombro. De repente, y no faltando a una de las reglas áureas de lo jurídico, leo la letra pequeña: Iglesia de la Cienciología. ¡Bravo! Aquello que parece venir de la sede de Nueva York del gran organismo, viene de la misma urbe ¡pero del grupo de Cruise y compañía! Todo bien camuflado, en otra dimensión como acaece al consumir ?marijuana?. Los argumentos de la secta, sin llegar a perder el tiempo en la visión del vídeo, son la manipulación de la industria de fármacos y la trama, generalizada, de los médicos psiquiátricos. Curioso. Una de las más cómicas sectas cree estar mayormente autorizada que sus médicos de despacho. Nada importa que la sanidad, en España, ¡gracias a Dios! sea aún pública...
Todo se me parece demasiado a las maniobras del Viejo, a sus pastillas de cáñamo hindú y azúcar, así como el posterior trance de quienes las consumen. Bartol pone en boca del hindú ?inventor? que no consiente (tal y como nos narra el personaje del Viejo al hablar de su juventud) que los invitados las prueben más de una vez pues estarán dispuestos a morir por ellas. La trama se consuma, el uso de drogas por una mente criminal, o cuanto menos maléfica o egoísta, es un arma total con la que manipular

la conciencia de sus subordinados en la droga. Algo así como los estimulantes que toman los militares en las guerras, o los
hassassin antes de atentar en acción, al igual que los actuales terroristas islamistas.
¿Cómo su uso iba a estar permitido? Muchos ?modernos? se fijan en lo hindú (y exuberante actualidad...) sin saber nada de Hassan y de los asesinos. No es que sirva de argumento pero sí de paradoja, al igual que su uso militar y por terroristas. La droga manipula nuestra mente, nuestra amígdala, nuestra capacidad natural y de obrar. Aquél que ?entra? a controlar nuestros pensamientos debe estar autorizado por su
lex praxis, por un título académico. Los medicamentos, es decir, las drogas, sólo pueden utilizarse por quienes las han estudiado bajo la supervisión del poder soberano. A opción de cada cual quedará hacer la valoración pertinente sobre el alcohol o el tabaco; valga decir que, ciertamente, ambos cambian en estado de ánimo....
¿Cuándo se podrá decir en libertad que los médicos y farmacéuticos deben ser los necesarios y totalmente preparados? La mercantilización de lo farmacéutico debe acabar, sea a base de genéricos o de intervención administrativa. La investigación no puede descansar en otorgar estas prerrogativas. Por otra parte, la tolerancia con las drogas no puede seguir así, ¿cómo aguantar a cantantes que hacen volver a vuelos enteros por su modernidad al ser un repelente macaco que, queriendo ir contra el "régimen", vive parasitariamente de él? Menos partidos de fútbol contra la drogadicción, más acción contra los camellos y drogueros, no contra quienes venden lejía demás productos de química de la limpieza, sí contra quienes venden maná pasado por manipulación y veneno, bufones de una sociedad de contrastes, asesinos de cerebros...