
La Constitución de Leonel es de naturaleza conservadora. Consolida el modelo de consensos entre las elites que tanto perjuicio le ha dado a la democracia dominicana.
No concede verdadero poder a la ciudadanía. Afianza el sistema de democracia electoral representativa, que no nos ha permitido avanzar hacia la construcción de ciudadanía y al establecimiento de una democracia revolucionaria, participativa y protagónica.
Ojo al Cristo. Que la esencia de la Constitución gatopardista de Leonel sea conservadora, no implica en modo alguno que carezca de elementos positivos. Por ejemplo la inserción de derechos de tercera y cuarta generación, aunque solo sea de modo enunciativo, es correcta.
Lo mejor de este proyecto lo constituye el apartado de las reformas judiciales. Sin dejar su carácter conservador, organiza todo un sistema pesos y contrapesos en el Poder Judicial que garantiza al menos la no politización de la justicia dominicana.
La constitucionalizacion del amparo es el aspecto más liberal de la propuesta presidencial. En los demás ámbitos sigue dejando las cosas tal como están. La constitución de Leonel no es tan modernizante, transformadora y revolucionaria como la pinta su portentosa estructura mediática.
La elección de la JCE sigue estando en manos del Senado, cuando ha debido pasar a ser una atribución del Consejo Nacional de la Magistratura. La Cámara de Cuentas mantiene su dependencia del Presidente de la Republica. El hecho de que se establezcan mayorías calificadas para su elección no garantiza su independencia.
El carácter consultivo para el referéndum, es otra tomadura de pelo. ¿De que sirve que la ciudadanía vote sobre un tema, si al final de cuentas su voluntad no tiene carácter vinculante, ni decisorio? ¿De que sirve otorgar un mandato que no pueda ser revocado? ¿Cuál es el valor que tiene la iniciativa popular para presentar proyectos de ley, si al final la decisión sigue estando en manos de los congresistas? ¿Qué gran transformación de la democracia dominicana representa una Constitución que al final no necesitara ser bendecida por el voto popular para su aprobación?
Los dominicanos necesitamos una Constitución que nos otorgue verdadero poder, a través de una democracia directa, participativa, revolucionaria y protagónica, que establezca claramente la propiedad estatal de los sectores estratégicos de producción económica, que haga de la protección ambiental una tarea de alto interés nacional, que garantice la gratuidad, universalidad y laicidad de la educación en todos sus niveles, que instituya mecanismos de participación popular como el carácter vinculante para el referéndum, la posibilidad de revocatoria de los mandatos, la Asamblea Constituyente, la instauración del Poder Popular organizado en Funciones sustituyendo el caduco modelo de la división de poderes, la colegiación de la Función Ejecutiva a través de la conformación del Consejo de Ministros, darle carácter popular, patriótico y antiimperialista a nuestras Fuerzas Armadas, abrir el espacio para el respeto a la diversidad en las preferencias sexuales, establecer que la vida inicia en el nacimiento y no desde la concepción, en fin, merecemos una nueva Constitución que para ser reformada en el futuro sea después de recibir la autorización de los ciudadanos y ciudadanas a través de un plebiscito.
El Partido Revolucionario Dominicano, junto a otras entidades nacionales, ha levantadola bandera de la Constituyente, comparto ese criterio de mi partido y apoyo firmemente en mi condición de militante, dirigente y aspirante a la presidencia de la entidad, esa valiente postura.
Ahora bien, no debemos cegarnos. Lo inteligente es insertarnos en el debate y tratar de darle un carácter más transformador a la nueva Constitución. Una salida sabia seria insertar la Asamblea Constituyente para futuras reformas y pactar con el gobierno y todos los sectores de la sociedad que ese proyecto tenga que ir a un plebiscito para su aprobación.
Un partido no puede ni debe ausentarse del debate por la reforma del Estado y mucho menos cuando es la segunda fuerza en el Congreso Nacional. Los poderes otorgados por el pueblo no se delegan, ni se abandonan. El próximo paso es salir a las calles a promover un proyecto de Constitución surgido de las entrañas del partido, que abrace claramente una visión revolucionaria. Que abrace los postulados socialistas democráticos de los cuales somos compromisarios.
Oposición inteligente debe ser nuestro norte. La democracia directa, revolucionaria, participativa y protagónica ha de ser nuestra bandera.
Espero sus opiniones y comentarios. El trabajo fue agotador.
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Por noreply@blogger.com (GUASABARA



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