Por Enrique Ballester el 19-May-2010 |
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De extremo a extremo, y de principio a fin. Jesús Navas cerró la victoria que abrió Diego Capel para el Sevilla, campeón de Copa del Rey tras derrotar, dos a cero, al Atlético de Madrid, en el Camp Nou, en un duelo que nació alegre y atrevido, para oscurecerse a medida que el juicio se acercaba a la sentencia, siempre igualada la disputa, y siempre en el aire el vencedor, hasta la sentencia postrera de los minutos de descuento.
Arrancó la final tal y como terminó, con Jesús Navas bajo los focos. Primero, enroscó una pelota que no fue gol porque Tiago estorbó lo justo a Kanouté, y después, en el minuto 4, recibió de Capel un pase que fue un eslabón más en el contragolpe. Navas se perfiló para golpear de zurda, y el rechace caprichoso lo cazó Diego Capel, que se había quedado en posiciones interiores, y que empalmó el esférico, durísimo, sorprendiendo a De Gea desde la media luna.
Al gol sevillista replicó el Atlético con fiereza. Pronto llegó la oportunidad más clara, con una incursión mascada de Ujfalusi por el flanco diestro, cuyo pase atrás lo empujó forzado Agüero, en primer intento, y de volea Forlán, en segundo. En ambas ocasiones, Squillaci, providencial, salvó al Sevilla bajo palos, batido Palop. Tras el trepidante arranque, de ida y vuelta, el partido se enredó entre imprecisiones e interrupciones. Menos vistosa, la final se ensució sin perder valía, ni intensidad. Pudo marcar el segundo el Sevilla, más cómodo con la inercia a favor, en un balón colgado que pifió Perea, en el despeje, y que tocó Squillaci con intención, pero sin la fuerza suficiente para romper la cintura de De Gea. Con todo, fue el Atlético, posiblemente obligado por el resultado, quien trató de llevar el peso de la contienda. Encontró el coraje para protagonizar el arreón previo al descanso, con un latigazo de Forlán que desvió un Palop que falló en la salida de un córner, a continuación, que cabeceó fuera el Kun Agüero.
Después del intermedio, el Sevilla se las arregló para esconder la pelota, con el Atlético cada vez más disperso, menos poderoso en el robo. Lo vio Quique Sánchez Flores, que volteó el rumbo del juego juntando a Raúl García y Jurado en el medio. Poco antes, a Negredo se le había apagado la luz, solo ante De Gea, tras un taconazo majestuoso de Kanouté.
Se rearmó con los cambios el Atlético, falto de piernas pero no de corazón, y exigió a la zaga sevillista (tapando fuegos Squillaci, meritorio el joven Luna) y a Palop, que no se escondió en la sucesión de saques de esquina. Con oficio, y con el barullo que siguió a un teatro de Capel cerca del banquillo, el Sevilla capeó el empuje rojiblanco, sumándose Romaric a la causa del imponente Zokora, más músculo en el medio. Ya en la prolongación, Jesús Navas coronó su actuación con el gol definitivo, tras ganar con potencia la pelota, y driblar con tino a De Gea. Con la pelota en la red, rodó a sus pies, rendida, la grada de Gol Nord del Camp Nou, mientras le esperaba, en el palco y para la Historia, el trofeo de campeón.
foto: rfef.es
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