Por Jumanji el 18-Sep-2008 | 
La burocracia impide extender el uso de fuentes renovables en el hogar. Vender electricidad limpia a la red supone facturar, darse de alta del IVA y otras trabas. Los trámites pueden durar un año y medio y encarecen la inversión.
La compleja tramitación burocrática y la falta de incentivos fiscales para los ciudadanos están imposibilitando un uso más extenso de la producción de electricidad limpia en el ámbito doméstico. En España se han desarrollado las energías renovables (sobre todo, la eólica y ahora la solar fotovoltaica), pero el despegue se ha hecho gracias exclusivamente a las inversiones empresariales en grandes plantas e instalaciones. El ciudadano ha quedado excluido de este exitoso desarrollo.
El impulso conseguido por la electricidad limpia o de origen renovable (sobre todo, eólico) se debe a que la legislación española obliga a que toda la energía limpia producida (solar fotovoltaica, biomasa...) sea comprada por las compañías eléctricas, de forma que los productores de energía limpia ven remunerado el kilovatio hora producido con una prima por el sistema eléctrico. Así, se han creado los parques eólicos y se han configurado las denominadas huertas solares (grandes instalaciones fotovoltaicas que producen electricidad).
Este sistema, sin embargo, ha mostrado todas sus carencias en el caso de la implantación doméstica. Los usuarios particulares que quieran instalar un pequeño molino de viento en su finca o en su jardín, o que deseen montar placas solares fotovoltaicas, tienen que superar una carrera de obstáculos para conseguirlo. El procedimiento no está pensado para ellos. Si usted quisiera materializar, por ejemplo, algunos de estos proyectos (de producción de energía limpia para su conexión a la red: no hablamos de autoabastecimiento en casas aisladas), pasaría un calvario.
En primer lugar, debería darse de alta como empresario, pagar el impuesto de actividades económicas y declarar el IVA, pues, al tener que vender la energía a la red, obtendrá ingresos económicos que debe declarar. Y, en segundo lugar, naturalmente tendrá que hacer constar todo esto en la declaración del IRPF.
Pero no acabará aquí su vía crucis. También tendrá que lograr el punto de conexión con la eléctrica a la que entregará la electricidad (no siempre fácil); darse de alta en un registro especial de productor en la Administración autonómica; y precisará los permisos municipales, la calificación urbanística y demás.
"Los usuarios domésticos han quedado excluidos de la producción de energía. Se debería permitir un desarrollo más descentralizado de la energía; pero el sistema que se ha montado ha frenado esta posibilidad", se lamenta Marta Pahissa, una joven de Cornellà que se ha quedado con la miel en los labios. Quería instalar unas placas fotovoltaicas en su casa para producir electricidad, pero esta idea parece una gesta tan imposible como la de Sísifo, eternamente condenado a empujar una enorme piedra en una empinada ladera por la que siempre resbala.
Pahissa tiene en su casa luces de bajo consumo, una cocina solar y electrodomésticos eficientes (clase A+); y quería completar su plan con unas placas fotovoltaicas. Sin embargo, la complejidad de los trámites le hicieron desistir. "Estaba dispuesta a asumir la inversión económica y creo que los problemas que podrían presentarse con los vecinos de la comunidad eran superables. Pero los trámites son demasiado complejos para una trabajadora como yo. El problema es que se tienen que generar facturas, darte de alta del IVA y en el régimen de instalaciones de productores especiales. Un engorro", señala.
La consecuencia de tantos obstáculos es que los molinos de viento y las instalaciones fotovoltaicas están siendo promovidos sólo por empresas y el sector industrial y financiero, que han buscado y obtenido aquí las primas fijadas. De hecho, España es la segunda potencia eólica mundial; sus empresas instalan molinos en 25 países el mundo. Igualmente, el desarrollo solar fotovoltaico ha sido espectacular, pues ya se ha superado lo planificado por la Administración. Pero todo no lo podemos ver en nuestra casa.
"Si un ciudadano quiere ser ejemplar y usar la energías renovables, no tiene más remedio que hacer de empresario; y, por otro lado, la tramitación encarece la inversión. La actual tramitación puede suponer un año y medio para lograr los permisos", dice Javier García Breva, director general de la empresa Solynova Energía, dedicada a la energía solar.
En esta misma línea se expresa Josep Puig, profesor de Energía de la UAB y vicepresidente de la Asociación Europea por las Energías Renovables, quien reclama simplificar la tramitación. "¿Por qué cuando compras un radiador eléctrico para conectar a la red no te exigen darte de alta en un registro especial y sí se exige si intentas conectar una placa fotovoltaica a la red, pese a que a veces tiene menos potencia?", se pregunta Puig, quien propone lanzar una campaña de desobediencia cívica para conectar a la red miles de pequeñas instalaciones solares fotovoltaicas sin pasar por el registro.
Javier García Breva explica que la introducción de las energías renovables y, en general, la aplicación de criterios de eficiencia energética es cara en un primer momento de la inversión, por lo cual el ciudadano debe hacer un complejo análisis coste-beneficio hasta llegar a la conclusión de que la inversión es rentable a largo plazo. Por eso, "hay que enseñar al consumidor a hacer este tipo de análisis, ya que no es fácil de apreciar las ventajas a la primera".
Donde sí resultan evidentes estos ahorros en las nuevas casas hechas de forma más racional. "Si se compra una casa eficiente energéticamente, el consumo se puede reducir un 70% con energías renovables y criterios de eficiencia. Es cierto que una casa de este tipo puede suponer un sobrecoste del 5%, pero se ha de pensar que podemos ahorrar consumos en los próximos 35 años, con lo cual a largo plazo sales ganando", señala.
Otro elemento que lastra la introducción de estas fuentes limpias es la insuficiente calidad de las instalaciones. La Administración debería vigilar esta cuestión a través de la regulación de la formación de los instaladores y la homologación de los equipos. Suele ser habitual que se coloquen placas fotovoltaicas deterioradas o que, si se produce una avería, falten profesionales de mantenimiento.
Fuente: La Vanguardia
Justo lo contrario que en Alemania, país en el que la fotovoltaica ha contribuido a la redistribución de la riqueza.
Curioso es que en la última propuesta de RD se hayan considerado primas especiales para instalaciones de menos de 20 kW sobre cubiertas. Esto ha sido a petición de las asociaciones del sector, por que a nuestro queridísimo Secretario General de Energía ni se le había ocurrido. ¡Es que tiene unas luces...!
Importantísimo simplificar los trámites para las pequeñas instalaciones.
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