En el mes de Febrero del 2012, se presentará Laenfermedad invisible del poeta ecuatoriano Augusto Rodríguez bajo el sellomexicano Generación Espontánea en Ciudad de México DF, México. A continuaciónel prólogo por parte del poeta argentino Jorge Boccanera.
Relatarel naufragio
Barridaspor los fogonazos de las imágenes, las palabras que baraja en su despeñaderoAugusto Rodríguez nunca llegan a posarse en el suelo. Hay un tono encendido.Hay algo arrasador en la secuencia de visiones, en el modo de enumerar, en esossucesos que se imbrican conformando el puzzle de una pesadilla: ?El hombre esuna cabeza rota que se incendia por dentro y por fuera? El hombre es una cabezaque se incendia y que no puede apagar el infierno que lleva dentro (?) Lapalabra es un cuerpo enfermo que siempre expulsa frutas quemadas?. Lalucha entre aquello que se corporiza y lo que se difumina, impone unaestructura que trata, con tono sentencioso, de debelar el ?ser? desde el iniciodel poema: ?Las palabras son fantasmas??, ?Mi memoria es un diente roto??, ?Eldeseo es un ave derretido??, ?Un gato muerto en la calle es??, ?Soy una balaque??, etc. (el subrayado es mío). Pero aquí, el sino de la unidad parece serla alteración, como si la posibilidad de ?ser? se completara con una transfiguración continua. Ellenguaje parece abrevar en el malditismo de Baudelaire, la escritura-enredaderade Lezama Lima, cierta truculencia de los románticos de fin del siglo XIX y supermanente agonía (dice Rodríguez: ?Nada somos en esta tierra que no seaenfermedad que palpita a cada instante y en cada hueso?), el derroche verbaldel chileno Pablo de Rokha (el poeta vociferante de El folletín del diablo yFuego negro), y una textura surrealizante evidenciada en la libertadasociativa. Elpoema ?La sombra del asesino quedesconozco? es una muestra de la atmósfera onírica que prima en los textos y elmodo en que Rodríguez arma sus textos con la enumeración como la herramientarecurrente: ?Una mentira callada entre tus labios y mis párpados. Una manodifusa que se sacude los animales dormidos. Un tatuaje de amor y de dulcesoraciones? Una noche con diecinueve cabezas de vacas arrojadas del fin delmundo. Una lámpara que se clava en los ojos de los ciegos. Un árbol que palpitasu hueso húmedo... Una víbora que se moviliza con el humo? Un pez que vuela enla sombra del asesino que desconozco?. Sien la voz de La enfermedad invisible a ratos toma la palabra el desaliento-?Somos banales piezas de un rompecabezas/ que se destruyen a la orilla delfuego?- en el libro campea una pugna entre la plenitud y la mutilación, de ahíque el reverso de las imágenes solares sean copiosas escenas con predominio dela sangre y el fuego. Juventud y mirada apocalíptica, parece ser uncontrasentido. Sin embargo en territorios de la poesía lo que parece antagónicoadquiere cierta naturalidad. Más en el tiempo que nos toca vivir. Laenfermedad invisible también remite a lo inefable de la poesía; las palabrasque deberían ?arrancar nuestros ojos y regalarlos a los viajeros de otrosmundos?, trastabillan en un punto ciego. El padecer es la conciencia de unlenguaje que no puede escalar los altos muros de la aflicción, ya que, nos dice el poeta: ?Para los quesufren las palabras no existen? (?) ?La batalla está ardiendo por dentro?. Enla nueva apuesta de Augusto Rodríguez, la voz habla desde el centro del aludpara hacer el relato del naufragio cotidiano. Hay vehemencia y lenguaje deriesgo -elementos infrecuentes en la poesía de hoy- en esta poesía cruzada por el relampagueo delas visiones.
Jorge Boccanera/ marzo/2011
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