Por pocote el 03-Feb-2009 | Una economía fuerte no sólo se mide por la construcción de grandes y lujosos centros comerciales, por condominios y residencias caras, por carros de lujo, miles de celulares o ranchos palaciegos en la zona costera, los índices deben ser otros y pasan por la distribución equitativa de la riqueza, por un sistema justo e igualitario, donde se eliminen esos infames desajustes, donde cada día hay más concentración de la riqueza en pocas manos y multiplicación de la miseria en las mayorías poblacionales. El director de el diario de hoy se asusta cuando organismos de las Naciones Unidas hablan de la necesidad de aumentar la inversión presupuestaria en el área social para ?contribuir a erradicar la pobreza extrema? y permitir que más salvadoreños tengan acceso a la salud, la educación, el trabajo y la vivienda digna, por demás garantizados en la Constitución. No se trata de ?confiscación forzada de viviendas, terrenos, mobiliarios, fincas y todos los bienes existentes?, como afirma el dinosaurio. No, se trata de ser justos, humanos y solidarios. Y precisamente la suma de la felicidad de los habitantes torna feliz a un país. Los mismos datos oficiales señalan que en El Salvador existen dos millones 854 mil personas que viven en la pobreza, sencillamente porque con sus ingresos no pueden cubrir las necesidades básicas de alimentación, vivienda, vestuario y servicios. Esta cifra, de acuerdo con la CEPAL representa el 43% de la población total, estimada en 6 millones 638 mil personas, según datos del Banco Central de Reserva. Lo más ruin e infame, algo que no menciona el diario de hoy, es que el 18% de la población, o sea un millón 195 mil personas, están en pobreza extrema. Como si esto fuera poco, el Programa de Seguridad Alimentaria y Nutrición, revela que de cada 100 niños y niñas, 23 padecen de desnutrición crónica. Altamirano no hace el esfuerzo de comprender por su misma esencia de clase, el explotador jamás va a aceptar que el obrero o el empleado tenga una mejor remuneración, horas extras de trabajo bien pagadas, mejores condiciones de vida. Si obtiene ganancias digamos de diez millones de dólares, no está dispuesto a compartir ni tan siquiera 50 mil dólares con sus treinta o veinte empleados, es decir no existen utilidades ni bonificaciones. Hay migajas como las que siempre estuvo acostumbrado a entregar Napoleón Viera Altamirano, el padre del dinosaurio. Nosotros le hemos recomendado que en lugar de viajar a Europa o los Estados Unidos a visitar museos, escuchar conciertos de ópera o degustar sabrosos manjares en restaurantes de cuatro o cinco estrellas, se de una vuelta por las zonas rurales de El Salvador o si le resulta muy cansado el viaje, se acerque aquí nomás a las comunidades de San Laureano y San José Cortés, en jurisdicción de Ciudad Delgado, a cinco kilómetros de la capital y verá como sobreviven centenares de compatriotas. De hecho en el campo la situación es peor. De cada 100 personas 60 viven en la pobreza y de éstas, 31 están en la pobreza extrema. De cada 100 hogares, 57 no reciben agua por cañería (datos de FUSADES) y 45 no reciben energía eléctrica (cifras de Médicos por el derecho a la Salud). El 30% de la población es analfabeta y el 80% no supera los niveles de educación primaria. Los análisis de Altamirano nunca reportan datos ni cifras, se limita a defender el sistema económico y a los grupos privilegiados. En El Salvador hay dos millones 340 mil personas que sobreviven en la pobreza (reportes del mismo Ministerio de Economía, según Encuestas de Hogares y Propósitos Múltiples, del 2004) y en este mismo país también los grupos financieros más poderosos acumulan 15 mil 970 millones de activos. Como lo hemos dicho esta inequidad infame no es casual, obedece a ese interés de producir riqueza y acumularla en pocas manos, mientras las mayorías mueren en la pobreza, en la ignorancia y agradeciendo las bolsitas de comida y cuadernos que una vez cada cinco años, en épocas electorales, les entregan los grandes benefactores y barones de la industria y el comercio. Altamirano y Arena, ratas del mismo piñal, no cuentan las realidades y las enormes diferencias que existen en este país. Muy cierto, aquí existe riqueza, pero está mal distribuida. Solo el valor de 20 grandes empresas alcanzaría para solucionar los principales problemas sociales del país, dotar de medicinas a los hospitales públicos, elevar en buena medida la producción y los ingresos de la pequeña producción campesina. Nuestro amado pastor, monseñor Oscar Arnulfo Romero, asesinado por la oligarquía, siempre se refirió a este mal endémico, calificando a la riqueza, la propiedad privada, como ?algo intocable?. El mismo informe de Desarrollo Humano del PNUD de las Naciones Unidas, señala que con sólo el 8.5% del dinero (1,362 millones de dólares, de los 15 mil 970 millones de activos de esas empresas) sería suficiente para eliminar la desnutrición en doce años y para atender las necesidades de salud, agua y saneamiento de toda la población salvadoreña. El dinosaurio de el diario de hoy dice que la riqueza se genera por efecto de ?empresarios exitosos?, al respecto es bueno aclararle que la riqueza de los grandes empresarios no proviene de su trabajo, ni de su sudor. Ni siquiera de ?sus habilidades para los negocios?. En realidad, quienes sudan son las miles de personas que trabajan para ellos y las miles de que se esfuerzan diariamente por conseguir la comida para no morirse de hambre. Que nosotros sepamos, ningún empresario ha sembrado o cortado café. Ninguno ha hecho una carretera con sus manos. Tampoco se ha visto a algún millonario hacer zapatos, calzoncillos o camisetas. Sólo el trabajo crea riqueza. Y en la sociedad salvadoreña, la mayor parte de esa riqueza es para otros. En su momento hablaremos de cómo han acumulado tanta riqueza y porqué se niegan a entregar el gobierno y el poder político. El señor Altamirano no forma parte de la rancia burguesía; pero es un servil. Con todo, los grandes ricos no sólo son dueños de la economía, sino que controlan los principales medios de comunicación y por supuesto los poderes del Estado. Eso les permite manipular a buena parte de la población y mantener su dominio. La historia reciente revela que cuando el presidente José María Lemus, aprobó reformas a la Ley de Imprenta, introduciendo una Ley de Derecho a Respuesta y Rectificación, encontró una tenaz oposición de los dueños de los medios publicitarios de la época, esto es Napoleón Vierta Altamirano de el diario de hoy y José Dutriz h. de La Prensa Gráfica. ¿De qué honrosa tradición de defensa de la libertad de prensa hablamos, señor dinosaurio? En fin, los grandes millonarios también controlan a mucha gente por medio del sistema educativo. Además, tienen a su servicio a muchos profesionales y a algunos pastores de las iglesias protestantes y católicas, quienes se encargan de decirle a sus feligreses que es natural que haya ricos y pobres y que tenemos que aceptar y vivir con nuestra lamentable situación. Por esto y mucho más, Arena y sus patrocinadores no pueden hacer los necesarios y urgentes cambios que necesita la sociedad y el Estado salvadoreño, por ese se produjo la guerra civil y miles de compatriotas ofrendaron generosamente su vida. Ya lo hemos dicho en anteriores comentarios y lo reiteramos: la oligarquía no cederá fácilmente, luchará hasta la última gota de sudor y sangre de sus testaferros, mercenarios y lacayos antes de permitir que una fuerza política contraria a sus intereses acceda al gobierno. Lo estamos viendo con su bestial campaña sucia, con declaraciones de ?empresarios? ecuatorianos y venezolanos que vienen a hablarnos pestes y mentiras de sus gobiernos y últimamente con la salida a la palestra de miembros de la oligarquía, sobre este hecho hablaremos en próximo comentario.
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