Como en muy pocas partes me la encontré completa, hela aquí para difundirla:
LA GRAN MISERIA HUMANA.
Una noche de misterio estando el mundo dormido buscando un amor perdido pasé por el cementerio.... Desde el azul hemisferio la luna su luz ponía sobre la muralla fría de la necrópolis santa, en donde a los muertos canta el búho su triste elegía. La luna sus limpideces a las tumbas ofrecía. y pulsaba el aura umbría el arpa de los cipreses, y en aquellas lobregueces, de mi corazón hermanas me inspiraron y con ganas de interrogar a la Parca entré a la glacial comarca de las miserias humanas. Acompañado del cierzo Los difuntos visité, y en cada tumba dejé una lágrima y un verso... Estaba allí de perverso entre seres no ofensivos; fui a perturbar los cautivos en sus sepulcros desiertos ? No: Me fui a buscar a los muertos por tener miedo a los vivos. La noche estaba muy bella y el aire muy sonoro, e igual que dalia de oro semejaba cada estrella; y a la brisa sin querella por ser voluble y ser vana en esa mansión arcana, corría llena de embelesos poniendo sus frescos besos en la gran miseria humana. La luna seguía brillando y las nubes con sus velos en el azul de los cielos sin miedo la iban tapando y, en procesiones pasando por la inmensidad secreta iban...y la brisa inquieta retozaba en el saúz que empapaba con su luz Diana, la novia del poeta. La luna que Diana es, en aquella hermosa noche se abrió como aéreo broche de una flor de esplendidez. Sentí vacilar mis pies en tan lúgubre mansión con la lira en una mano y lleno de emoción como un revuelto océano temblaba mi corazón. Bajo un ciprés sombrío y verde cual la esperanza con su fúnebre asechanza estaba un cráneo vacío... y sentí pavor y frío al mirar la calavera pareciéndome en su esfera que se reía de mi; y yo de ella me reía viéndola tan calva y fiera.
Dime humana calavera: ¿Qué se hizo la carne aquella que te dio hermosura bella qué se hizo tu cabellera cual lirio de primavera? tan frágil y tan liviana dorada cual la mañana de la aurora al nacimiento? Qué se hizo tu pensamiento? Responde, miseria humana. Calavera sin pasiones, di: qué se hicieron tus ojos con que mataste de hinojos idílicos corazones, que repletos de ilusiones te amaron con soberana pasión que no era villana y en esas horas tranquilas qué se hicieron tus pupilas? Contesta, miseria humana.
Aquí donde no hay tropel calavera sin resabios; di: ¿ qué se hicieron tus labios tan rojos como el clavel, y dulces como la miel de la campiña romana esos tus labios de grana llenos de pasión mentida, qué se hicieron en la vida? responde, miseria humana. Calavera a quien feliz besa la luna de plata, di: por qué te encuentras tan chata si era larga tu nariz? Dónde está la masa gris de tu cerebro pensante donde tu bello semblante; y tus mejillas rosadas, que a besos en noches heladas quiso comerse un amante?
Aquí donde todo es calma, contesta cráneo vacío; ¡qué se hizo tu poderío qué de la áurea palma qué del placer de tu vida que te dio el amor un día tu altivez , tu bizarría, tus sonrisas que mintieron dime, dime, ¿qué se hicieron, oh calavera sombría? A mis interrogantes el cráneo blanco callaba la luna alumbraba sarcófagos y panteones... y dije sin aflicciones: si eres el cráneo de aquella que en la vida sin querella me despreció con desdén, despréciame ahora también! Eclipsa otra vez mi estrella.
Estamos en la mansión de la austera realidad. ¡Qué se hizo la liviandad que tenía tu corazón? No respondes, mudos son Tus labios que pronunciaron Cosas que ya se tornaron En pálidas flores muertas Cosas que no fueron ciertas Y mi pobre alma mataron! Aquí en esta soledad que solo cruza el cocuyo, dime: ¡qué se hizo tu orgullo, tu amor y tu vanidad? ¿Qué se hizo tu potestad de persona soberana y mentirosa y galana que ostentó tanta belleza? Dime: qué se hizo tu grandeza? Responde: oh miseria humana!
Vanidad de vanidades, solamente con tus galas oh, mariposas sin alas, llorando tus liviandades: las áticas realidades te circundan con profundo marasmo que bien culmina... Es el amor que ilumina aquí es donde terminan las vanidades del mundo Aquí en este camposanto se terminan los amores, las alegrías, los dolores, el poderío y el encanto, cesa en los ojos el llanto y el mundo vivo suspira; aquí no llega la ira de la muchedumbre inquieta aquí termina el poeta y se enmudece la lira. En este mundo idealista, de egoísmo y de censura, tan sólo la sepultura es la que no es egoísta. Ella recibe humanista el santo y al condenado, al pobre y al acusado, al perverso, al bueno, al caco, al honrado, al gordo, al flaco, al bruto y al ilustrado.
Al rodar el ataúd en la hueca sepultura se igualan en línea oscura el criminal y la virtud, |