Por Dadan Narval el 05-May-2008 | El Real Madrid ganó ayer la Liga 2007/2008, y lo hizo con una superioridad matemática que debería hacer replantear sus argumentos a aquellos que dudan de la calidad del equipo merengue. Felicidades a los madridistas, porque han sido los mejores. Además, les toca disfrutar del momento. La consecución del campeonato ha coincidido con la fecha sorteada en el calendario para la disputa del Clásico. El miércoles, el Real Madrid estrenará su trigésimo primer título de liga ante su máximo rival.
En este escenario, los debates que se dan hoy en el fútbol español giran en torno al pasillo del próximo miércoles. Yo, como culé, creo que el Barcelona debe hacer el pasillo al Real Madrid. No hacerlo sería un gesto feo, de mal perdedor, de resentimiento o intento de negación de la legitimidad de la inapelable victoria blanca. Hacerlo, por el contrario, sería una muestra de señorío y de grandeza de la entidad y de reconocimiento a quien ha sido el mejor durante toda la temporada. Un gesto que el Barcelona ha de tener para con su máximo rival, porque los equipos grandes no son aquellos que saben ganar (esto es muy fácil), sino los que saben perder.
El ya célebre pasillo, de todas maneras, servirá para medir si en este país nuestro sabemos ganar y perder. El deporte es un ámbito en el que se cultivan y fomentan valores que sirven para la vida. Los más fundamentales están en lo relativo a las victorias y a las derrotas. Éstas, sucedidas en una esfera simbólica como el terreno de juego, se convierten en metáforas para la vida, en moralejas de las que debemos aprender.
En este sentido, estos días atenderemos a una serie de actitudes a través de las cuales podremos aprender mucho y también, de paso, saber si los que las adoptan son buenos o malos ganadores y perdedores. En lo relativo al Real Madrid y sus alrededores, muchos son los que, en un gesto que engrandece su victoria, están quitando hierro al pasillo. Sabedores de que el estatuto de ganador es efímero ?que se lo pregunten al Barcelona- y de que los rivales, más allá del color de sus camisetas, son deportistas como ellos, describen el gesto del pasillo como una muestra de nobleza deportiva. A mí, como culé, no me queda más que aplaudir esta actitud, muestra de un señorío que en el caso de estos madridistas trasciende el papel y deviene realidad.
Otros seguidores y periodistas blancos, sin embargo, ya están frotándose ávidamente las manos ante la ?humillación? que para el Barcelona será hacer tal gesto (el Marca lo describió así, como una ?humillación?, en portada hace pocos días). En su mal ganar, olvidan los valores deportivos para adoptar una postura que les describe, en la medida en que no disfrutan con el título sino en cuanto a lo que de derrota del rival tiene. Disfrutan de la supuesta humillación del otro, no de su propia victoria. Allá ellos.
En Barcelona, paradójicamente, asistimos a un cisma que divide a afición y prensa en los mismos parámetros. Para la mayoría, el gesto del pasillo es el reconocimiento a un rival que ha sido mejor. Tendrá un punto de doloroso, en la medida en que todo culé desearía que los papeles se invirtieran y fuera el Real Madrid el que nos hiciera el consabido gesto, pero no va más allá de eso. Este sector de la afición afirma que el pasillo en todo caso será un gesto que ennoblezca al Barcelona, nunca que lo humille.
Otra parte de la afición y de la prensa, sin embargo, ve en el pasillo una afrenta. Es curioso, porque en parte les molesta ?es su Barça el que ha de hacerlo-, pero en parte lo celebran, en la medida en que lo entienden como un castigo merecido para los jugadores blaugranas. Sólo en este sentido se puede entender la polémica surgida a partir de las tarjetas amarillas que ayer vieron Deco y Eto`o, que han sido entendidas como premeditadas para ?borrarse? del Clásico.
La postura de estos aficionados es de mal perdedor, en la misma medida que es de mal ganador la descrita de parte de la afición blanca. Deberían pensar por un momento estos blaugranas si realmente perder una liga es algo tan lamentable, tan doloroso e ignominioso como para sacar lo peor que llevamos dentro todos los humanos. Deberían pararse a pensar que el mero hecho de jugar conlleva el riesgo de no ganar, y que en la derrota se puede crecer tanto o más que en las victorias.
Obvia decir, para terminar, que quienes ven en el pasillo un acto que humilla al Barcelona están equivocados. En primer lugar, porque no es obligatorio realizarlo. No es un acto programado cuyo objetivo sea el de distinguir a vencedores de derrotados, aplaudir a los primeros y vilipendiar a los segundos. Todo lo contrario, es un gesto que depende de la voluntad del que lo realiza, y en el que, en todo caso, sólo se puede entender como una muestra de la deportividad o no del perdedor, de su grandeza o pequeñez como deportista. Si el pasillo se realiza ?cosa que no me cabe duda y que, por otro lado, deseo-, habrá de ser visto como el reconocimiento debido de un rival a otro que ha sido mejor. Un reconocimiento que, en cualquier caso, no puede ser entendido como un gesto de degradación o de ofensa para el club y jugadores que lo realizan, sino todo lo contrario.
Si fuera posible, como culé, incluso me gustaría estar ahí. Aplaudir y dar la mano a otros hinchas madridistas, reconocer que su equipo ha sido mejor y mostrar así que en cualquiera de los escenarios, esto del fútbol ha de servir para unir a pesar de los colores. Después, animar a mi equipo, y transmitirles ánimo ?porque esto es lo que se necesita en tiempos de derrotas- para intentar lograr, aunque sea, una pequeña victoria parcial. Y tras el partido, sea cual sea el resultado, extender la mano de deportista al rival y emplazarle para la próxima temporada diciéndole, a la vez que le guiñamos un ojo cómplice, que el año que viene ganaremos nosotros.
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