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En 1895, un escritor genial, con una sensibilidad única, llamado Oscar Wilde, tituló una de sus más celebres obras, ?la importancia de llamarse Ernesto?; Wilde, en aquella obra utilizó un juego de palabras en inglés, ya que Ernest y earnest (serio, formal) se pronuncian exactamente igual. . Wilde vivió en aquella Inglaterra rígida, colonial y victoriana, pero también en un tiempo rico en acontecimientos sociales, políticos y culturales, que no le pasaron desapercibidos, como el famoso caso Dreyfus. Su participación en el "affaire" no está clara por completo, pero sabemos que con Emile Zola y otros grandes escritores de la época, hicieron lo necesario para mostrar al mundo el racismo y la intolerancia que había detrás de la condena de Alfred Dreyfus (1859-1935) por supuesta alta traición, pero realmente su gran delito era ser judio. . Oscar WIlde fue un hombre comprometido, seria y formalmente, en la lucha por lo que creia, fueran estas posiciones equivocadas o no. En su vida y en su obra, a mi modo de ver, hay dos "pecados" y una gran virtud. Su homosexualidad y sus ideas ?socialistas? junto a su capacidad para soñar, para diseñar utopías, que hicieron de este hombre algo paradigmático en el desarrollo personal de algunos de los grandes creadores de la literatura y el pensamiento, como el lo fue y lo es. . Su notoria y declarada homosexualidad no es ningún escollo para declarar al escritor como admirable desgajando convenientemente su faceta artística de su vida privada. De todos modos, sorprende la casi nula bandera que hizo de la causa homosexual. Como dijo su nieto "Él no se escondió pero tampoco reaccionó como se haría hoy, ?de hecho, mi abuelo Oscar Wilde no era un mártir homosexual, nunca lo quiso ser"; dejemos en la incógnita histórica la razón de este proceder; que nunca fue obstáculo, ni tampoco trampolín para agradecer su existencia, para gozar y empaparse de su sensibilidad, de su humor finísimo y exquisito, de su arte. . En cuanto a sus convicciones socialistas, hay que entenderlas dentro del contexto histórico en el que vivió, en una Inglaterra victoriana severa y colonial, precisamente en el nacimiento de la industrialización, pero también la del crecimiento de la clase trabajadora, con sus luchas, sus avances, retrocesos y conquistas. Pero, no debemos llamarnos a engaño, las utopías con las que sueña Wilde nada tienen que ver con el concepto totalitario que tiene Marx del socialismo. Su lucha es contra la tiranía victoriana, el se enfrenta contra la mojigatería, la falsa espiritualidad, y la frivolidad de la época, pero siempre en términos estéticos, literarios, nunca desde la ceguera, más bien animado por denunciar precisamente las desigualdades notorias que aplastaban a la persona a condiciones infra-humanas. Wilde está más cerca de Tolstoi que de Marx. El supuesto ?socialismo utópico? de Wilde era más bien un proto liberalismo mal entendido, asumible casi en todo por cualquier persona razonable y bien intencionada. En su lucha contra esa maquinaria de injusticias, el autor del Retrato de Dorian Gray, redimió su vida y su obra salvadas por el arte y por la osadía de enfrentarse a lo establecido, que siempre es presagio de dictaduras, encubiertas o no. Eso es lo fundamental. . Si, definitivamente si, Wilde, supo a pesar de su azarosa vida, prestar a cada cosa su alcance, encontró y llevó su escala de valores a sus últimas consecuencias, sabía de la importancia de llamarse Wilde, y de la verdadera importancia de las cosas, hasta de las más pequeñas. . En este momento de nuestra historia, en el que se va a llevar a cabo el relevo en la cúpula del imperio mundial, convendría recordar la lección de Wilde sobre la importancia de los cambios, y que estos, por mínimos que sean, aunque sea por una sola letra (como en la imagen de cabecera), cambian todo su contexto y sobre todo, tienen su indudable trascendencia en los futuros próximos. . Buen (mal) ejemplo lo tendremos en España, en el que muchos ciudadanos, en gesto aparentemente sencillo e ingenuo, votaron aquel marzo del año pasado a un gabinete inepto y sonriente, que traerá a España largos años de recesión, pobreza y necesidad?. Esa es la importancia de un mínimo?voto inconsciente. Pero tendremos que pasar por ello, aunque en este caso, como dijo Wilde, ?la experiencia no tiene valor ético alguno, es simplemente el nombre que damos a nuestros errores?.