Por Juan F. Cía el 07-Apr-2008 |
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Lo del Zaragoza comienza a oler a muerto. Un equipo preparado para estar sin apuros en competicion europea sufre lo indecible para mantenerse en Primera. Con un añadido, lo del equipo maño tiene doble mala pinta: lleva casi toda la Liga fuera de los puestos de descenso y entra de lleno en el infierno a pocas jornadas para el final. El tiempo para la reacción es corto.
A veces, cuando algo no tiene una explicación razonable, recurres al pasado para buscar una horma que se ajuste al zapato. Con las diferencias lógicas entre uno y otro, este Zaragoza me recuerda al Atlético de Madrid que finalmente descendió a segunda. Equipo con mimbres para no pasar apuros e incluso algo más, que no termina de arrancar y finalmente se ve dentro de la pelea por no descender. Y lo novatos casi siempre pagan la novatada.
El último resultado (derrota por 0-3 ante el Betis) sitúa al equipo en el ojo del huracán. Es cierto que en las últimas semanas los sevillanos ha cogido cuerpo de plantilla asentada y que al final no pasará apuros, pero es una derrota muy significativa: si el Zaragoza no es capaz de amarrar los puntos de casa ante rivales ‘accesibles’, las posibilidades de consolidar el desastre aumentan exponencialmente.
Acudo a la página web oficial de los maños y el susto no se me pasa. De arriba a abajo: César Sánchez, Carlos Diogo, Carlos Cuartero, Óscar González, Fabián Ayala, Peter Luccin, Pablo César Aimar, Sergio García, Juanfran, Ricardo Oliveira, Albert Celades, Matuzalem, Alberto Zapater, Diego Milito, Sergio… con esta plantilla deben existir muchos factores que realmente no funcionan.
El Zaragoza disponía en la temporada 2006-2007 de una plantilla equilibrada, con un ritmo de juego elevado, con capacidad para el juego combinativo, futbolistas en ataque con el gol en la sangre, un medio del campo muy creativo y dos laterales de gran potencia y despliegue físico. Además, su entrenador, Víctor Fernández, había cogido de nuevo la riendas de un equipo en España y había plasmado su filosofía preciosista.
El reto de la nueva campaña era mantener lo conseguido y ambicionar algo más. La meta era alcanzar la Champions. Y con ese objetivo se contrataron jugadores de experiencia para las zonas más sensibles del campo y juventud con calidad para terminar de perfilar una plantilla con pegada, velocidad y capacidad para asociarse con el balón en los pies. Todos conocemos esos nombres. La ilusión del equipo poco a poco se fue desvaneciendo porque no terminaba de saltar la chispa que prendiese el combustible.
Al final los resultados se llevaron por delante a su primera víctima, Víctor Fernández. Él era el aglutinante, la razón del proyecto, quien metía sangre por la venas del vestuario. Sin él, la plantilla y su objetivo se difumina porque todo estaba ensamblado como piezas de Lego en la cabeza del entrenador maño. Ahora, todas sus apuestas personales carecen de sentido, incluso molestan al ‘personal’, y la filosofía ’cada pase es un paso hacia el gol’ una verdadera agonía. Ahora hay prisas por llegar arriba y solucionar una papeleta que puede costar millones.
Lo demás es un despropósito de nerviosismo, falta de ideas claras… como cuando alguien mueve los brazos como un loco dentro del agua porque no sabe nadar. O lo hace o se hunde y casi siempre termina por desaparecer bajo el mar. Garitano exprés, Irureta exprés pero menos, y ahora Manuel Villanova, un mister con carácter y sabiduría sin tiempo para acomodar la situación a su gusto. No sé si lo que queda es una oración y una velita al santo.
En DDF| El Zaragoza con el agua al cuello
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