Por José David López el 04-Apr-2008 |
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Apenas ocho años de vida independiente y conseguir un éxito que otros países llevan casi un siglo buscando, es un recuerdo imborrable en la memoria no sólo de los Mundiales, sino de cada aficionado croata. Los centroeuropeos, que no llegaban a la década de vida como nación tras la separación de la antigua Yugoslavia, dejaron a un lado el empezar de cero y aquellos días (Francia 1998) coincidieron, felizmente, con una de las grandes generaciones del fútbol balcánico en global.
Los Vatreni, que ya en la Eurocopa 1996 lograron acceder a cuartos y dar mucha guerra a Alemania (posterior campeón), llegaban más unidos que nunca en torno a un colectivo que mezclaba a partes iguales jugadores consagrados al primer nivel con perfectos bregadores de segunda fila. Stanic, Asamovic, Prosinecki, Jarni, Boban y, desde luego, Suker, formaban una columna vertebral de muchos ?quilates? que se iba a vengar a lo grande de lo sucedido con Alemania dos años antes. No sólo alcanzó los cuartos con holgura, sino que goleó (3-0) a los teutones y sólo la noche mágica de Thuram le frenó rumbo a la final. Había sido su Mundial.
Sin embargo, el torneo encumbró para siempre la figura de aquél máximo goleador mundialista (seis goles), Davor Suker. El entonces delantero del Real Madrid, atravesaba un momento delicado pues pese a haber ganado la Champions y anotar con asiduidad, su bajón físico era evidente y su apreciada y letal pierna zurda estaba pidiendo cambios. Pese a triunfar y ser el mejor artillero croata de la historia (pasará mucho tiempo hasta que alguien le supere), terminó sus días con más pena que gloria en la Premier y en Alemania. Allí arrancó una maldición que persigue a los ?9? de la selección ajedrezada y que hace estragos a pocos meses del inicio de la Eurocopa 2008.
Desde la ausencia rematadora del crack, varios delanteros han intentado hacerse con la plaza de referente ofensivo pero todos, por distintos motivos, han caído en desgracia, quedando muy lejos de lo esperado o soportando auténticos calvarios. El nivel de la selección no ha descendido (más allá de la decepción de Alemania 2006), pero la necesidad de romper la dinámica negativa en punta, será uno de los principales problemas en la cita de este verano.
Con el adiós de Suker y contando con que Boksic o Vlaovic también estaban para pocos lujos, la alternativa la intentó tomar Dado Prso, cuya aparición mágica en Europa (con aquella exhibición goleadora ante el Deportivo), le ayudó a ganarse el puesto. El ariete del Mónaco o Rangers era, sobre todo, un hombre de área, un rematador de antaño con gran fuerza y excelente cabeceador. Aquellas cualidades se quedaron lejos de imitar a su antecesor y tras no cuajar, acabó disipado en un sin fin de lesiones que provocaron su retiro prematuro. No hay que olvidar que la ?maldición? ya le había marcado porque años antes había superado un sobrepeso de 100 kilos y una malformación de pierna.
La pesadilla del nueve croata siguió con Ivan Klasnic. En tiempos de Prso, el seleccionador Zlatko Krancjar le dio la espalda en beneficio del primero, más adaptable a su planteamiento táctico. Sin embargo, Klasnic tiene más movilidad, calidad y técnica, reflejada en goles majestuosos, lo que le iba a dar la opción de recuperar su protagonismo pero, por desgracia, apareció en escena su riñón.
El delantero sufrió una insuficiencia renal con sólo 26 años y su futuro se marchitaba. Se pensó que jamás podría volver a jugar y tras dos trasplantes (tuvo tan mala suerte que el primero donado por su madre no era compatible), logró empezar la recuperación con un envidiable apoyo familiar que, tras dos años de parón, le valió el regreso a las canchas a finales del pasado año. Una osadía pues el Bremen, que tuvo un gesto magnífico al renovarle estando lesionado, no contaba con el hasta la campaña siguiente.
Pese a todo, a corto plazo se aprecia un buen futuro para Klasnic, aunque haya sido, en parte, a costa de que la ?maldición? haya tocado a otro compañero. Y es que el regreso a los planes de Slaven Bilic (recién renovado y con pleno poderes) de cara a la Eurocopa, responde a una ausencia, la del gravemente lesionado Eduardo Da Silva. El punta del Arsenal, estadísticamente el más goleador de todos sus antecesores, fue quebrado hace unas semanas, perpetuando esta fatalidad que persigue a todo aquél que osa colocarse como estilete ofensivo de los croatas.
Olic, Petric o Budan, también cuentan con opciones de enfundarse dicho objetivo y, si llegan alcanzarlo, habrá que suplicar para que les ampare la buena suerte. Croacia, con su nueva generación lo merece y la Eurocopa puede premiarles. El fútbol les debe un par de aplausos.
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