Por pocote el 29-Dec-2008 | En estos días cuando se celebran las fiestas de Navidad y Año Nuevo hemos escuchado mensajes hipócritas, demagógicos y si ustedes lo prefieren ?piadosos?, como esos de ?nací en el barrio El Modelo y provengo de una familia humilde; pero a mi hermano y a mí nunca nos faltaron los juguetes?, o aparecer con la Biblia, declararse ?cristiano? y proclamar a los cuatro vientos que se ?cree en Dios?, cuando hay un pasado regado de sangre y se han compartido las injusticias cometidas contra el pueblo salvadoreño. Los señores Norman Quijano y Rodrigo Ávila no poseen solvencia moral alguna para hablar de ?humildad, cristianismo o solidaridad?, no sólo por el hecho de ser miembros de un partido político que en 20 años no ha mostrado sensibilidad ni humanismo para resolver los graves problemas que sufre la gente; sino porque los postulados de justicia social e independencia económica les quedan demasiado grandes y nunca los sectores oligárquicos cuyas directrices ellos obedecen y siguen al pie de la letra han trabajado por la promoción y el verdadero desarrollo del pueblo salvadoreño. La función de un auténtico político, de un ser humano debe apegarse al propósito inquebrantable de servir con lealtad y empeño a su pueblo, a todas aquellas personas que por su condición económica, se encuentran marginados. El mismo Jesucristo no nació en un lecho de rosas o rodeado de especialistas, enfermeras y equipos sofisticados; si nos atenemos a todo lo que se ha escrito sobre este acontecimiento y a lo vivido a lo largo de 33 años, nos encontramos que siempre reivindicó a los marginados, a los humildes, a los explotados; fustigó a los capitalistas (?Es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja que un rico entre al reino de los cielos?, es una sentencia atribuida a Él y que se puede leer en la Biblia) y a los mercaderes que hacían negocio en las mismas puertas de los templos. No basta con ser un hombre de origen modesto, hay que demostrarlo en el servicio, en el desprendimiento, en la sinceridad y el compromiso con los que ?tienen hambre y sed?, no sólo de comida sino de justicia, de paz y democracia. Se puede utilizar la Biblia y repetir hasta en el cansancio que ?soy cristiano? y ?creo en Dios?; pero cuando tales frases y conceptos únicamente se utilizan como recurso electorero, huelen a demagogia y suenan como tambor destemplado. Este pueblo, su gente, puede ser humilde, de escasos o nulos recursos económicos; pero no es ingenua. El despertar de la conciencia puede ser un proceso lento; pero al fin llega y cuando este fenómeno se produce las decisiones se toman con base en la reflexión, la experiencia y el entorno en que se desenvuelve el grupo familiar o la comunidad. Un verdadero político, un líder, nace, pero también en su proceso de formación debe estar en contacto permanente con las auténticas causas populares, con las necesidades de las comunidades, de las personas. La actual alcaldesa de San Salvador, la doctora Violeta Menjivar, durante un convivio navideño con más de cinco mil personas en el parque Cuscatlán, pronunció unas palabras que precisamente se ajustan a estos valores que señalamos. Dijo la funcionaria: ?Reafirmo mi convicción de que el verdadero progreso de nuestro país y, en particular de nuestra ciudad, consiste fundamentalmente en la superación de las clases más pobres?. Así, sin adornos ni palabras rebuscadas o de tratar de aparentar humildad, pronunció un frase enorme en contenido y verdadero sentido humano. La Dra. Menjivar reconoció que ?todavía falta mucho por hacer para satisfacer las necesidades de muchas de nuestras comunidades; pero estamos trabajando incansablemente y llegará el momento cuando sin todavía sentirnos satisfechos podamos avanzar en el camino de la superación personal y colectiva?. Agregó que era urgente canalizar recursos económicos, materiales y humanos para que ?esas familias que tienen el mismo derecho de los que residimos en calles pavimentadas, con suficiente agua y luz, puedan contar, al menos, con un tratamiento más humano?. Recalcó la funcionaria que se estimulará al máximo todas las formas de colaboración privada y pública para este inaplazable programa de beneficio social. Y es que en verdad la función pública ahora y siempre, ha significado servicio y entrega total a las mejores causas del pueblo. Señor Quijano, señor Ávila, los puestos públicos son incompatibles con los negociantes y de quienes pretendan usarlos para acrecentar sus fortunas personales; la función pública para que rinda sus mejores frutos debe ser leal, limpia y honesta. Los programas de trabajo deben responder a las demandas populares y no ser impuestos o simplemente recursos propagandísticos y electoreros, como esos de poner cámaras de televisión en zonas estratégicas para ?espiar? a posibles delincuentes, esto corresponde al Ministerio de Seguridad y a la PNC; o ?embovedar? las quebradas para luego construir ?grandes centros comerciales?. Estamos hablando de proyectos millonarios y totalmente alejados de las verdaderas aspiraciones de los capitalinos. Un programa realista debe basarse en el fortalecimiento de la confianza y la seguridad ciudadana; la dotación o mejoramiento de servicios municipales a las zonas periféricas de la ciudad; la coordinación permanente entre todos los municipios que integran el gran San Salvador para las obras y los servicios que requiere el área metropolitana como el transporte, la recolección de desechos sólidos, el tratamiento de aguas negras; el impulso a la habitación popular y la regeneración de vecindades; el fomento al deporte y a las diversas manifestaciones de la cultura, y la participación activa de la juventud y de la mujer capitalina en las grandes tareas municipales; algo que por cierto están realizando con éxito las municipalidades de San Salvador, Santa Tecla, Antiguo Cuscatlán, Mejicanos, Ciudad Delgado, Cuscatancingo, Apopa, San Marcos y otras. Así que esos mensajes de ?arrepentimiento?, de ?sentirse víctimas? o de manipular la fe religiosa de los salvadoreños, como hace el policía fracasado Ávila, o el prepotente Norman Quijano, ya no calan ni crean confianza en la población capitalina y en otras regiones del país; son los hechos, las realizaciones y el estar en contacto permanente con la gente, los que producen los verdaderos cambios y acrecientan la esperanza por un destino mejor.
Leído 8 veces

|