Acercándonos a nuestros días llegamos a la década de los 90. La continua evolución de la música orquesta del cine se aprecia sensiblemente. Por un lado, encontramos composiciones de corte más clásico de la mano de autores como
Ennio Morriconne,
John Barry y ciertas composiciones de
John Williams.
Por otro, encontramos una clara corriente renovadora en la figura de autores como
Hans Zimmer y
Michael Giacchino que empiezan a usar de modo extensivo orquestación electrónica y figuras inspiradas en composiciones contemporáneas.
1990 es el año de
Bailando
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con Lobos, una de las obras maestras de
John Barry a la que se rinde la academia. Entre los nominados encontramos de nuevo a
Maurice Jarre con
Ghost y
John Williams con
Solo en Casa.
Alan Menken repetirá Oscar en los años 1992 y 1993 con
La Bella y la Bestia y
Aladdin en un alarde de talento pocas veces visto en la factoría Disney, que si bien se había caracterizado siempre por cuidar sus obras especialmente en el apartado sonoro, encuentra en
Menken un renovador y actualizador de su tradición y una tendencia de futuro que seguir durante toda la década.
John Williams nos emociona a todos, academia americana incluida, un año después con
La Lista de Schindler en una vuelta a los cánones más clásicos y al intimismo. Una sección de cuerda sublime nos acerca al horror y a la miseria de un pasado no tan lejano.
Disney repite premio en los dos años siguientes, en 1994 de la mano
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de
Hans Zimmer por
El Rey León y en 1995 en la categoría de musical de nuevo con
Alan Menken, acompañado por
Alan Schwartz, en
Pocahontas. Si en
Pocahontas apreciamos el sello de Menken en un score ágil y vibrante dentro de los cánones más clásicos, en
El Rey León Hans Zimmer deja su impronta de arreglos electrónicos dentro de la inspiración tribal en la que será la nueva dirección de la música de la factoría
Disney en el nuevo milenio.
En 1997
James Horner consigue el ansiado Oscar en la categoría de drama, que le había sido elusivo en varias ocasiones a lo largo de la década.
Titanic, el que posiblemente sea el mejor trabajo de su carrera junto a
Braveheart, por el que obtuvo una nominación en 1995. Entre los nominados encontramos la intimista composición de
Danny Elfman en
El Indomable Will Hunting o los impresionantes arreglos corales de
John Williams en
Amistad. Ese mismo año encontramos a
Anne Dudley y su revival ochentero en
Full Monty llevarse el Oscar a mejor musical.
Un año después no podríamos olvidar a la Fábula de
Roberto Benigni,
La Vida es Bella, por la que
Nicola Piovani obtuvo reconocimiento mundial, además de un más que merecido Oscar. Su composición, de aire mediterráneo y con una forma de presentar los motivos de la película realmente llamativa, sigue cautivando aún hoy hasta el punto de ser inmediatamente reconocible.
El nuevo milen
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io arranca con el Oscar a
Tan Dun por su evocador trabajo en
Tigre y Dragón. Aquí los elementos líricos se mezclan magistralmente con motivos basados en orquestación oriental para transmitir toda la fuerza de una historia con sabor a fábula atemporal. Ese mismo año,
Hans Zimmer se quedó a las puertas de la estatuilla con el que es uno de los mejores trabajos de su carrera:
Gladiator.
Howard Shore eleva el sueño literario de
J.R.R. Tolkien a un nuevo nivel con su impresionante trabajo en
La Comunidad del Anillo, llevándose un más que merecido Oscar. Si algunos años la calidad de los scores finalistas había sido discreta, ese año 2001 la ganadora hubo de competir contra el mejor
James Horner en
Una Mente Maravillosa y contra el icónico comienzo de las aventuras de
Harry Potter a cargo de
John Williams.
Howard Shore repite Oscar en 2003 por
El Retorno del Rey en el colofón de una trilogía musical que recibirá su propio especial en el futuro. Baste decir que su obra puede y debe entenderse como un continuo narrativo y que, si
Las Dos Torres no obtuvo nominación el año anterior, se debió posiblemente a motivos de la industria más que a su calidad en sí.
En 2005
Gustavo Santaolalla nos descubre toda la sensibilidad de una
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historia de amor diferente en su trabajo para
Brokeback Mountain en un aclamado trabajo, Oscar incluido, por su sencillez y fuerza.
De entre los años siguientes, podemos destacar el score de
Michael Giacchino en
Up,
Oscar en 2009, y el último gran trabajo de
James Horner en
Avatar, nominado ese mismo año.
Como curiosidad, cabe mencionar que el último Oscar se lo llevaron
Trent Reznor y
Atticus Ross por
The Social Network.
Obtener la dorada estatuilla es un reconocimiento al que cualquier compositor aspira. Representa una porción del glamour de un universo contruido en torno a otro, al de los sueños en celuloide. Y todo el mundo quiere soñar.
¡Hasta pronto!
Leer: La música de los Oscar. Capítulo 3: Años 70 y 80.