Por ARCENDO el 31-Dec-1969 | . En medio de una humanidad envuelta entre guerras y conflictos, parece que el deseo de paz, es imperioso. Sin embargo?, a pesar de que, la necesidad es común, da la sensación de que esto sea peor que una mala comunidad de vecinos, porque no nos ponemos de acuerdo ni siquiera para celebrarla el mismo día.
Por un lado, el 30 de noviembre de 1981, la Asamblea General de ese organismo, hoy tan anodino como tendencioso, llamado NACIONES UNIDAS, dispuso que todos los 21 de septiembre, se celebrase el Día Internacional de la Paz. Sin embargo, independientemente de que los católicos también nos unamos tal día, a ese anhelo; este año el día primero de ENERO, la Iglesia celebró universalmente el DIA DE LA PAZ, comenzando el año nuevo elevando hasta DIOS oraciones y súplicas con este fin.
Sea de una manera u otra?, la paz como meta es el objetivo más digno de todos, y hay que sumarse a cualquier celebración venga de donde venga.
Hoy vengo a hablaros de mi experiencia personal más reciente con respecto a la paz, porque este año, gozosamente redescubrí la paz dándole el valor del BIEN MÁS NECESARIO.
Existe un hecho tan curioso como real, ocurre cuando hemos pasado mil veces por un sitio, y de pronto fijamos la atención en algo; es posible que antes lo hayamos visto repetidamente, pero llega un día concreto en el que ese lugar, objeto, persona o? frase, se aparece ante nuestros sentidos, como algo totalmente nuevo,?. ¿no os ha pasado nunca?
A mí me ocurrió este año durante el primer sermón dominical. Lo que dijo aquel sacerdote en esa homilía del día primero del año es una obviedad, pero es muy cierto.
La Paz es la posibilidad, la Paz es la esperanza; siendo todo muy importante, la Paz es la prioridad. La paz está por encima de cuestiones laborales e incluso de la salud. Si no hay paz?, encontrar trabajo es imposible. Si no hay paz, afrontar una enfermedad es mucho más difícil?.
Naturalmente el sacerdote, tras un necesario repaso por la Paz en su aspecto más ?externo?, encauzó su disertación hacía la Paz ?interior?, sin olvidar que ambas, PAZ INTERIOR Y EXTERIOR están estrechamente enlazadas. ¡Me gustó mucho, me sirvió de mucho!
Pasados unos días, todavía ando dándole vueltas a la idea de la Paz. Me pregunto cuanto estoy yo haciendo por la Paz, la exterior y la interior.
Mis pensamientos en seguida va al pasaje evangélico de la parábola del hijo pródigo, de la que siempre saco grandes lecciones.
Hoy me llama poderosamente la atención la figura del hijo mayor. Es un pobre hombre sin paz, es un hombre infeliz, que causa pena.
En medio de aquella memorable escena de alegría y perdón, su mirada es sombría y distante. El hijo mayor que no estaba en casa, ve la fiesta de bienvenida en honor a su hermano y se enfada, no entra, no participa?. ¡ha perdido la paz!
¿Cuántas veces actuamos también nosotros como ?hijos mayores??: Hacía fuera somos cumplidores, pero interiormente?
Esperamos que se nos admire, que se nos lea, que se nos quiera, que se nos agradezca, y al final si no es así, -o al menos no como nosotros quisiéramos-, acabamos llenos de amargura, orgullo, resentimiento, celillos y envidiejas malsanas (yo, el primero).
Así es imposible encontrar la paz. Y sin embargo, el quiz de la cuestión está en la confianza en el Padre, si perdemos la confianza, si dejamos de creer que nos quiere, si olvidamos nuestra filiación, entonces con seguridad, perderemos la paz y nos derrumbaremos irremisiblemente, en nuestra propia obcecación.
Los dos hijos necesitan el perdón de Dios. Los dos necesitan volver a casa. Los dos necesitan el abrazo de un Padre misericordioso.
Lo bueno de esto es que el Padre nunca compara a sus dos hijos, los ama por igual. Somos nosotros mismos los que ponemos baremos.
Si todos los hombres tenemos por igual el amor de Dios ¿por qué vivimos comparándonos unos con otros?
La paz interior verdadera proviene de saber que TODOS somos ¨HIJOS¨ de Dios, que Él nos ama infinitamente y de manera gratuita, y que siempre va a tener sus brazos abiertos para recibirnos, lleguemos a la hora que lleguemos.
Este es MI tema de oración, durante el día de hoy, y os aseguro que el examinarme interiormente, me llega a costar alguna lagrimilla que otra.
Pidamos todos a MARÍA, que nos ayude a comprender, a reconciliarnos, a querernos mucho más, mucho mejor.
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