El actor y político estadounidense Ronald Reagan llegó al poder luego de una dura campaña contra los demócratas de Jimmy Carter. A lo largo de la camapaña electoral, el astuto Reagan se armó de muchos de los términos del ex presidente Truman que ya el pueblo norteamericano no recordaba. El que más utilizó Reagan fue uno demoledor contra Carter, muy acorde con la dura contracción económica de 1980. Reagan nombró la crisis la ?depresión Carter?. El entonces presidente Carter le hizo caso a Reagan, y fue a corregirlo utilizando el diccionario para diferenciar entre ?depresión? y ?contracción?, al mejor estilo de Juan Bosch, un estilista dominicano de la palabra. Había caído Carter en la trampa publicitaria a la que Reagan, en la oposición, quería llevarlo. En apenas una semana de ataque y de contraataque, Reagan lograba silenciar a Carter recurriendo a Truman y no al diccionario, para explicar el ciclo económico. Si una definición es lo que quiere, dijo Reagan, le daré una. Una recesión es cuando tu vecino pierde el trabajo, pero una depresión es cuando pierdes el tuyo. Y la recuperación llega cuando Carter pierde su empleo, es decir, la presidencia de Estados Unidos. Desde entonces, Reagan marcó la delantera en el sistema de vaticinio electoral estadounidense. El resto es historia. Lo importante en este recuerdo es un poco que enderezar el entendimiento de cómo Estados Unidos llegaron a la actual crisis financiera y económica. De cómo la derecha norteamericana utiliza recursos ?muy populistas? que caminan a lo largo y ancho de nuestra América en todo el sistema político. El astuto Reagan recibió el término correcto que Carter intentaba corregir; esa parte económica del discurso la había escrito Alan Greenspan, pero Reagan teniendo a manos los términos de Truman, que no había encontrado forma de colocar en la campaña electoral, modificó lo que leía escrito por Greenspan. Al final logró el objetivo. Poco tiempo después de confirmado su triunfo, exaltando la grandeza estadounidense y revigorizando el optimismo ante derrotas recientes, como la guerra de Vietnam, el fracaso de los rehenes en Irán, etc., Reagan creó un grupo consultivo que se ha conocido como Junta de Política Económica que presidía George Shultz, e incluía a Milton Friedman, Arthur Burns, a Bill Simon y a Alan Greenspan, entre otros destacados economistas estadounidenses. Esa Junta era la encargada de hacer realidad las tres promesas en que Reagan fundamentaba su revolución económica: bajar los impuestos, reforzar al ejército y recortar el tamaño del gobierno. Para un país que entraba en un segundo año de crisis económica, ese grupo de economistas entendía que una reducción a tres años del 30 % de los impuestos relanzaría el crecimiento económico, crearía un despertar económico. Conclusiones hechas a puro razonamiento mediante la ?Curva de Laffer?. Reagan y su equipo pujaban contra el Congreso para avanzar en su plan que no tomaba en cuenta un creciente déficit fiscal que para el año se estimaba en 50 mil millones de dólares, mientras los tipos de interés rondaban el 20%. Los reclamos de que solo con una reducción del gasto podía impulsar una rebaja de impuestos no fueron escuchados por Reagan. Intentaría tranquilizar al Congreso con acto de astucia y propuso una rebaja de los desembolsos a la seguridad social por 2,300 millones de dólares. La rebeldía del Congreso y de la sociedad no se hizo esperar y Reagan dio marcha atrás, pero tomando nota del fenómeno social y político. En 1983 el gobierno de Reagan era el abanderado de la seguridad social, apropiándose de luchas ajenas, entonces aceptó aumentar los recursos a la seguridad social, modificando la ley y obligando a los trabajadores y a los empresarios a aumentar las contribuciones. Con ese acto, tranquilizó a una sociedad educada para el retiro. Luego vinieron otras modificaciones legales, sobre todo en el ámbito del relajamiento de las reglas que regulaban los diversos mercados, bienes, servicios, transporte, etc. La ?revolución? Reagan se concentró en eliminar la regulación de los mercados por el Estado. Eso sí, el déficit fiscal, cuando Bush padre arribó al poder, rondaba los 150 mil millones de dólares. Respecto a cuando Reagan inició su mandato el déficit fiscal se había triplicado, mientras la deuda nacional estadounidense adquirió cifras jamás alcanzadas. Para entender más la relación del gobierno de Reagan con la actual crisis debemos considerar que entonces fueron aumentados los seguros de depósitos de 40 a 100 mil dólares (expertos norteamericanos entienden que ese seguro de depósito fomenta la intermediación irresponsable), relajó las restricciones para los préstamos de las asociaciones de ahorros y préstamos, auspició la banca especializada no regulada y auspició ?el salto en la revolución hipotecaria? que llegó tan lejos que vino a frenarse hace 15 meses con la crisis de las subprime. Pero antes de las subprime, la liberalización financiera auspició la fiebre de ?los mercados emergentes? donde los bancos norteamericanos se abalanzaron a colocar dinero. Hija de esa ?revolución? es la famosa crisis de la deuda externa, de mediados de los 80 que parió la famosa ?década perdida?. Entre 1989 y 1990 los Estados Unidos volvían a la crisis con ?los factores inmobiliarios? presentes, pero la no regulación estatal de muchos intermediarios financieros permitió que los grandes y medianos bancos con carteras hipotecarias malas se la arreglaran para, dándolas en garantía, refinanciarse. Los Estados Unidos antes que hacer el ajuste y las correcciones en materia de regulación y manejo de riesgos, las pospuso, permitiendo una expansión de las modalidades del capital ficticio jamás vista. En los mercados financieros se vendieron todos esos instrumentos una, dos, tres, cuatro, cinco veces, en su mayoría basura, como las hipotecas subprime. Hoy se dice, sin prueba al canto, que ello fue una decisión de estado para involucrar a países emergentes con grandes superávits comerciales y enormes reservas de divisas en la compra de tales instrumentos. En especial se dice que el modelo fue ?preparado? para que los chinos mordieran, algo que se produjo, pero no con mucha gana, ya que el Banco Central de China ?apenas? perdió 10 mil millones de dólares en instrumentos ?subprime?. http://www.7dias.com.do/app/article.aspx?id=33871 Félix Calvo |