MISSISSIPI, EEUU.- Tras 48 horas de incertidumbre, de críticas y negociaciones y bajo la sombra de una de las peores crisis financieras en la historia de Estados Unidos, los estadounidenses esperan para la noche de este viernes el primer debate entre los dos candidatos a la Casa Blanca.
El debate, en donde para convencer al electorado importan desde los discursos hasta el más mínimo guiño, se desarrollará luego de que el aspirante republicano, John McCain, había anunciado su negativa a asistir con el pretexto de que ambos candidatos deberían dedicar su tiempo a participar e la búsqueda de soluciones a la crisis financiera.
La sorpresiva demanda de McCain de posponer el debate y la negativa del demócrata Barack Obama mantuvieron el primer encuentro en suspenso; un suspenso matizado además por las negociaciones en el Capitolio y en la Casa Blanca sobre el multimillonario paquete de rescate financiero solicitado por el presidente George W. Bush.
Como si tratra de agregar suspenso y nerviosismo al debate de esta noche, el Washington Mutual Inc. se desplomó en las últimas horas bajo la carga de sus abultadas apuestas fallidas en el mercado hipotecario. La Corporación Federal de Seguro de Depósitos (FDIC) se hizo cargo el jueves del banco y después vendió las operaciones bancarias a JPMorgan Chase & Co. por 1.900 millones de dólares.
El Washington Mutual (WaMu), fundado en 1889, es el mayor banco que quiebra en la historia del país.
El suspenso sobre el debate concluyó la mañana de este viernes, luego de que las negociaciones para aprobar el paquete financiero quedaron congeladas y ante las críticas de sus propios seguidores, McCain anunció su disposición de enfrentarse a Obama esta noche en el primer debate, que se desarrollará en Oxford, Mississipi.
Cuando faltaban menos de 10 horas para que inicie el debate, el equipo de campaña de McCain anunció que el senador por Arizona viajará al sitio planeado para el debate, en la Universidad de Mississipi.
Agregó que después del foro regresará a Washington para continuar trabajando en las negociaciones para resolver la crisis financiera.
En una declaración, el equipo de campaña dijo que McCain está optimista de que ha habido un avance hacia un acuerdo bipartito.
La espera
Momentos antes reinaba la expectativa el viernes por ver si McCain se presentaría a debatir con Obama, un careo que ha quedado en duda en medio del caos financiero en que está sumida la nación.
Las gestiones en torno a un plan de rescate de 700.000 millones de dólares se frustraron después que una reunión convocada por Bush con los líderes del Congreso y los dos candidatos presidenciales terminó el jueves sin solución en medio de ásperos desacuerdos.
Los demócratas culparon el viernes a los republicanos en la Cámara de Representantes por apelar a Bush -y apoyar a McCain_ en un esfuerzo por reestructurar el plan de rescate.
El representante Barney Frank, titular del Comité de Servicios Financieros de la Cámara de Representantes, dijo que los líderes demócratas en el Congreso se sorprendieron por el nivel de desacuerdo que afloró durante la reunión en la Casa Blanca, que ocurrió después que figuras prominentes de ambos partidos creyeron que tenían acuerdo bipartidista en torno a ese plan.
"No sabía que yo fuese a ser el árbitro de una guerra civil ideológica interna" republicana, dijo el demócrata Frank a la CBS.
Los desacuerdos fueron tan intensos que algunos legisladores se preguntaron en voz alta si los negociadores se presentarían a la reanudación de las conversaciones el viernes en el Capitolio.
Los pequeños detalles
Los debates presidenciales en Estados Unidos pueden encumbrar a un candidato o condenarlo a la derrota, pero eso a veces depende de factores tan simples como un gesto o una agudeza improvisada, más que de sus propuestas políticas o su saber.
Un debate es, en muchos sentidos, muy parecido a una obra de teatro. Hay un escenario y, en muchas ocasiones, un público en vivo. La iluminación, el sonido y el decorado se estudian cuidadosamente y son motivo de negociaciones a veces durísimas entre las campañas, que buscan que su candidato luzca lo más gallardo posible.
En esta ocasión, al parecer, la campaña republicana pidió, por ejemplo, que su candidato, John McCain, y su rival, Barack Obama, estuvieran de pie sobre atriles y no sentados a una mesa, para que McCain, de 72 años, no diera la impresión de estar cansado.
Los aspirantes a la presidencia ensayan durante semanas y practican sus respuestas con ayuda de un "guión", un grueso libro de centenares de páginas preparado por sus asesores en el que se recogen las preguntas -y las respuestas adecuadas- que se puedan plantear en el debate.
Cada candidato tiene su estilo para preparar los debates. Algunos optan por estudiar el "guión". Otros, como Ronald Reagan -que era actor profesional-, prefieren practicar con "sparrings".
Los aspirantes se convierten un poco en actores. Si ya de por sí cualquier gesto o palabra de más o de menos en una campaña electoral puede tener consecuencias imprevisibles, en un debate aún más.
Tradición histriónica
Que le pregunten a George Bush padre, por ejemplo. En su debate de 1992, reafirmó su reputación de distante cuando miró el reloj en un debate y dio la impresión de que tenía ganas de marcharse. Bill Clinton acabó por derrotarlo en las elecciones.
Es posible también que Al Gore deba en parte su derrota no solo a un puñado de votos en Florida, sino a la serie de suspiros y gestos de hartazgo que emitió durante un debate con George W. Bush.
Y en el primer debate televisado, el que tuvo lugar en 1960, Richard Nixon, que había pasado un catarro, apareció con ojeras y sombra de barba, mientras que su rival, John F Kennedy, llegó moreno y relajado. Kennedy ganó los comicios.
En otras ocasiones no ha sido el gesto, sino la palabra lo que ha hecho triunfar a un candidato u otro.
Gerald Ford cometió lo que quizás haya sido el peor lapsus en un debate, al asegurar en 1976, en plena Guerra Fría, que no había "dominación soviética en Europa del Este". La metedura de pata fue tan colosal que el moderador le preguntó si no se había confundido, pero el presidente, que llegó al Despacho Oval tras la dimisión de Nixon, no se retractó.
Ello alimentó la percepción de que Ford, el único presidente de estadounidense que no ganó su puesto en las urnas, no tenía el intelecto necesario para el cargo -un chiste que se contaba sobre él entonces decía que era incapaz de caminar y masticar chicle al mismo tiempo- y el demócrata Jimmy Carter se impuso en las elecciones.
Si Ford perdió un debate por sus palabras, Reagan ganó otro por las suyas.
Después de haber ofrecido una pobre impresión en el primer debate de su serie contra Walter Mondale, que alimentó la preocupación sobre su avanzada edad -tenía 73 años-, en el segundo se recuperó con una broma.
"No voy a sacar a relucir el tema de la edad en esta campaña. No voy a explotar, por razones políticas, la juventud y la inexperiencia de mi oponente", bromeó. En esas elecciones, las de 1984, Reagan acabó ganando en 49 de los 50 estados del país. Su oponente solo ganó en Minesota, su estado natal.
Los aspirantes a la vicepresidencia también han tenido sus momentos de gloria o infamia en los debates.
Una de las réplicas más famosas es la de Lloyd Bentsen, "número dos" de Michael Dukakis en 1988, a la afirmación del republicano Dan Quayle -ya percibido como carente de las cualificaciones necesarias para el puesto- de que llevaba tanto tiempo en el Senado como John Kennedy cuando fue elegido presidente.
"Senador, yo trabajé con Jack Kennedy. Conocí a Jack Kennedy. Jack Kennedy era amigo mío. Senador, usted no es Jack Kennedy", atajó Bentsen.
Pero quizás el más sincero fue James Stockdale, el compañero de fórmula del candidato independiente Ross Perot en 1992, que solo había tenido una semana para preparar su debate. "¿Quién soy? ¿Qué estoy haciendo aquí?", dijo.