Por Borja Barba el 15-May-2009 |
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Cuando Alan Shearer, al que si de la población a orillas del Tyne dependiera ya habríamos antepuesto el título de Sir, se hizo cargo del Newcastle United hace exactamente mes y medio, lo hizo con el único y fundamental objetivo de evitar el descenso del equipo a Championship. No era, evidentemente, su momento para situarse al frente del banquillo de St. James’ Park. Pero la situación llegó forzada, prácticamente impuesta por la actualidad del club: Joe Kinnear, el técnico encargado de reconducir el pesado navío del norte, tenía que ser operado de corazón, por lo que debía dejar su cargo temporalmente.
Shearer asumió la responsabilidad con la misma frialdad con la que estuvo enchufando goles de todos los colores durante dieciocho largos años en la máxima categoría del fútbol inglés. Destinado algún día a ocupar el banquillo de los magpies por imperativo público y por corazón, era consciente de que su momento no había llegado aún, pero la trascendencia de la situación le hizo asumir el cargo y ponerse manos a la obra sin tiempo para siquiera asimilar que la oportunidad de su vida como manager acababa de llegar.
Pero en el mes y medio transcurrido desde que ocupara su nuevo puesto en el club, los resultados no han mejorado en absoluto. Tres derrotas (ante Chelsea, Spurs y Liverpool, eso sí), dos empates (Stoke y Portsmouth) y, por fin, la esperada y vital victoria del pasado fin de semana ante el Middlesbrough, otro de los equipos en situación muy comprometida. El bagaje no es para tirar cohetes. De hecho, antes del partido ante el Boro (3-1), eran muchos ya los que daban prácticamente por desahuciado al Newcastle.
El equipo sobrevive con la pesada carga de tener una capacidad goleadora escasísima. Desde la llegada de Shearer, se han conseguido cuatro goles en seis partidos (tres de ellos ante el Boro), y la pólvora de los delanteros magpies parece haberse no ya mojado, sino encharcado. Michael Owen hace tiempo que pasea su espíritu con más aire de ex-futbolista que de jugador en activo. Oba Martins es una sombra del que parecía ser el pasado año. Ya ni siquiera es titular, plaza que ocupa el veteranísimo australiano Mark Viduka. La aportación del ex deportivista Xisco ha sido meramente testimonial en la temporada.
En cualquier caso, no parece tanto un problema de falta de gol, o falta de calidad, como de actitud. O mejor dicho, de dinámica. El equipo ha entrado en una dinámica negativa que está demostrando sus destructivos efectos en esta recta final de la liga. En una plantilla en la que, entre otros, brillan futbolistas de la talla de Fabrizio Coloccini, Damien Duff, Kevin Nolan, Alan Smith, Peter Lovenkrands, Nicky Butt, o los ya citados Owen o Martins , parece inconcebible que se pasen los apuros que se están pasando en la presente campaña.
Por masa social y afición, el Newcastle United es, probablemente, el tercer club de Inglaterra, sólo por detrás de Manchester United y Liverpool. La Toon Army, en lucha permanente con el propietario Mike Ashley, desde que el idolatrado Kevin Keegan se viera obligado a dejar su puesto en el banquillo a comienzos de la presente campaña tras la polémica venta de James Milner al Aston Villa, alimenta su fe con las derrotas que van sufriendo sus principales rivales en la lucha por la salvación. Su consuelo es que si su equipo está mal, los hay que están peor.
Puede que por juego no lo merecieran. Pero también es cierto que no sólo se salva el que más méritos hace, sino el que menos deméritos reúne. Este fin de semana reciben al Fulham (aspirante a Europa) en St´James’s, con la mirada fija en la victoria… y en lo que ocurra en Bolton (Bolton-Hull) y Portsmouth (Portsmouth-Sunderland). No sé vosotros, pero yo no me imagino una Premier League sin orgullo geordie.
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