Por pocote el 08-Dec-2008 | El dinosaurio extremista de el diario de hoy se pronunció el jueves 4 de diciembre del año en curso en contra de subir los salarios mínimos ?por las nefastas consecuencias que eso tendría sobre el empleo: en una época de crisis, razona, lo aconsejado es reducir los costos y conservar los puestos de trabajo?. La lógica perversa del capitalista explotador, en economía política y en el desarrollo productivo esto significa nacionalizar las pérdidas y privatizar las ganancias. Este caballero no se ha pronunciado por esa ?ayudita? de 700 mil millones de dólares que el gobierno de los Estados Unidos, con los impuestos de su pueblo, ha entregado alegremente a los voraces banqueros, a las compañías automovilísticas y a las aseguradoras para ?superar sus pérdidas? y que ?continúen con su ritmo de trabajo? y ?generando empleos?. Tampoco ha dicho nada sobre la petición de los industriales y oligarcas salvadoreños y los banqueros internacionales mafiosos que están pidiendo más de 500 millones de dólares al régimen para ?reactivarse?. El pírrico aumento del 4% para los obreros de las maquilas y el 8% para el comercio, el agro y los servicios en el salario mínimo le parece atentatorio contra la estabilidad laboral al extremista senil de el diario de hoy y explica que ?nadie con dos dedos de frente en Estados Unidos o Europa está hablando de subir salarios?, desde luego, pues los capitalistas y los monopolios están nacionalizando ?sus pérdidas?, mientras los gobiernos les otorgan millonarios ?préstamos? o jugosas ayudas para ?animarlos? a que sigan al frente de sus empresas, bancos o refinerías petroleras. Es sencilla la ecuación: para las víctimas y pobres del mundo, nada; para los explotadores las mayores ventajas. Con ese salario mínimo de $203.15 para los obreros de la industria y $173.00 para los de la maquila, no alcanza para cubrir los costos de la Canasta Básica Ampliada ($360.00), mucho menos la Canasta de Mercado ($764.20). El Art. 38 de la Constitución de la República en su inciso II dice que ?Este salario (el mínimo) deberá ser suficiente para satisfacer las necesidades normales del hogar trabajador en el orden material, moral y cultural?. Por lo demás, los mismos datos del Banco Central de Reserva revelan que el 62% del Producto Interno Bruto (PIB) del país va destinado a ganancias de las grandes empresas; el 32% para remuneración de los trabajadores y, el resto va para impuestos del Estado. El dinosaurio de el diario de hoy podrá argumentar cualquier tontería, como eso de que las empresas tienen que pagar luz, agua, mantenimiento, seguridad, costos de producción y paremos de contar; pero lo que se cuida de decir es que todos esos gastos ya los incluyen en sus costos, lo mismo impuestos y aguinaldos. En épocas de ?dificultades económicas como la presente originada precisamente por la voracidad y ambición sin límites de los capitalistas y la variante neoliberal del capitalismo, la minoría, esa especie de sociedad industrial ?desde el punto de vista del consumo, una vez más--, acostumbrada al uso y disfrute de bienes y artículos caros, no interrumpe su ritmo de compras, su dulce vida, sus fiestas mundanas. Esas familias rancias, de la burguesía, pues, no resienten a fondo la carestía determinada por las tendencias inflacionarias y por el aumento que, en todos los renglones ?bienes caros y artículos populares?impone la especulación general del comercio. La producción o la búsqueda de los artículos por la vía de la importación, subsiste. Pero, en cambio, baja la producción de artículos de consumo necesarios. La producción se vuelve estática y el consumo se restringe por la carestía. Las compras se reducen por eso, y por el otro factor inseparable que es la desvalorización real del salario e ingreso familiar a causa de los efectos inflacionarios del dinero. Esto es muy distinto a lo planteado por el dinosaurio de el diario de hoy, quien afirma que con el empleo sucede que ?si se eleva el costo de mantener un puesto de trabajo, se reduce esa demanda y los negocios se ven forzados a contraer su personal. Son más caros los tomates y se venden menos. Se trata de leyes económicas inexorables (¿?) aunque nos duela que afecte el trabajo?? Este señor me brinda en ?bandeja de plata? para rechazar argumentos tan pobres y carentes de lógica. Vamos al grano: Al llegarse a coyunturas económicas como la presente, el país paga, en la cabeza y en el estómago de la mayoría, que son la población trabajadora y las capas medias consumidoras, la equivocación de enfoque, a cuya rectificación tiende una política auto inflacionaria que irrita a las minorías, privilegiadas siempre. Estamos, señor dinosaurio, en una sociedad de contrastes, determinados por la mayoría de salvadoreños cuyo ingreso per capita los mantiene en condiciones de subsistencia, y otro número, mucho menor, de ingresos exagerados que originan la estrechez del mercado. Junto a eso, sufrimos la presión de los medios publicitarios, como el diario de hoy, típicos de un sistema neoliberal capitalista con remanentes feudales, que manipulan la masa de consumidores y le imponen patrones de consumo que no sólo no corresponden a la idiosincrasia, sino que, y esto es lo más grave, sobrepasan los índices reales de su ingreso. Bajo esos estímulos enajenantes, se le ofrecen consumos que han sido diseñados para otra sociedad, como la de Estados Unidos, con base en artículos costosos e ingresos opulentos, que sólo pueden ser consumidos ?entre nosotros; en Norteamérica por una proporción mayor?por un mínimo mercado: el de los privilegiados que viven como si no existiera ninguna crisis. Porque para ellos no existe realmente. Los ?analistas? y funcionarios del régimen repiten a cada instante que ?nuestra economía está blindada? ; sin embargo, no tienen empacho en pedir ayuda millonaria al gobierno para ?reactivarse?. La tecnología industrial y mercantil debe ser aprovechada para incrementar el caudal de artículos y satisfactores duraderos y baratos, para ampliar el mercado de la gran masa cuyos ingresos menores se ven ahora afectados por las contingencias mencionadas. Las campañas publicitarias (ahora en tiempo de campaña electoral se adornan con las sucias, denigrantes y bochornosas impulsadas por la oligarquía y el partido Arena, utilizando a testaferros, mercenarios y sus conocidos órganos oficiales de propaganda), que con frecuencia sirven los intereses de las grandes compañías transnacionales, se orientan de forma que corresponden al gusto y a la posibilidad de la minoría altamente consumidora, y de paso crea estímulos y presiones en los presupuestos familiares de los estratos bajos, que aspiran, bajo grave error psicológico, a lo mismo. Es un constante querer y no poder, que trae consecuencias terribles de endeudamiento y dependencia, porque todo el mundo quiere, naturalmente, lo mejor. Y lo mejor está cargado de fabricaciones superfluas. El lujo y las adherencias impresionantes de los diseños, atrae al rico y al pobre. El mercado general se ve lleno de estímulos que tienden a que se cambie el refrigerador, el televisor, el automóvil, en sucesivos mejoramientos no esenciales, sino suntuarios. Esos estimulantes de la enajenación, la transposición mecánica de otros estilos, llegan también a la gran masa de consumidores que necesitan alimentos y ropas esenciales, y los aparatos industriales que alivien la condición de los hogares, sin lujosas envolturas, y sin el grave costo de la publicidad desaforada que incita el rico. De este modo se orienta el consumo, y se influye en el carácter de la producción y de la importación, con la tendencia clara, a la postre, de sacar el ingreso de la gente por esas vías muchas veces duplicadas de las sociedades de mayor poder y por las combinaciones transnacionales. Esta realidad no escapa a las parcializadas percepciones de Altamirano Madriz, pero no las menciona ni las analiza porque la publicidad es el medio directo para los millones de dólares que anualmente ingresan a sus cuentas bancarias. Lo que resulta verdaderamente difícil es decirle sólo a la gran masa de consumidores de artículos de primera necesidad que se aprieten el cinturón, mientras la minoría consumidora industrial sigue teniendo cómo rellenarlo. Es como cuando el gobierno de Saca le pide a los salvadoreños ?austeridad?, cuando no se cuentan ni siquiera con lo mínimo para comprar frijoles y aguacates; además de resultar ofensivo por cuanto el gobierno y el partido Arena mantienen una campaña millonaria para publicitar obras que no se ven o para engañar y manipular la conciencia de los salvadoreños.
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