Por pocote el 24-Sep-2008 | En reiteradas oportunidades el ex policía fracasado Rodrigo Ávila, ha insistido en la vocación democrática de Arena y que los sucesivos gobiernos han cumplido con las necesidades de la población. Lo dice sin ?despeinarse? y con un mínimo de seguridad que le permiten sus escasas entendederas. Sometamos tales afirmaciones a una confrontación con la realidad, sin ánimo de polémica ni mucho menos de ofender a tan insigne personaje: 1. El costo de la vida: desde el primer gobierno de Arena encabezado por Alfredo Cristiani, la canasta básica comenzó a subir de precio. Se argumentó que la mayoría de recursos se destinarían a la reactivación de la economía, a la reconstrucción y construcción de escuelas, unidades de salud y hospitales dañados durante el conflicto armado. Lo mismo se dijo para toda la red del sistema eléctrico. Cristiani fue llamado por la derecha ?el presidente de la paz?, también lo bautizaron como un mandatario de ?transición?. A la salida de su mandato era dueño de bancos, empresas aseguradoras y de pensiones, cementerios privados, compañías importadoras y exportadoras, bienes raíces y fábricas de alimentos. Su laboratorio Santa Lucía era uno de los pocos que proveía de medicinas vencidas al Seguro Social y al Ministerio de Salud y Asistencia Social. El presidente Calderón Sol, sucesor de Cristiani, continuó en la misma línea. La mayoría de fondos del presupuesto y préstamos internacionales destinados a ?reconstrucción? de lo dañado por la guerra. Más de lo mismo. Los precios de los productos de primera necesidad seguían aumentando. La población salvadoreña continuaba creyendo en las informaciones publicadas por los órganos oficiales de publicidad del régimen. El diario de hoy encabezaba las campañas mediáticas. Con Francisco Flores se propinó el golpe de gracia al dolarizar la economía. El círculo de pobreza aumentó, lo mismo que la corrupción y la migración humana hacia los Estados Unidos. Los salvadoreños cobraban sus salarios miserables en colones y pagaban sus deudas, colegiaturas, alimentos, medicinas, luz, teléfono, transporte, etc. en dólares. Este presidente habló de una serie de alianzas para ?terminar con la pobreza?. Al término de su desgraciado mandato, los salvadoreños contaban con lo mínimo para satisfacer algunas necesidades indispensables, entre ellas la alimentación. El cuarto presidente del continuismo, Antonio Saca, ha sido el bufón y el más populista de todos: con migajas ha intentado mediatizar y engañar el hambre del pueblo. Programas como ?Red Solidaria?, han entregado $15.00.00 mensuales a unas pocas familias pobres de El Salvador, para que puedan alimentar y educar a sus hijos. También con esa ?enorme cantidad? de quince dólares todavía les sobra para pagar transporte, medicinas y vestuario. De acuerdo con el último censo de población, las familias campesinas a quienes supuestamente va dirigido el subsidio gubernamental, están integradas en promedio con siete miembros. En el costo de la vida, para tratar de ser más claros en el razonamiento, se contempla el valor actual de una libra de frijoles. En el periodo de Alfredo Cristiani (1989-1994) costaba 40 centavos de colón, actualmente esa misma libra de frijol rojo vale más de ocho colones. Una piña de azúcar en el mercado Central costaba cincuenta o a lo sumo un colón; ahora vale un poco más de ocho colones. Y así podíamos continuar con otros productos como la leche, el arroz, toda la línea de verduras y ya no hablemos de la carne de res o de gallina o el pescado. Algo totalmente prohibitivo para la mayoría de salvadoreños, no porque su paladar no los disfrute, sino por sus precios. 2. Generación de empleos. En los cuatro gobiernos de Arena se ha profundizado la extrema pobreza al potenciar un sistema perverso de desempleo, de limitar la inversión externa y únicamente favorecer determinados rubros de la economía nacional. De hecho al abandonar el agro se provocó un mayor desempleo en la zona rural. Esta política fue deliberada pues se obligó a los salvadoreños a emigrar hacia los Estados Unidos, a buscar empleo y mejores condiciones de vida en el país del Norte. Al mismo tiempo, a contribuir con sus remesas al sostenimiento de sus familias y de El Salvador. Actualmente, de acuerdo con encuestas de opinión pública y el mismo censo de hogares, de cada diez salvadoreños, siete están desempleados. La mayoría de familias tienen uno o más parientes trabajando en Estados Unidos. También reciben remesas, dineros utilizados para adquirir alimentos, comprar medicinas y pagar transporte. Su meta inmediata es mandar a sus hijos al país del Norte. Es la misma aspiración de salvadoreños que se educan en las universidades, obtener un grado académico para salir al extranjero. Su propio país no les ofrece ninguna oportunidad. 3. Sistema de salud. El Salvador está en condiciones deplorables no sólo en medicina curativa sino en la preventiva. El slogan de los médicos cuando marchaban por las calles de la capital para exigir al gobierno de Francisco Flores que no privatizara la medicina era ?la salud está enferma?. Las condiciones sanitarias son pésimas, no sólo por el deterioro ambiental y la nula supervisión de salubridad, sino por el estado mismo de los hospitales. Las epidemias de cólera y las variantes del dengue hacen fácil presa a los salvadoreños más humildes y de escasos recursos económicos porque adquieren alimentos no controlados y en condiciones insalubres. En zonas rurales y en barrios pobres de las grandes ciudades no existe el tratamiento de aguas negras, además de letrinización adecuada y segura para los grupos familiares. Los niños permanentemente padecen de parasitismo. Algo que no desconoce el Ministerio de Salud Pública ni los pocos inspectores o trabajadores sociales del Seguro Social que de cuando en vez se movilizan por estos lugares. Sin embargo, por razones oficiales y para ?no comprometer? al gobierno, no lo hacen público. No se necesita consultar al Departamento de Epidemiología de la Organización Panamericana de la Salud para conocer de esta triste realidad. Y por este mismo vistazo a la realidad nacional podríamos seguir con la educación, la seguridad ciudadana, la cultura, la política, el medio ambiente, la agricultura y más, para demostrar con hechos, cifras y ejemplos que el candidato presidencial de Arena, el fracasado ex policía Rodrigo Ávila miente y trata de engañar a la población. Por supuesto que muchos salvadoreños, desgraciadamente en pobreza y miseria extrema, seguirán votando por ellos, aceptando sus ?compromisos que hoy firmo y mañana cumplo?; pero situación es grave y muy difícilmente un país tan pobre como El Salvador pueda aguantar cinco años más de un continuismo perverso, carente de ?sentido humano? y de solidaridad con los más desposeídos de la nación. Hemos demostrado sin ahondar en temas más complejos que los gobiernos de Arena no tienen vocación democrática (nunca aceptan las reglas del juego y se resisten a la alternancia del poder) y mucho menos han resuelto las necesidades más sentidas de la población. La realidad no necesita anteojos y hace muchos años ya (19) que hemos soportando la prepotencia, el autoritarismo, las calumnias y las campañas sucias de la oligarquía, sus testaferros y medios de publicidad tan desprestigiados como el diario de hoy.
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