Por Viajes L el 06-Jan-2009 | Ayer, un amigo me preguntó qué onda para venir en auto desde México hasta Argentina. El es mexicano, así que dijo algo asi: “¿Cómo le hago, güey? ¿Cuánto me costará? ¿Sirve un Clío para ese viaje?”.
Le respondí vagamente, pero creo que lo mejor que podría hacer es hablar con Ezequiel Luis Fernández, que llegó hace unos meses de hacer el viaje de Argentina a México en su “nave”, una renoleta del 79.
Incluso podría leer su libro, “Con la Nave”, recién salido de imprenta y lleno de anécdotas, reflexiones y curiosidades que le ocurrieron a este ingeniero agrónomo que decidió cambiar de vida mientras viajaba por Latinoamérica.
Ezequiel ya contó su historia en Viajes Libres durante el viaje y también a la vuelta. Esta vez, adelanta algo de su libro que se consigue en la librería y juguetería Casa Jorge, en Juncal 2303, Buenos Aires.
Prologo
Llego a un pueblo. Estaciono en la plaza y me tomo unos mates. Siempre se acerca algún curioso a preguntarme por mi nave, por las calcomanías, por las frases, países o banderas.
Hablo un rato con el padre, la madre, el hijo o el hermano… hablo un rato con mis hermanos latinoamericanos. Me invitan a sus casas y me convidan exquisitos platos de comida, preparados con amor y cariño.
Nos sentamos a la mesa; les cuento de mi viaje y me cuentan de su vida. Veo rostros blancos, rosados, morenos y negros. Veo miradas alegres, tristes, pacíficas o indiferentes. Observo familias felices, simpáticas, revoltosas, trabajadoras, descomplicadas o muy complicadas. Con ellas comparto un momento de mi vida, de mi viaje. Son ellas las que me transmiten la historia de su pueblo, de su país, de su vida. De esa forma aprendo y elijo cómo quiero vivir mi vida.
Pasan los días y me subo de nuevo a mi nave. Salgo a la ruta, a manejar una o dos horas hasta llegar al próximo pueblito ¿Quién me espera? ¿Qué familia conoceré? Sólo es cuestión de ir hacia adelante… y repetir una y otra vez el mismo método en todo Latinoamérica.
Abro la puerta
¡Buena suerte! me dice… estás por hacer lo que quise y no pude… me dice… me afirma… no pude… por dinero, por agallas, por tiempo, por mi matrimonio, por mis responsabilidades… me dice una y otra persona antes de abrir la puerta de mi nave.
Me detengo y los miro… me siento en mi butaca. Todos se justifican… pienso.
Me miro en el espejo y no me reconozco ¿Qué estoy haciendo? Mi corazón dice que vaya para adelante. Quiero cortar con estructuras incómodas. Y… los miro… y… me miran… y… me acomodo en mi butaca.
Dejé mi trabajo ¿Qué hice?
Me observo en el espejito retrovisor… necesito un cambio.
Cierro la puerta de mi nave. No es fácil cambiar de vida… acá estoy y sigo adelante… con mi decisión. Era (era) un excelente trabajo, bien remunerado, con grandes perspectivas de seguridades futuras… ¿Qué hice? Me observo en el espejito retrovisor… necesito un cambio.
No me gusta tener armado el futuro. Me siento transitando un camino prestado… yo quiero armar mi propia huella.
Coloco el seguro, controlo que la puerta esté bien cerrada… (en el fondo) la decisión fue muy sencilla… estaba en un camino que no había elegido.
Giro mi espalda y en la mochila busco el cuaderno y la lapicera… ¡me gusta escribir! No sé cómo hacerlo… nunca lo hice, solo escribí algunas cartas a mi abuela y algunas líneas en informes económicos… pero… Sí, sí… ¡está el cuaderno! ¡está la lapicera!… en mi mochila están bien guardados… están bien a mano. Y? aprenderé a escribir escribiendo, en el viaje… ¡yo salgo y veo qué pasa!
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