Por noreply@blogger.com (AdR) el 07-May-2008 | Eran los 80. Mi década. Y a mediados mi edad había alcanzado su propia década. De modo que cuando me daba por salir a la calle a hacer de las mías, con esa edad... ya sabéis... como que el tiempo pasa más rápido.
- Niño, aquí a las do, pa la comida ¿eh? Que no te tenga yo que llamá.
- Jí, mamá.
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foto: AdR Y yo me iba a la calle con mi bici azul del mar. Bájate la bici desde un tercero, y luego súbela, con el peso de la caló. Y pasaba el rato oyendo sus neumáticos de goma haciendo ruido sobre la gravilla. Levantando polvo, y el sudor cayendo por mi rostro. Y le daba la vuelta a la manzana unas cuantas veces hasta que me encontraba con algún amigo:
- Amo a da unos cuanto sarto por aquellos monte.
Y allí iba AdR, sin miedo. A saltar. Pedales y más pedales, el viento golpeando en las caras y la arena mordiendo las pantorrillas... y el tiempo que pasaba.
- ¿Qué hora e?. - No tengo reló. - Yo tampoco. - ¿Tienes hambre?. - Yo no. - ¿Una carrera? - Enga, vale.
Y el tiempo pasando, y a mí me daba miedo pasar por debajo del balcón de mi casa.
- Creo que mi madre está asomá.
Y de una cabecita diminuta salía un grito pretérito que ni el fuerte viento de levante se podía llevar. Una voz como de gruta, como si hubiese sobrevivido a terremotos e incendios de otra época:
- ¡ Áaaaaaaanngeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeee(l) ! - ¡Ojú!, pisha, ya me voy yo. Creo que luego no voy a podé bajá. - Bueno, ya nos veremo. - Ji, adió.
Y cuando me acercaba al portal ella me gritaba:
- ¡Zube parriba! ¡Ahora mismito!. - ¡Ojú! (es que subí pabajo tiene que sé una jartá difici, maíta).
Y arriba. Una vez soltaba la bici en el descansillo:
- Ya te puede i lavando las mano. Mira como me viene. Comiíto de mierda. Pero ¿dónde has estao? Mira las rodilla, mira, mira, mira... Te has hesho sangre y to. Desde luego... Esta tarde no sale ¿eh?, que lo zepa... y mañana ya veremo.
Y el metro y pico de AdR caminando cabizbajo, tan inútil como un hombre de hojalata sacado de un cuento. Me enjabonaba la mierda desde las manos hasta los codos. Y el agua se volvía gris. Y cuando me iba a sentar a la mesa ella decía:
- Hasta tu padre ha venío a comé y se ha vuerto ar trabajo... Desde luego... ¡Deja a tu hermana, anda!. Ahora que está tranquila. Y siéntate ya.
Y me plantaba un plato por delante.
- Ojú, mamá... ¿otra ve lenteja? Con to la caló que hace... - Ya zabe lo que dicen de ella: "Quien quiere las come y quien no las deja". - Las dejo, las dejo. - ¡A ve si tiene cojone!
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