Por Enrique Ballester el 17-Apr-2010 |
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A finales de junio, cuando la mayoría andemos envueltos en la excepcional locura del Mundial de Sudáfrica, un puñado de aficiones vivirán, al límite, emociones de andar por casa, pero igual de intensas y verdaderas. Pocos resultados se celebran más entre los pobres del fútbol que un ascenso de categoría, porque el logro encierra un segundo premio, aplazado en el tiempo. No sólo es subir, la fiesta del momento, también se trata de soñar, en el curso siguiente, con lo máximo, viendo desfilar por tu estadio a los mejores clubes del país, a sus mejores jugadores, bajo los focos más ilustres. Justo, mientras España, Brasil, Argentina, Italia e Inglaterra, y los demás, arranquen su escalada hacia el trofeo de la Copa del Mundo, Real Sociedad, Levante, Hércules, Cartagena y Real Betis, con permiso de Elche y Numancia, se jugarán su presencia futura en Primera División, Liga BBVA, para más señas.
A falta de diez jornadas para la finalización del torneo de plata, la recta final se presume apasionante. Cinco equipos en seis puntos, con la pelea abierta por las tres plazas delanteras y con inercias caprichosamente variables. Los perseguidores han conseguido que nadie se escape, que todos penen inmersos en la angustia del miedo al fracaso, con la estrepitosa caída del Hércules como ejemplo calamitoso. El cuadro alicantino, que sólo había perdido dos partidos en toda la primera vuelta, y parecía, por fin, acariciar un ascenso que aliviase los sudores ante tanta inversión económica, ha descarrilado por completo. Apenas ha sumado un punto de los últimos dieciocho, en seis partidos en los que ha sido incapaz de marcar un solo gol. Increíble. Esteban Vigo necesita un raudo cambio de dinámica para salvar, primero, su pellejo y, después, al equipo de la catástrofe.
Quien lidera el torneo es la Real Sociedad, con seis puntos de ventaja respecto al cuarto, que es, precisamente, el Hércules. La Real roza su trabajado regreso a la máxima competición, asido a la buena mezcla de futbolistas de la tierra con otros de rango internacional. La progresión de Griezmann es una de las noticias de la temporada, así como la irrupción de Zurutuza. Hasta un estadio tan frío como Anoeta bulle en las últimas citas, acercando el aliento a través del tartán, consciente de lo que hay en juego. Sólo cabe objetar, ante la cuestión de un final feliz, la influencia de la baja de Claudio Bravo, en la portería, y la respuesta del colectivo en varias de las complicadas salidas a domicilio que le restan por cumplir, frente a Cartagena y Betis.
El Cartagena es la mayor sorpresa del campeonato. Recién ascendido, cimentó su plantilla en la incorporación de futbolistas veteranos como Pascal Cygan, Quique De Lucas o Víctor Fernández, entre otros. Casi veinte fichajes y entrenador nuevo, para cumplir las ansias de triunfo de su peculiar presidente, el constructor alicantino Paco Gómez. El coherente trabajo de Juan Ignacio Martínez, en el banquillo, y la desbordante ilusión que se respira en el estadio Cartagonova son sus dos mejores bazas para coronar su brillante campaña.
En las antípodas asoma el Real Betis. Todo lo que uno tiene por perder, el otro lo tiene por ganar. Lo que para el Cartagena es deseo casi infantil, pero no ingenuo, para el Betis es urgencia y presión. La llegada de Víctor Fernández al banquillo ha ayudado tanto como el fichaje de Jonathan Pereira. Uno ha aportado cuajo y experiencia, el otro, básicamente, goles decisivos. La plantilla verdiblanca debe dar un paso al frente, ante la máxima exigencia que le aguarda, y demostrar el porqué del prestigio y del sueldo de futbolistas como Mehmet Aurelio, Capi, Arzu, Emaná o Sergio García.
El último en llegar a esta pelea de largo recorrido ha sido el Levante. Con un partido más, el de la victoria del viernes en Girona, a domicilio, ha escalado puestos y es, por el momento, segundo. El viento favorece a la escuadra que dirige Luis García Plaza, de menos a más, forjada desde el orden y la ausencia de errores. El Levante, que encontró la puntería que le faltaba con el refuerzo invernal de Rafa Jordá, define uno de los rasgos principales de la Segunda española: es un equipo que no pierde, hay que ganarle. Y apenas un rival, la Real en Anoeta, ha sido capaz de vencerle en los últimos dieciséis partidos. Un registro contundente, idóneo para encarar, con la confianza disparada, la hora de los valientes.
foto: erreala.com
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