Por Pol Gustems el 16-Dec-2010 |
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Empezó la Ligue 1 en un Vélodrome lleno hasta la bandera, disfrutando aún de los ecos del éxito reciente. Didier Deschamps había devuelto los títulos a Marsella, diecisiete años después, ganando liga y copa en su primera campaña. Ese día de estreno liguero su rival era el Caen, recién ascendido de la Ligue 2, una hipotética cenicienta que silenció el estadio marsellés, convirtiendo un día de fiesta en lunes laborable en noventa minutos, presentación en sociedad de Youssef El Arabi. Mamadou Niang, portador del brazalete de capitán, fue la mitad del que acostumbraba. Hoy, sin adorno en el brazo, viste la camiseta del Fenerbahçe. Tras el descanso hubo un atisbo de esperanza para el campeón, cuando Mamadou Samassa empató el partido a pase de Hatem Ben Arfa. Goleador y asistente fueron los elegidos por Deschamps para revolucionar el encuentro en la segunda mitad, y lo consiguieron. Hoy Samassa marca goles en el Valenciennes y Ben Arfa lo hacía ace poco en Newcastle, hasta que Nigel De Jong se cruzó en su camino.
Ese mismo día Claude Puel insistía en sus malabarismos tácticos en Gerland, ante el Mónaco, al que no pudo hacer ni un solo gol. La versión del Lyon en la competición casera es tremebunda. Pese a llegar más lejos que nunca en la pasada Champions League, pese a contar con la mejor plantilla de Francia y pese a los casi obligados buenos resultados recientes, aburre a todos menos a Aulas. Tanto aburrió aquél día que se decidió fichar a Yoann Gourcuff, del que algún día deberíamos hablar con más detenimiento. Ah, el Burdeos, aún con Gourcuff, perdió los dos primeros partidos. Una vez sin el mediapunta francés, sin haber superado la marcha de Chamakh, el equipo de Jean Tigana se unió al club de los gigantes en apuros, protagonistas en la parte baja de la tabla. Una zona que, ¡sorpresa!, también frecuentaba el Lille. El conjunto de Rudi Garcia empató sus cuatro primeros partidos. Por lo tanto, empezaron igual de mal que los grandes. No han aprovechado su flaqueza para colarse. El liderato que ostentan no se explica por los puntos que perdió el resto en una salida en falso. Ellos también se salieron en la primera curva.
Cuando volvieron a la carrera demostraron ser más rápidos. La edición de la semana pasada de la revista France Football, tituló el 6-3 que le endosó el Lille al Lorient con una frase magnífica: Política de talento. La comparación con el resto es odiosa. El capitán y mejor jugador del Marsella en la jornada 1, juega en Turquía. El mejor del Burdeos, fichó por el Lyon. Y en Lyon, mientras esperan la versión buena de Gourcuff, el mejor está en la portería. En cambio, los mejores del Lille son los mismos que la temporada pasada, que en vez de retroceder han avanzado tres pasos de golpe. Laurent Blanc, que de esto sabe un rato, confía en Adil Rami como titular en la defensa, Yann M’Vila como eje del centro del campo, y, ay, si fuera francés, no dudaría un segundo en llevarse a Eden Hazard a su selección.
No hablamos solo de jugadores, también de propuesta. De política, como decía la revista francesa, que prioriza un tipo de fútbol. El que practica el Lille lo podemos meter tranquilamente en el saco de Barcelona, Arsenal y Borussia Dortmund. Cada uno en un nivel distinto, con jugadores distintos, entrenadores distintos y filosofías -aunque parecidas- también distintas. Estos cuatro equipos practican el fútbol que más me atrae de Europa. Lo personalizo, porque entiendo que cada uno puede tener unos gustos y modelos de referencia diferentes. El Lille ya jugaba sin ganar el año pasado. En este las victorias le dan sentido a su fútbol. El que controla Mavuba, dirigen Cabaye y Balmont, defienden Remi y Chedjou, corre Debuchy, recibiendo siempre en campo contrario, y magnifican el trío atacante. Moussa Sow, vividor del gol. Gervinho, a veces enemigo del gol y Eden Hazard, al que fichará un grande cuando tenga un poco más de gol. Al once tipo se le suman tres o cuatro suplentes que podrían ser titulares, Frau, Obraniak o De Melo, que garantizan el rendimiento continuado si falta alguna pieza.
Hazard. Hablar del pequeño belga ahora es como hacerlo hace dos meses de Gareth Bale. No vamos a descubrir a nadie. Desde que tenía 16 años y fichó por el Lille, ya insinuaba todo lo que tenía. Esta será su cuarta temporada como profesional. En las anteriores, discontinuo, se le encasilló como un futbolista irregular, de un día de brillo y tres sin sol. Tenía detalles, pero sólo de vez en cuando. El problema para el Lille, que no podrá retenerle eternamente, viene cuando se dedica a repetir exhibiciones partido sí partido también. La duerme en el pie, un pequeño guante. Luego arranca a una velocidad endiablada, sortea, dispone y si se anima, machaca. Más potente de lo que parece, intentar quitarle el balón es exponerse al ridículo. No tiene el mismo escaparate que Bale ante el Inter, en Champions League. Tampoco el Lille, que solo podría enseñar lo que guarda al mundo de continuar liderando la Ligue 1, o bien llegando a las últimas rondas de la Europa League. Para ello, hoy disponen de una prueba de fuego, ante el Gent. El sitio de privilegio que ahora ocupan no ha llegado de rebote o por un estado de ánimo, sino por ascensión natural, como la carrera de Hazard. Llegar así es tener más opciones de mantenerse en el pedestal.
Fotografía | Lille fr
Una pasión llamada fútbol | Eden Hazard
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