Los glaciares son unas excelentes fuentes para conocer el Pasado. Los niveles de plomo presentes en ellos nos muestran cuáles fueron los niveles de contaminación que antaño intoxicaron a nuestro planeta. Para sorpresa de muchos, lejos de ser producto de la Revolución Industrial, el impacto del hombre sobre la Tierra ha sido gravemente perjudicial desde
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que se independizó,
de facto, de los designios de la hostil Madre Naturaleza. Un análisis de los glaciares de Groenlandia (tal y como recoge Hughes, J. Donald en
Pan?s Travail: Environmental Problems of the Ancient Greeks and Romans, 1994, Baltimore, citado en
Rubicón de Tom Holland) nos repara una sorprendente sorpresa.
Consultando la mismísima Bíblia (Macabeos 8.3.)
Hispania fue presa de los
publicani, funestos concesionarios de la República Romana encargados de recaudar y explotar las riquezas de las nuevas tierras por colonizar, eso sí, adelantando la suma de sus futuros beneficios a la Hacienda romana. Obviamente, el beneficio de la empresa se sustentaba en la extorsión y expolio de los nativos, haciéndose con todas las riquezas que tales tierras pudieran detentar. En el caso español el fenómeno llegó a límites que no se alcanzarían hasta bien entrada la Revolución Industrial. Las columnas de tóxicos humos poblaban las planicies de la Península Ibérica, siendo testimonio del grave crimen humanitario que se estaba perfeccionando. Mano de obra esclava caería muerta intoxicada por la emanación de fatales aromas venenosos. El oro y la plata hispana no parecían tener fin para el hambriento monstruo
publicani, no siendo los corruptos senadores control alguno para el infernal negocio.
Es posible que los autores sobredimensionen la maldad de la escena, no obstante, poca justificación puede recibir la acción romana a juzgar por los rastros encontrados en el Ártico. Sin duda alguna, tales concentraciones de plomo debieron de ser plenamente perjudiciales para el minero de turno. A diferencia de la Actualidad, existían pobres almas, esclavas, a las que se podía obligar a trabajar en las minas. El trabajo era evitado por los libres, explotado en la figura de los esclavos, o no sin cierto aire gótico, muertos en vida.
La contaminación producida a lo largo del orbe romano no sería exclusiva de nuestra Península. Desde los tiempos de Gibbon se ha expuesto la tesis de que el Declive del Imperio bien pudiera guardar relación con una eventual intoxicación de la población romana por el consumo excesivo de partículas de plomo. Parece ser que las viejas canalizaciones pudieron producir tal fenómeno, pero cuesta creer que el ingenio tecnológico latino no se diera cuenta de la lastra, y mucho más, que tal mal aquejara a todo el grueso de la población del Imperio. Pese a todo, no parece que los romanos fueron los únicos ?criminales ecológicos?. Pocos no alcanzarán a recordar las colosales cabezas de la Isla de Pascua. Tal paraíso chileno, totalmente aislado en las aguas del Pacífico, fue testigo de una de las más graves tragedias ecológicas de las que ha sido causa directa el hombre.
La tala de la última palmera, necesaria para el traslado de los colosos de piedra, o
Moais, provocó una crisis ecológica en la isla que detentaría conflictos religiosos. Como en tantas otras ocasiones, tales
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conflictos encubrían conflictos socio-económicos que no sólo conducirían a cruentas guerras, sino que también se llegaría al canibalismo?
Algo parecido pudo haber acaecido con la gran Civilización Maya, las probabilidades de que ello sucediera superan a las de que se perfeccionara la hipótesis de algunos de que los marcianos se llevaron a la elite dirigente. El suelo de la selva tropical dista mucho de ser fértil, en términos biológicos, el grueso de la biomasa se concentra en la riqueza de la biodiversidad existente en tales ecosistemas, no dejando nutriente alguno en la tierra.
Minas, materiales para la construcción? los medios rara vez han justificado los fines, mucho menos en lo ecológico. El ser humano se ha empeñado en someter a la Naturaleza a sus más caprichosos designios, no conociendo lo bueno del límite y el autocontrol como especie. Se me ocurre que quizás tenga algo que ver con el descubrimiento de la agricultura, poco podemos comprender la capacidad de nutrirse suficientemente sin tener que cultivar o criar alimento alguno. Cómo se le ocurrió al hombre plantar el primer trigo o criar la primera cabra es un misterio. Seguramente del tipo de misterios del que forman parte las prácticas ecológicas. Plantar pinos, salvar especies de la extinción? quién sabe si nos hallamos ante un gran cambio de paradigma, un descubrimiento global de la especie, un designio de la Naturaleza, que por Selección Natural nos llega a nosotros con el sino de asegurar nuestra supervivencia?