Por Ramón Flores el 16-Apr-2011 |
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Calentando motores para el clásico en fascículos que comienza esta noche, os ofrecemos un breve perfil de los protagonistas de los duelos. Comenzamos con el Madrid.
Casillas: Ni su mejor ni su peor temporada, da la impresión de haber tocado techo. Será siempre el santo por sus reflejos felinos, su ángel en las grandes ocasiones y su frialdad en el mano a mano, pero no parece que vaya nunca a pasar de ser un portero correcto por alto y con deficiente juego de pies. Menos decisivo y necesario que otras temporadas por la consistencia de la zaga.
Marcelo: El año de la confirmación. Nunca se alejará demasiado de la vulgaridad como defensor, pero su producción ofensiva se ha incrementado de tal modo que ahora mismo ofrece al equipo un poder en el flanco zurdo que hacía años que no se disfrutaba en el Bernabéu. Insistente, profundo y afilado, ha mejorado en los centros, ha ganado en consistenca y comprende mucho mejor el juego. Le ha beneficiado la organización del equipo y que Di María mantenga ocupado con frecuencia al lateral contrario. A día de hoy es más necesario que otros jugadores con más nombre.
Arbeloa. Tan discreto y cumplidor como siempre, el más empanado del vestuario madridista sigue construyendo una carrera en principio impensable para un futbolista de tan discretas cualidades técnicas. Juega mucho en su favor poder jugar por las dos bandas, y su consistencia defensiva le da cierta chance para tener minutos en los próximos clásicos. Más duro de lo que parece, recuerda un poco a Chendo en algunos aspectos.
Pepe. Llamado a ser el nuevo Hierro desde que un día asombrara en el Nou Camp por su jerarquía, velocidad y capacidad de anticipación, el poderoso defensa de Maceió está perdiendo la categoría de indiscutible y el aprecio de su afición por su juego subterráneo, su violencia a veces excesiva y, sobre todo, la sensación de inmadurez que le convierte por momentos en una bomba de relojería. Siempre defendido por Mourinho, le ha perjudicado el culebrón de su renovación. Más cualidades que cabeza.
Carvalho. Llegado al Madrid de la mano de un Mou que siempre ha sacado de él lo mejor como futbolista, es uno más de la lista de ilustres veteranos que ofrecen al Real Madrid buen rendimiento al final de sus carreras. Sobrio y tranquilo, infranqueable por alto, sabio en la colocación y con criterio para irse al ataque cuando las circunstancias lo requieren, está firmando ?a pesar de un pequeño bajón en la segunda vuelta- una gran temporada. Será baja en la primera semifinal de Champions.
Albiol. Menos presente que en la temporada pasada en la que lo jugó prácticamente todo, el central valenciano se ha afianzado en la plantilla en una temporada difícil para él. Llegó de puntillas arrastrando una cierta fama de defensa blando y poco expeditivo, pero ha resultado la viva imagen de la regularidad, y apenas se le recuerdan fallos. Perjudicado por la lesión de principios de temporada, no es una herejía afirmar que está para discutirle la titularidad a Pepe.
Sergio Ramos. Una sombra del futbolista que llegó al Madrid y del que rayó a un nivel excepcional en las temporadas de Capello y Schuster, el de Camas ha visto recortadas esta temporada sus prestaciones atacantes, sin que ello haya repercutido en una mejora a nivel defensivo. Tácticamente desordenado y víctima demasiado frecuente de extremos hábiles, cada vez parece más que o es central o no es nada. El problema suyo, y sobre todo del Madrid, es que el overbooking de centrales se corresponde con escasez de laterales. Ya no se oyen ofertas por él.
Lass. Anárquico por naturaleza, aislado en el vestuario y bastante conflictivo, el antiguo lateral del Chelsea suele ofrecer buenas prestaciones frente a equipos medianos, y naufragar en los partidos de enjundia por su escaso conocimiento de la posición de medio centro. Buen futbolista en espacios cortos y bastante resistente a pesar de su escasa estatura, ha repuntado algo en los últimos partidos tras una primera vuelta para olvidar. De vez en cuando deja algún detalle técnico de altura, pero no le queda demasiado recorrido en el Madrid. No estará hoy por lesión.
Khedira. Favorecido por su pertenencia a la estupenda selección alemana del Mundial, llegó al Madrid con la vitola de jugador sólido y disciplinado, solidario y con llegada, aroma box to box. Jugador del agrado de Mourinho, ha demostrado en seis meses que no tiene ningún peso defensivo, es incapaz de dar un pase a más de cinco metros, es inofensivo en ataque a pesar de ponerle voluntad, y se vuelve más invisible cuanto peor se ponen las cosas. Su mayor virtud es el poderío aéreo en las disputas, y juega a su favor que, como no intenta nada, se equivoca muy poco. De los futbolistas más limitados que han jugado en el Real en mucho tiempo, uno lo imagina en el Camp Nou como suplente del suplente del suplente de Busquets.
Xabi Alonso. El jugador más importante del Madrid, el que sostiene un equipo que en su ausencia se ha desplomado casi sistemáticamente. Inigualable en el juego en largo y correcto en el desplazamiento corto, añade a su juego exquisito una profunda sabiduría y un compromiso defensivo que frecuentemente pasa desapercibido. Cerebro del equipo en el sentido más clásico del término, es ya el capitán in pectore de una escuadra necesitada de referentes. La única posibilidad del Madrid de disputarle a medio plazo la hegemonía al Barcelona es fichar los acompañantes adecuados para que en partidos como el de mañana no sea la voz del que clama en el desierto.
Granero. Futbolista con muchos amigos en el periodismo y al que viene de perlas proceder de la cantera, no acaba de dar el paso adelante que hace falta para triunfar en un equipo como el Madrid. Poseedor de un estupendo toque de balón, bueno a balón parado y con una habilidad natural para la diagonal y el cambio de juego, acaba pasando de puntillas por los partidos que disputa como un fantasma timorato y falto de carácter. No ha respondido ni a Pellegrini, que le dio su confianza, ni a Mourinho, que desconfía bastante más de él, porque además no es su tipo de futbolista. Su mejor partido, en el Sardinero.
Gago. Ausente muchos partidos de la temporada por una lesión, el que Segurola definió un poco audazmente como el nuevo Guardiola en sus tiempos de Boca ha acabado sumergido en una tiniebla de indefinición, y seguramente escogió el camino equivocado para adaptarse al fútbol europeo: en lugar de reforzar su juego natural de toque fácil y apoyos, intentó dotarlo de una intensidad física para la que no está preparado. Es muy probable que no siga el próximo año, y no jugará hoy.
Özil. El nuevo niño bonito del Bernabéu, un mago con ojos de camaleón con un don para realizar acciones casi imposibles, tan estéticas como útiles, que en un segundo devuelven el precio de la entrada. Heredero natural de Guti, flota como un elfo sobre el césped, juega con el despego de los elegidos y mejora la mayoría de los balones que pasan por sus botas. Más constante ahora que a principio de temporada, está a un partido grande del estatus de estrella mundial. Con 22 años, debe leer esta serie de partidos como una gran oportunidad.
Di María. La sorpresa esta temporada para una gran parte del público del Bernabéu, que no sigue la Superliga portuguesa y en el Mundial vio pasar desapercibido a un futbolista con aspecto de no dedicarse demasiado a la buena mesa. El Fideo comenzó a cambiar esa percepción desde el primer día, a base de velocidad, sacrificio, una capacidad para el uno contra uno de la que no anda sobrada la plantilla blanca, y buena relación con el gol, especialmente a través de la media distancia. Su única cruz es un físico endeble que no respalda su juego pletórico de intensidad. En cualquier caso, desequilibrante.
Kaká. El Balón de Oro de 2007 lleva tiempo defendiendo con uñas y dientes su candidatura a fichaje menos rentable de la historia del fútbol. Siempre protegido por los medios, que no tienen rubor en anunciar su recuperación por un partido medio bueno y dos goles de penalty, la realidad es que en dos años apenas ha podido verse algún destello del torbellino de potencia y clase que asombró en San Siro. Lastrado por un Mundial que no debió disputar y una infinita sucesión de problemas físicos, la calificación de ex-futbolista planea sobre él, y pocos en el club confían en recuperar siquiera una parte de la inversión realizada. La posibilidad de que pueda quitarle el puesto a Özil resulta grimosa.
Cristiano Ronaldo. Como el año pasado, el futbolista más mediático del mundo está firmando cifras de ensueño, y su comienzo de temporada resultó ciertamente arrollador. Sin embargo, resultan preocupantes en un jugador de su caché la incapacidad para desenvolverse en espacios cortos ?y por tanto de romper partidos-, sus problemas con el juego asociativo y su diarrea disparadora, que cierra demasiado pronto muchos ataques del Madrid. Da la impresión de que con un poco de mentalización en la dirección adecuada podría dar bastante más de lo que da. En cualquier caso, su rendimiento será una de las claves de estos clásicos.
Higuaín. Empezó como un tiro la temporada, pero una hernia lo ha dejado prácticamente inédito. Parece que ha vuelto relativamente en forma, y su regreso es una gran noticia para el Madrid, que necesita de su capacidad para buscarse ocasiones, su estupenda interpretación del contragolpe y, muy especialmente, de su voracidad competitiva, una virtud que no le sobra a ninguno de los dos nueves actuales de la plantilla blanca. Pueden apostar por su titularidad en alguno de estos clásicos.
Benzema. Pocas veces la amenaza de perder el puesto ha producido un cambio tan drástico en un futbolista. El delantero tímido y ausente, inofensivo y estático que ejerció de alma en pena durante año y media sufrió una metamorfosis digna de Ovidio para convertirse, casi de un día para otro, en la viva imagen del killer que asombró en Lyon. Desde su resurrección, ha goleado en todo tipo de escenarios, sacado a la superficie la sutileza que siempre le caracterizó, y practicado el preciso juego de paredes y desmarques que le define como jugador de altísimo nivel, mucho más que un simple ariete. El espectro que vagó por el Camp Nou un lejano lunes de Noviembre se ha corporeizado, y si ha recuperado el nivel anterior a la lesión, una afilada punta de lanza apunta a Valdés.
Adebayor. El parche invernal cayó de pie sobre el césped de Chamartín, y la suma de dos goles casi inmediatos con el aspecto de príncipe de la sabana y la sonrisa infinita parecían prometer titularidad e idilio con la afición. Sin embargo, pronto se ha visto que el jugador que hay dentro de Manolazo no está a la altura de su aspecto imponente, y que tenemos a un delantero que destaca por su zancada y físico, pero que ni es goleador ni domina suficientemente suertes básicas como el control y el pase. Redimido por sus importantes goles al Tottenham, apunta a titular para mañana, pero su carrera a medio plazo en el Madrid es o debería ser una incógnita. Llega hasta donde llega.
Y poco más queda ya que decir. De Canales y Pedro León, que algo les debe de haber pasado con Mourinho, porque no es normal lo que ocurre con ellos. De Garay, que de nada le ha servido su gran año pasado. De Dudek, que debe ser el tipo que más cobra en el mundo por minuto trabajado. Y de los canteranos, Morata, Adán, etc., que siguen esperando su oportunidad. En cualquier caso, es ciertamente improbable que ninguno de estas jugadores pese mínimamente en tormenta que se avecina. Salvo en el caso del amortizado Jerzy, su momento en el Madrid está por llegar.
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