Por pocote el 11-Sep-2008 | La millonaria campaña publicitaria, la demagogia y la mentira constante del gobierno, lubricada con intentos democráticos e hipócritas planteamientos sobre derechos humanos ("gobierno con sentido humano", propalan cínicamente), no han logrado detener el alza en los precios de los artículos de primera necesidad. Sus mentores en economía como Keynes y Galbraith, tampoco han ayudado a disminuir el alto costo de la vida y, por el contrario, cada día que pasa la situación se complica en la mayoría de los hogares salvadoreños. No obstante el uso frecuente de vocablos espeluznantes como problemática, contexto, crisis y deterioro, subió primero el precio de los aguacates, después la manteca de cuche y el aceite, luego la carne ?no sólo la asociada, según teólogos, al mundo y al demonio?sino la distribuida en retazos con hueso, pulpa y filete. Sigue la leche, en este país de milagrerías donde la mayoría de niños no la conoce, no tardan los frijoles --$0.90.00 actualmente la libra?y, como postre y golpe de gracia a la penuria, ahora las tortillas, no sin haberlas precedido para melancolía de paladares plebeyos aunque sabios, güisquiles, chiles, papas, yuca, tomates.
Al momento no contamos con el porcentaje exacto del alza de los precios, la curva de incidencia, ni la correspondiente gráfica. El supuesto encargado de tales cifras en el Ministerio de Economía se limitó a respondernos por teléfono que "estamos trabajando en procesar esos datos". A renglón seguido, como dicen los periodistas, nos aseguró que "los precios se han estabilizado y es mínimo el aumento?" válgame Dios con expertos de tal especie. ¿A quién pretenden engañar? ¿Al ama de casa? ¿A los organismos internacionales que estudian tales variables? ¿A quién?
Al salvadoreño común, a la señora que al menos dos veces por semana va al mercado, es muy difícil por cuanto saben cómo están los precios de los artículos de primera necesidad. Las cifras del empleado medio quien nos atendió en el Ministerio de Economía, son las que manejan desde el titular de la cartera al mismo presidente de la república. En marzo de este año, en Economía Agropecuaria nos revelaron que la cosecha de cereales de 2008 sería "muy superior" a la de 2007. "Los salvadoreños tendrán buenas noticias de su gobierno (ese con "sentido humano") ya que los frijoles volverán a precios de $0.50.00 la libra". Suponemos que después de decir semejante mentira, sus carcajadas fueron escuchadas hasta en el mismo despacho de Casa Presidencial. Con funcionarios así, nadie se muere de hambre ni de angustia en este país. Bueno, estamos a la espera de "la gran noticia" ya sea en boca del Ministro de Agricultura o del mandatario. Al fin y al cabo, la mentira, como dicen mis compatriotas, "tiene patas cutas".
Las pupusas tan celebradas en cuanto festival gastronómico que se realice, ya no son baratas y perdieron el sabor y la calidad de aquellas que consumíamos hace algunos años en Santa Tecla y en Planes de Renderos. Ahora los bufones de CONCULTURA buscan modo, a ritmo de la "chanchona" de Arcadio, de calmar a la plebe tecnodependiente; pero esas delicias, así como tortillas, quesillo, enredo, frijoles y chilate contradicen tan melódico y erudito lenguaje. El hambre es malévola y quien la aguante, más.
Por desgracia, nadie es capaz de multiplicar panes y peces, tortillas y pupusas, ni se sabe de computadora alguna (con excepción, claro está, de la mágica encontrada por las fuerzas armadas colombianas en las profundidades de la selva ecuatoriana, que todavía sigue escupiendo documentos, informes secretos, conspiraciones a la medida de la Central de Inteligencia de los Estados Unidos), capaz de emitir, en lugar de signos cabalísticos, sabrosas ensaladas, chicharrón, atole de elote o tan siquiera esos embutidos de Cojutepeque o las famosas papeladas de yuca con chicharrón (fritadas le dicen) de Mejicanos.
Más, como dirían los sabios y expertos en cifras, estadísticas y gráficos, un acto es sentarse frente a la máquina de escribir o la computadora, como diariamente hace el dinosaurio de el diario de hoy, para tratar de convencer a los salvadoreños de que ahora vivimos mejor que hace 100 años o que el trabajo infantil ayuda al desarrollo de la niñez, y otro dar la cara a la realidad. Nos sentimos, Narcisos incurables (dejo constancia que no me refiero al presentador chileno de la televisión quien recibe salarios y dietas a diestra y siniestra por asesorar a funcionarios salvadoreños), químicamente puros y vemos en políticos ?por cierto ¿los hay en El Salvador??y funcionarios la más turbia impureza. Bueno, y por cautela y a fuerza de tecnodependientes, veremos en cada tecnócrata un arcángel, querubín alado, pulido tecnógrafo y, con manos distantes de tufos acusadores, a millonarios inscritos en Arena, pues Keynes sabía y Galbraith es testigo: el dinero no huele.
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