Con los sucesivos gobiernos de Arena el país no ha avanzado en materia social, económica y política. Por más esfuerzos propagandísticos que los asesores de comunicación del régimen hagan para vender la idea que ahora estamos mejor que hace algunos años, los sueños y las declaraciones se estrellan contra la realidad. Nosotros quisiéramos no ser profetas del desastre y atribuirle una mínima contribución al desarrollo del país al presidente Saca; pero los índices de pobreza, de migración del campo a la ciudad y hacia los Estados Unidos, así como la delincuencia y los homicidios han aumentado considerablemente de acuerdo con estudios especializados de la UCA, FUSADES y organismos internacionales como la CEPAL y la misma FAO, UNICEF y la UNESCO de las Naciones Unidas.
El Salvador ha retrocedido a pesar del canto de sirenas y de esos anuncios cosméticos de los patrocinadores y publicistas del gobierno. Somos un país de ruidos que aturden y no de voces que orientan. La confusión que nos satura, amenaza con hacer de esta patria nuestra un lugar de cínicos donde nadie cree en nadie y nadie convence a nadie, y es que el idioma que circula como moneda corriente a lo largo y ancho de nuestra pequeña geografía suele ser el engaño, la falsedad y la demagogia. La verdad sólo la transmite quien la tiene y sólo los convencidos están capacitados para convencer.
Los periodistas y testaferros a sueldo del régimen hablan de un país en democracia, con plenas libertades, trabajo en abundancia y un sistema de economía de mercado. Sólo falta que saquen el relicario y la Biblia y juren que en verdad este es el país de la sonrisa y de la eterna felicidad. Los salvadoreños no comen libertades, tampoco modelos neoliberales y mucho menos pueden adquirir productos alimenticios básicos porque no tienen trabajo. O sea las burdas campañas tienen patas cortas y los compatriotas tienen que ingeniárselas o, como se dice popularmente, rebuscarse para ganar unos cuantos colones, perdón dólares, para llevar al menos una libra de frijoles y de maíz a sus hogares. Por eso reitero que las cifras abultadas de un ?gran crecimiento económico? se estrellan con la dura realidad vivida día a día por los salvadoreños.
Y es que un aparato gubernamental de control de la prensa excepcionalmente eficaz, que pone su mira en los que supuestamente deben orientar a la opinión o pretenden hacerlo, mantiene un engaño permanente sobre falsos logros, así como calumnia fácilmente a todos aquellos sectores a los que considera opositores por no comulgar o aceptar dócilmente sus planes. Lo que debería decirse en la plaza pública se susurra en la penumbra de los despachos ministeriales, convenientemente atenuado para no ofender oídos delicados ni detener manos dadivosas. A la plaza pública, al mercado, a la calle llegan sólo voces marchitas que, en el mejor de los casos, censuran lo adjetivo para poder más cómodamente aplaudir lo sustantivo. Un coro de alabanzas, con buena prosa y malas razones, aturde y renuncia a orientar. He aquí que vivimos en un país feliz, en completa paz, en democracia y con pleno respeto a los derechos humanos. Pues al fin y al cabo estamos dirigidos por ?un gobierno con sentido humano?.
Un funcionario medio del gobierno me comentó que existe malestar y angustia en distintos sectores por la mala selección del candidato presidencial que hizo el COENA; pero además en el mismo seno del régimen por no corregir a tiempo y escuchar los reiterados reclamos por las obras que no se han hecho y por descuidar fundamentalmente el aspecto social. La verdad es LO MAL QUE ESTA TODO. ¿A quien vamos a atribuirle la falta de medicinas en los hospitales públicos? ¿A quién vamos a responsabilizar por el alto costo de la vida? ¿Quiénes o quiénes son los culpables por el encarecimiento de los frijoles, del maíz, la harina o las verduras? ¿A quién vamos a culpar por la desintegración familiar y la constante migración hacia los Estados Unidos? El único culpable es el gobierno. No busquemos excusas de la debacle electoral como una crónica anunciada. El pueblo sencillamente ya se cansó y ahora no es que se haya decidido por un voto de castigo, no, únicamente quiere un cambio y probar si en verdad el FMLN puede comenzar a poner orden en la casa y al menos solucionar parte de esas interrogantes planteadas.
Cuando el sencillo ciudadano que lee el diario de hoy se encuentra con lo mismo todos los días, lo menos que puede pensar es que lo están engañando con campañas sucias, con inventos y con ese recuento de obras realizadas que nunca se ven. Los salvadoreños ya se cansaron de escuchar al Ministro de Agricultura y Ganadería sobre que ?pronto se solucionará la crisis del aumento desmedido de los frijoles?, o a la incapaz Ministra de Economía recomendándole a los panificadores ?utilizar nuevos métodos para hacer pan? y paliar el uso de la harina. ¡Por favor señora Ministra!
Es el pueblo, los salvadoreños los que conocen y saben donde aprieta más el zapato o el caite. Porque, ¿Cómo catalogar un Poder Ejecutivo que censura y no ejecuta? El presidente se lava las manos hablando de pálidos y demagógicos programas como Red Solidaria, Edúcame o Alianza para la Familia; pero eso, de mínimos logros, no es suficiente para satisfacer las necesidades de la población. Así que el anunciado fracaso en las elecciones presidenciales del próximo año, no se lo achaquen al fracasado ex policía Rodrigo Ávila o la mala selección hecha por el COENA. El origen de todo están en la pésima gestión de los cuatro gobiernos de Arena. El pueblo lo sabe y nosotros únicamente hacemos un comentario y una recapitulación de todos esos males.