Por Ramón Flores el 09-Oct-2007 | 
(Debido a su extensión, dividimos este post en dos partes)
Mucho se ha hablado estos días del desastre que va camino de protagonizar el Olympique de Lyon en Liga de Campeones, una competición en la que aún no ha puntuado en dos jornadas, ofreciendo además una imagen paupérrima tanto en el Camp Nou como en su feudo de Gerland frente al Glasgow Rangers. El balance resulta sorprendente tratándose de un conjunto que lleva varios años alcanzando la zona noble de la competición, así que resulta obligado preguntarse por las causas de tamaño desaguisado. Se ha apuntado a las lesiones que han diezmado el equipo ?especialmente las de Cris, Fred y el guardameta Coupet-, el cambio de entrenador desde la pasada temporada, e incluso el hastío tras seis años de triunfos domésticos. Esta última razón no parece particularmente válida, dado que tras un comienzo titubeante, los lioneses ya se encuentran de nuevo en la cabecera de la Ligue 1.
En este post pretendemos llamar la atención sobre un hecho que seguramente también tiene su cuota de importancia en el estado actual del equipo, pero cuya influencia en el devenir actual del balompié continental es sin duda mucho mayor. Nos referimos a la cantidad de jugadores de alto nivel que han abandonado el club en los últimos años para reforzar a los grandes del fútbol europeo. Es posible que el conjunto que tanto prometió frente a Werder Bremen o Real Madrid convoque siempre en la memoria el amargo sabor de los sueños que nunca acabaron de cumplirse, pero la impronta de los jugadores que vistieron esa camiseta blanca en estos años de gloria tardará en dejarse de percibir en el continente. Estos son algunos de sus nombres.
Michael Essien. Originariamente central, llegó a Europa a través del Bastia, conjunto de rancio abolengo que guarda como gran logro su subcampeonato UEFA en 1978. Reconvertido a medio defensivo por necesidades puntuales del equipo, Essien fichó por el Olympique en 2003, y rápidamente se convirtió en el corazón de la mejor versión de los lioneses. Jugador de descomunal despliegue físico, potencia, estupendo sentido táctico, no despreciable técnica y cierto olfato goleador, bastaron dos temporadas para que Mourinho pensara en él y Abramovich aflojara una morterada de espanto -40 millones de euros- para llevárselo a Stamford Bridge. Tras dos temporadas y varios títulos, se ha confirmado en Inglaterra como uno de los mejores medios del mundo.
Mahamadou Diarra. Si Essien es el símbolo de Ghana, Diarra es el de Mali. Más tosco que Michael, su camino hacia Lyon también fue más complicado, e incluyó una peregrinación por clubes de segunda fila como el OFI Creta y el Vitesse Arnhem antes de que su fortaleza llamase la atención de le Guen y se lo llevase a Lyon. Ya en el conjunto francés, y tras algún tiempo de adaptación donde aprendió a controlar su fuerte carácter ?otra de sus bazas, por otra parte- pasó paulatinamente a convertirse en la piedra angular del equipo. Más destructor que Essien, formaron una fenomenal pareja en el medio por lo complementario de sus cualidades. Su buen rendimiento le llevó al Real Madrid de Capello tras otro tránsfer casi-récord, y fue de menos a más en el equipo blanco hasta acabar adquiriendo un carácter fundamental en la consecución del título de Liga. Uno de los mejores representantes del concepto de destructor, tan en boga en el fútbol actual.
Florent Malouda. Francés de origen guyano y educado futbolísticamente en las calles de Cayenne, donde desarrollaba el juego eléctrico que después le ha llevado a la cúspide, Malouda se dio a conocer en el fantástico Guingamp de principios de siglo. Allí, en un conjunto que rozó la clasificación para la Champions, nuestro hombre coincidió con un tal Drogba, y las enseñanzas de Lacombe y su propia progresión le convirtieron en uno de los extremos zurdos más fiables de la competición: físicamente fuerte, con buen regate y bastante gol. Tras tres años en el club bretón, el Olympique le dio la oportunidad de saltar a la élite, donde muy pronto hizo suya la banda izquierda de Gerland. Tras otro trienio de continuo crecimiento y convertido en uno de los baluartes de la selección gala subcampeona del mundo, ha seguido los pasos de su compañero Essien y ha acabado enfundándose la elástica blue. Aún no es titular indiscutible en Chelsea y realmente nadie sabe qué pasará en un club que está viviendo convulsiones en la actualidad, pero si no ocurre nada raro Malouda debería ser el once de los londinenses los próximos años.
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