El desprecio y la cerrada descarga de epítetos que han recibido últimamente los testaferros, prestanombres y mafiosos, como el grupúsculo foro democrático por la libertad, desde todos los frentes, significa que grandes sectores de la población no sólo han puesto ya a estos seres despreciables en la línea de mira, sino que comprenden que ciertamente son fachadas de Arena y parte misma de la campaña sucia, cuando se sienten desesperados ante el avance incontenible del partido FMLN y de su candidato presidencial Mauricio Funes.
Ante ese rechazo evidente y la negación de los salvadoreños a campañas sucias y despreciables, nos preguntamos si ¿irá a desaparecer muy pronto esta especie de nuestra fauna burguesa, precisamente la más robusta y segura de sí misma? No. O, al menos, no por obra de ofensivas del tipo de la que se está enderezándosele. Aun sin haber leído a profundidad a Darwin, puede entenderse que para que una especie cualquiera desaparezca o se extinga, hace falta algo más que sonoros calificativos, que no son más que balas de salva. Con llamar energúmenos a los prestanombres, como ya los llama la población, se les puede aniquilar, ciertamente, pero de risa. Puede también amenazárseles con una catoniana, severísima legislación penal: esto hará más divertido su invulnerable anonimato, su juego del escondite.
El hecho de que la condena pública de los prestanombres, testaferros mafiosos, esté dándose en el marco de un repudio generalizado contra las campañas sucias emprendidas por el partido Arena, así como los nuevos impuestos contra el pueblo ordenados por el gobierno, presta seriedad a esta condena. Pero hacer de los testaferros mafiosos el centro del problema, no conduce sino a un fangoso subjetivismo del que no pueden salir. Es bien sabido que las aguas impetuosas de un río desbordado no se contienen con jaculatorias, oraciones ni cubetas, sino con diques.
En el fondo de la cuestión está la impunidad, la cobardía de las leyes y los aplicadores de las mismas como el Tribunal Supremo Electoral, la Fiscalía General de la República y el mismo Ministerio de hacienda, cómplice por demás, de la evasión de impuestos, pues hasta ahora no hemos visto que se exija una investigación de dónde proceden los dineros que utilizan los testaferros para pagar su millonaria campaña en prensa, radio y televisión. ?La gran prensa?, lidereada por el dinosaurio de el diario de hoy, tan atenta a urdir maniobras contra el FMLN o empresas tan cristalinas y solidarias como Alba Petróleos, no dice nada sobre esos grupos de fachada en cuanto también reciben miles de dólares en concepto de ?publicidad?.
Y eso de campañas sucias y negras encubiertas ya es cotidiano en El Salvador. En las mismas han intervenido empresas supuestamente respetables, el gran capital y el mismo gobierno. Si se reescribiera la historia de todo el periodo de los fundamentos económicos de la burguesía salvadoreña, tal como parcialmente lo hizo el doctor Colindres, el cargo de traición a la patria podría lanzarse a demasiada gente. Pero esto no tiene mucho sentido ahora: para tener el derecho de sentenciar a alguien, dice Sartre, hay que tener también el poder de ejecutarlo. Para los oligarcas el dinero no tiene patria. Y aquí los testaferros, prestanombres mafiosos, sucumben fácilmente ante el soborno en dólares ofrecido por estas mismas personas patrocinadoras y dueñas del partido Arena. Es parte de su juego, no van a ceder fácilmente, nunca entregan el gobierno, mucho menos el poder, sin luchar ?hasta las últimas consecuencias?. Por eso decimos que los unos y los otros son especies difíciles de extinguirse únicamente con balas de salva.
Los prestanombres, testaferros mafiosos, no son un producto netamente salvadoreño. Hijos del choque del capitalismo monopolista con los intereses de los países atrasados, aparecen fatalmente en todos los climas en que es necesario disimular un poco ante el pueblo la explotación de esos países, acomodarse provechosamente al nacionalismo burgués y crear burguesías intermediarias que sirvan de base social a las grandes estructuras multicorporativas del imperialismo y protejan a ésta contra las estatizaciones nacionales. El hábitat favorito de los prestanombres no es otro que el que constituye el principal medio de penetración: las sociedades anónimas, forma organizativa típicamente capitalista que surgió cuando fue preciso captar y centralizar el ahorro público. Si estas sociedades anónimas alcanzan cierta significación estadística en América Latina o en cualquier región integrada al imperialismo, es porque no son más que tentáculos de los gigantescos monopolios internacionales.
Nada más una explicación del origen y los motivos del surgimiento de testaferros mafiosos, de las campañas sucias y del origen de los dineros para patrocinarlas. Por lo tanto, no resultaría tan difícil a la Fiscalía General de la República, por oficio y por petición expresa del Tribunal Supremo Electoral, investigar a todos y cada uno de los miembros del foro permanente por la libertad, para que expliquen de dónde provienen los fondos y si están pagando los impuestos. Es una simple legalidad y una respuesta obligada y necesaria al rechazo categórico de la población a la repetición de campañas sucias que, por lo demás, ya no hacen ningún daño al partido FMLN y a su candidato presidencial, en cuanto el pueblo salvadoreño, así lo entendemos por los comentarios diarios que escuchamos en todos lados, así como por el resultado contundente de las distintas encuestas de opinión pública, ya tomó su decisión de optar por un nuevo gobierno.