Por pocote el 07-Jan-2009 | La fórmula presidencial de Arena ha confirmado por mucho lo que el pueblo salvadoreño ya sabía: la incapacidad de los cuatro gobiernos areneros para resolver los graves y angustiosos problemas que nos abaten desde hace tiempo y profundizados en los últimos 20 años. No hay excusa posible para el alto costo de la vida, el deterioro ambiental, el recrudecimiento de la delincuencia y el crimen organizado, el abandono de la agricultura y esa única política del régimen de crear desempleo masivo para que más de 800 salvadoreños emigren diariamente hacia los Estados Unidos y otros países. La decadencia de este y los anteriores regímenes areneros es ostensible y ominosa, no sólo lo palpamos en la incapacidad para combatir y eventualmente erradicar la delincuencia común que diariamente cobra la vida de diez o más salvadoreños, sino en ese descarado y permanente desabastecimiento de medicinas en los hospitales públicos y en el Seguro Social. Los nacionales de este país y los extranjeros que desempeñan diversas tareas en El Salvador hemos comprobado la carencia de hombres de ciencia, investigadores y profesionales rigurosamente preparados, eficaces y con capacidad para crear e impulsar nuestro desarrollo. Desde luego, en la base de esta situación subyace la poca importancia que los gobiernos de Arena le han dado a la educación. No basta programas demagógicos como Edúcame, becas o bonos, se necesita una Reforma Integral y un basto plan contra el analfabetismo. Esta es la triste realidad en nuestros días: la ausencia de los mejores economistas, ingenieros, arquitectos, diplomáticos, agrónomos, para dirigir y administrar las distintas áreas. Y en medio de este páramo, como en la Edad Media, han surgido los alquimistas empeñados en transformar la materia en oro puro, han surgido unos seres indefinidos (tránsfugas, mercenarios, oportunistas y traidores, como les llama el pueblo salvadoreño) que no se sabe sin son cultivadores de una ciencia, de una técnica o bien son simple y sencillamente cultivadores de una nueva magia. Estos son los economistas, los administradores de empresas, nueva fauna de la vida política y social que se presentan armados de un léxico esotérico y críptico, de una serie de estadísticas falsas y prefabricadas, y que nos recetan, con engolada voz y complejo léxico, cataplasmas de ilusión y sinapismos de pedantería huera y oropelesca. Sí, uno de ellos es el tránsfuga Arturo Zablah, el alquimista y agorero de la Edad Media, el redentor y salvador de la patria, el as escondido de Arena, quien consultando la bolita mágica ha descubierto después de 20 años que la preocupación ?más grande? de los salvadoreños ?es tu economía?. ¡Por favor, a otro perro con ese hueso!. A renglón seguido expresa que van a ?aumentar los salarios y pensiones?, aumentar la producción industrial y de servicios, ?con créditos oportunos y apoyo técnico?. Y la gran pensada ?vamos a detener los abusos en los cobros de los servicios públicos y en el costo de la medicina?. En plena campaña política, cuando ya es demasiado tarde, viene a ofrecer lo que cuatro sucesivos regímenes areneros no le han dado a los salvadoreños. De esta decadencia, de la catástrofe, es responsable el gobierno y nadie más. Por donde se le quiera vez y analizar, Arena ha favorecido a los grupos económicamente poderosos de siempre, ha privilegiado la importación sobre la reactivación del agro, ha dado todas las ventajas fiscales, arancelarias, de distribución y mercado abierto sin regulaciones de ningún tipo para que los monopolios de los combustibles, de las medicinas, los fertilizantes y todos los insumos agrícolas, de la telefonía y la electricidad abusen y se aprovechen de las necesidades de la población. Frente a tan palpable realidad ¿qué puede argumentar y ofrecer el señor Zablah y el incoherente policía fracasado Rodrigo Ávila? Una perversa política criminal impulsada bajo un modelo neoliberal que por voluntad popular está a punto de terminar. Esa industria nacional que promete ?apoyar? el tránsfuga Zablah, progresa con lentitud y llena de taras y deficiencias y la llamo industria nacional con indudable optimismo, ya que la ?valiosa? y ?preferida? está en manos de extranjeros. Y esta decadencia en este rubro al igual que en el agro es imputable en su totalidad a los gobiernos de Arena. Desde luego, esta regresión económica es más sentida en la pequeña y mediana empresa. Si carecemos de una adecuada planeación, si no existe espíritu creativo y nada más se favorece a ?los amigos del partido? y a ?los recomendados del presidente?, la culpa es del régimen y de esa ?argolla dorada? que se llaman a sí mismos tan ostentosa, pero tan indebidamente, hombres de empresa. A esta clase de privilegiados (mercantilistas, los llamó en su momento el tránsfuga de Zablah) lo anima un solo incentivo: el enriquecimiento, la usura, y para ello la previsión, el método, la investigación y el sentido social, son cosas superfluas, divagaciones de ilusos; al capital se le debe sacar el mayor provecho posible, con el menor esfuerzo, lo que es peor, sin tener en cuenta si en una explotación despiadada y deshumanizada, se atropellan los derechos de los trabajadores y de los consumidores. Zablah ciertamente habla de industrias de invernadero, edificadas gracias al paternalismo de la protección oficial; en ellas las máquinas y los obreros deben ser exprimidos al máximo, para obtener, con el menor riesgo posible, dinero, capital y más capital. En síntesis, con el modelo neoliberal implantado por los cuatro gobiernos areneros (y que todavía tienen el descaro de pedir votos para seguir esquilmando al pueblo salvadoreño), la economía se encuentra enajenada al capital extranjero y por supuesto a los grupos poderosamente privilegiados del país; no tenemos independencia económica y ciertamente vivimos bajo la férula rigurosa de empresas transnacionales que rigen nuestra vida en todos los órdenes. Ese entreguismo a centros de poder financieros internacionales, es el que ha caracterizado a los regímenes areneros. Las espaldas planas y las rodillas en tierra también lo hemos visto y sentido en el campo político. El envío de tropas a reforzar la descarada invasión militar en Irak, es una muestra palpable de la risible política de relaciones internacionales seguida por los sucesivos gobiernos de Arena. Cuando al final de la larga noche se haga una evaluación de estos desgraciados 20 años de los regímenes areneros, se comprenderán muchas de las cosas aquí señaladas. No son señalamientos gratuitos, ni producto de un proceso electoral, pues no nos corresponde a nosotros inmiscuirnos o hacer campaña proselitista; sino, más bien, un breve análisis y una reflexión que esperamos comparta y asuman los salvadoreños que de manera directa han sufrido en carne propia las erradas políticas de esta y las anteriores administraciones de Arena.
Leído 14 veces

|