Por Lilibeth del Castillo el 06-May-2009 | Primero se hizo un nudo Gibbs y luego le fallaron las manos a Almunia. Dos despistes, dos errores, dos goles. Así de sencillo fue para el Manchester, al que le bastaron 10 minutos para conseguir el boleto para Roma 1-3, de la mano de Cristiano Ronaldo tan genial como irritante, autor de dos tantos y un puñado de sus habituales gestos. El Manchester United defenderá su título de la Champions League, algo irrepetible desde 1990, los tiempos del Milan de Sacchi.Ahora que parece que vuelve la justicia poética, el Arsenal de Wenger, se quedó como casi siempre, con las ganas. No pudo superar sus bajas en defensa, Gallas y Clichy ni siquiera habían jugado la ida, que tampoco es noticia. Dijo Wenger hace una semana que Gibbs sería un lateral de futuro para la selección inglesa. No hay que dudar de la palabra del alsaciano, pero lo cierto es que el chico, de 19 años, regaló el gol a Park en el minuto 8 y dejó la eliminatoria en bandeja para el United.
Un pestañeo después talonó Cristiano Ronaldo y le pegó de lleno con la derecha, superó a la barrera y la débil resistencia de Almunia, que llegó tarde y mal. Si se hubiera jugado en Highbury, en el fondo del reloj, aquellas históricas manecillas hubieran marcado el minuto 11, nada más. Y nada menos para el Arsenal, forzado a un esfuerzo que sabía estéril ante un rival que sólo había encajado dos goles en sus últimos cinco compromisos europeos.
Y es que este Manchester, antiguo abanderado de la lírica, hace tiempo que prefiere el espíritu cuartelero, la autoridad como llave del éxito. Así que ni siquiera Nick Hornby, el más famoso hincha gunner, debió de soñar con la remontada. Y tenía un buen puñado de motivos para su proverbial pesimismo. Enfadado con la vida y con el árbitro, Fábregas nunca tomó el timón. Rooney y Evra hacían la vida imposible a Walcott, por lo que Van Persie y Adebayor se cansaban de esperar en vano. Nasri fue una sombra por la izquierda y el esperanzador arranque londinense se quedó nada más que en un bonito recuerdo.
El Manchester United, apacible, se acomodaba tranquilo en el sillón de Fletcher y Carrick, y pudo hacer más goles antes del descanso. Almunia se retractó de su error y sacó una mano prodigiosa tras un derechazo de Rooney. Y mientras tanto, a Cristiano le faltaba tiempo para regalar taconazos, pases mirando hacia la tribuna y posturitas varias para sacar de quicio a todo el mundo.
Presumido, genial y desesperante Ronaldo, a veces más atento de las cámaras que de superar al lateral. Un icono del fútbol y un pedazo de futbolista. Capaz de sacar un contragolpe con un taconazo, recorrer 60 metros y cerrar el resultado tras una brillante asistencia de Wayne Rooney.
Ferguson gozaba en el banquillo hasta el penalti de Fletcher sobre Fábregas, castigado sin contemplaciones por Rosetti. Una roja que aparta al escocés de la final. El fulminante disparo de Van Persie a la escuadra no evitó la desbandada y más de la mitad del aforo abandonó su asiento antes del pitido final. Casi todos salvo el fondo de los red devils, que soñaba ya con cuatro títulos. Tras sumar ya la Community Shield y la Carling Cup, el líder de la Premier a falta de cuatro partidos, sueña ya con levantar su tercera orejona en Roma.


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