Por pocote el 31-Dec-1969 | Los revolucionarios decían que la violencia era la partera de la historia. También afirmaban que cuando las ideas sucumbían se imponía la ?lógica? de los fusiles. Por eso Mao Tse Tung fue conocido como ?militarista?, ?anarquista? y también como ?revisionista? por los mismos marxistas. Cuando se lucha contra los reaccionarios y retardatarios de las causas justas, todos los recursos son válidos, no pueden ser cancelados los excesos mucho menos los procesos de cambio estructural. Se dan tantos casos inclusive en países capitalistas. Estados Unidos es uno de ellos.
Se cuenta que antes de morir John F. Kennedy intentó controlar los precios del acero. Las grandes empresas siderúrgicas aceptaron el compromiso. Unas semanas después en el corazón del poder económico se llegó a una solución distinta: los precios subirían. El presidente Kennedy se enteró por los periódicos. Llamó al director de la United Steel a su despacho -- al despacho oval de Watergate-- y le pidió explicaciones. La respuesta fue simple:
n ?No podíamos esperar?. n ?Pero ustedes me habían prometido lo contrario?. n ?Finalmente se tomaron decisiones de otro orden?.
John F. Kennedy, hijo de un reino de más de 300 millones de dólares, heredero de una mitología, continuador de una saga y una leyenda, se entregó a una de sus cóleras bíblicas. Está en los libros de memorias.
n ?Mi padre me dijo siempre que ustedes eran unos hijos de ---?
Ya la mayoría sabe, en el idioma inglés, lo del perro y la perra. (Un presidente norteamericano dijo refiriéndose a Anastasio Somoza padre: ?es un hijo de perra, pero es nuestro hijo?) Es una añeja y gruesa frase. Dicen que brotó del torrente portuario, en esos lugares de calor y sudor intenso, remontó los desiertos de Arizona; volvió, ingrávida como un estallido, a Yale y Harvard, a los campus aristocráticos de la nueva clase dirigente universitaria. Donde se forman los futuros presidentes, los creadores y patrocinadores del marketing, de los analistas y ?sabios? de las finanzas. El presidente de la US Steel abandonó el despacho oval de la Casa Blanca. En los días siguientes, en las solapas de la clase dirigente de Wall Street, en las solapas, repito -- en diamantes-- las iniciales de las tres letras infamantes. El nuevo dinero kennedysta y el viejo poder del imperio se enfrentaban. Como sucedió con el caso Watergate. Centros de influencia y decisión confrontados. El joven Kennedy -- ?el enemigo al que nos hemos habituado?, que decía Fidel Castro pensando según sus palabras, ?en el norteamericano que tiene o debe nacer para comprender a Latinoamérica?-- estrenaba su lucha de clases tarde. La Irlanda de los proletarios y el acero de Chicago, los millones de los nuevos ricos dedicados a la política desde la racionalización de la conquista del poder y el poder industrial a secas, hermético, hijo de la revolución managerial, de la era de los directores y de los equipos cibernéticos, chocaban Tres letras en diamantes, como un desafío, en la solapa.
En el cuadro vivo de la historia todas las oligarquías en los distintos países proceden de la misma forma: preservar sus privilegios a costa de todo; para ellos los recursos armados de los revolucionarios, son un estigma, una ofensa, las armas son un falso recurso cuando se liquidan los argumentos de las ideas; pero en ellos se vale y se convalida todo: los escuadrones de la muerte, las desapariciones forzadas, la tortura, el secuestro, los asesinatos selectivos o no, las masacres. En 1996 el presidente de El Salvador Arturo Armando Molina, al anunciar el ?inicio? de la Reforma Agraria pronunció una frase lapidaria: ?Ni un paso atrás?. Cuando los representantes y enviados de la oligarquía se reunieron con él en Casa Presidencial, el tal slogan de definición, decisión y firmeza se encontró no con un paso atrás, sino con miles de huellas atrás en el camino de la vergüenza, la demagogia y el engaño. Y así podríamos seguir enumerando, señalemos en el presente dos ejemplos clásicos: cuando se dio la oportunidad de sancionar el decreto de cero pago por el acceso a la telefonía fija, el presidente Funes la regresó al recinto legislativo con observaciones pues ?no se podían lesionar los intereses económicos y mucho menos poner en peligro las inversiones?, palabras más, palabras menos. El segundo: si la Asamblea Legislativa se resiste a aprobar el decreto de la Ley de Medicamentos, el titular del Ejecutivo debe proceder con propios decretos a regular el precio de las medicinas. Pero la oposición de las cúpulas empresariales, testaferros de la oligarquía, vuelven inviable este recurso presidencial.
En las formas exactas de una interpretación del mundo hay un libro del que todos conocen el título - ?El imperialismo, fase superior del capitalismo?. El título es una estrategia, una proposición y una teoría. Mucha gente, incluyendo supuestos revolucionarios, se ha quedado con el título como si fuera una bomba de tiempo. Sus ejes simétricos, midiendo los meridianos del poder, página a página, son otra cosa, una invitación al conocimiento. La letra, a veces, ni con sangre entra. La letra, en ocasiones, es mítica: el título, el afuera. En su interior, un modelo, es decir, una organización formal de los fenómenos, un intento de medición de los hechos. Dice: ?En 1904 había 1,900 grandes empresas (de 216,180, es decir, el 0.9%) con una producción de un millón de dólares y más. En ellas, el número total de obreros era de 1.4 millones (de un conjunto de 5.5 millones de trabajadores industriales) y la producción de 5,600 millones de dólares (respecto a 14,800 millones, o sea, el 38 %). Cinco años después, en 1909, los datos correspondientes eran: 3,060 establecimientos (de 268,491, es decir el 1.1%) y 9,000 millones de producción anual (sobre los 20,700 millones, en otras palabras, el 43.8% de la producción industrial?). El autor se llama Lenin. Hablaba de los Estados Unidos. Marx, antes que él, con sobria adivinación de los fenómenos había avanzado que el capitalismo sería, como modelo, el proyecto económico que haría posible la universalización. (Ustedes escuchan ahora hablar de globalización). Inclusive como explotación el capitalismo estaba organizado sobre la función del universo. Lenin, considerando esas dimensiones monopolísticas, añadía que el imperialismo era la fase superior del capitalismo y, en tanto que fase superior, la fase última antes de su destrucción. Esa es la hipótesis.
Hace años conocí a un auténtico revolucionario quien partiendo de bases firmes, de la realidad política, económica y social del país, me decía que la única forma de hacer cambios estructurales en El Salvador, era eliminando físicamente a la oligarquía. ?Con esta gente, me explicaba, no se puede razonar, no hay manera alguna de hacerlos entrar en la idea de que el bienestar general de la población pasa por un distribución justa y equitativa de la riqueza, a mayor acumulación y concentración, mayor desigualdad. Unos en la opulencia y la mayoría en la miseria. Los reformistas lo que hacen es llegar a acuerdos cosméticos con la burguesía: ligeros aumentos salariales a los obreros, a los empleados públicos, entrega de parcelas rústicas de tierra a ciertos colonos, un régimen de seguridad social y préstamos blandos para adquirir viviendas, por supuesto para la clase media y a para todos lo que económicamente tienen posibilidades; pero esto no soluciona nada y, por el contrario, prolonga la agonía de las mayorías poblacionales?. La verdad, dicen los filósofos griegos, se caracteriza, a su vez, por la coherencia del discurso, es decir, por la compatibilidad indiscutible entre los dos términos de un enunciado. La verificación, por tanto, no es otra cosa que el acto que consiste en establecer aquello que se ajusta a la verdad.
En la situación actual de nuestro El Salvador acaso disponemos de materiales todavía muy insuficientes e imperfectos -- más la carga mítica de los preconceptos y de los prejuicios-- para definir y medir, en toda su intensidad, nuestro tiempo. Definir es el sujeto más la diferencia específica. Es entonces la hora señalada para hacer verdaderos cambios, no llegando a medidas extremas como las propuestas por el revolucionario de antaño; pero sí avanzando en lo realizable, en el combate frontal contra la corrupción, en le reactivación de la agricultura nacional y en una estrategia definida en la generación masiva de empleos. Lo demás viene por añadidura.
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