La ciudad más excitante del mundo Por César Román Sassone Un día de verano en Nueva York, un halo húmedo hierve sobre la ciudad y esta urbe cosmopolita palpita con su batallón de soldados incansables que se lanzan día a día a poner en marcha la ciudad más excitante del mundo, donde como dijo el ex alcalde Edward Koch, el futuro viene a tomar su prueba de audición. Me detengo un momento a observar a distancia el movimiento de los transeúntes, y quedo arropado por las edificaciones de ladrillos que cubren parcialmente los cielos; mientras se escucha el ruido ensordecedor de una ambulancia que trata de abrirse paso en la ciudad que duerme despierta; en medio de toda esta excitación vemos, como dijo Walt Whitman: ?Las multitudes de Manhattan con sus coros musicales turbulentos?? Camino por las arterias de la ciudad en medio del ardiente verano y tomo el tren ?F? en la calle 23 y la Avenida de las América. Allí miles de caras cansadas y serias comparten un espacio obligado para llegar hasta su destino. Muchos rostros se cubren por el New York Times, el Daily News, el Diario o cualquier otra publicación en otro idioma, propio de esta excitada Babel. Unas manos tocan unos tambores rítmicamente procurando retribución, mientras se escucha el crujir traqueteante de los rieles junto a una voz que anuncia la próxima estación: ?Next stop 34th street?. ?Es mi ciudad favorita? comentó una vez la comediante Joan Rivers; ?Es sucia, claro está, pero es como una bella dama fumando un cigarro.? Nueva York es una ciudad donde casi todo el mundo se encuentra acogido por su diversidad. Tribeca le brinda un apartamento inmenso al coleccionista, el Village tiene un rincón reservado para el bohemio, Chinatown le ofrece una gran variedad de artículos al comprador, el ?Upper West Side? reserva una residencia para el joven ejecutivo; la pequeña Italia guarda sus exquisiteces de la auténtica cocina napolitana para el gourmet; mientras Chelsea permite que las parejas del mismo sexo se tomen de la mano. La Gran Manzana envuelve en su dulce néctar al luchador y al guerrero, al soñador y al artista. La ciudad no los discrimina, ni los enjuicia, si no que más bien los acoge y le presta su antorcha de libertad. Nueva York es un imán que vive inundado por una ola de inmigrantes de todas las procedencias, lo que la hace una meca de mezclas amalgamadas, de fusiones étnicas, de moda y vanguardia y la convierte en una metrópoli que palpita y estremece, que embriaga y que excita, haciendo del espacio y sus habitantes elementos muy singulares de infinita diversidad. Lupita Perelló nos dice: ?El neoyorquino es exquisito, pues es una composición de lo mejor y lo peor de todos los lugares, lo que ha contribuido a enriquecer la ciudad, en la cual hay un pedazo de cada parte del mundo que te traslada a ese lugar, lo que hace de Nueva York una ciudad única.? Nueva York se distingue por la pluralidad, y esta diversidad se manifiesta en la forma de expresarse de los neoyorquinos, y se palpa en sus múltiples secciones que otorgan policromía a la ciudad. En cualquier esquina del Alto Manhattan podemos percibir el olor a sancocho que se mezcla con el sabor del merengue; en Harlem se escucha el jazz y la música Gospel, en Jackson Heights se fusionan la cumbia y las rancheras envueltos en un sari de la India, trocando a Nueva York en un tapiz bordado con hilos de todas las naciones del mundo. La ciudad gira en torno a la variedad: las galerías de arte de Soho, las boutiques de Madison, los musicales de Broadway... ¡Mamma mía!... La diversidad nos envuelve y deleita de una forma exorbitante. Es tal la infinidad, que los neoyorquinos viven en la calle disfrutando segundo a segundo la intensidad de esta urbe, que por momentos llega a aturdirnos. ?Me gusta este caos? dice Adam Leite de Brasil, mientras caminábamos por Broadway distraídos por las luces de neón y la vibrante actividad de Times Square.Con razón Trotsky exclamó: ?Nueva York es la expresión más grande de la era moderna.?Nueva York es una urbe que puede ser disfrutada desde muchos ángulos; desde una tarde de compras en Bergdorf Goodman, Takashimaya o Henry Bendel; una noche de baile en el Rainbow Room, o sencillamente observando la velocidad vertiginosa con que se mueve la ciudad desde un café al aire libre. Nueva York es una ciudad que invita a vivir con ganas y pide la participación espontánea de sus habitantes; como dice E. B. White en su libro ?Here is New York?, es una ciudad que combina el regalo de la privacidad con la excitación de la participación. Todo esto y mucho más es Nueva York; un trono gigante del capitalismo de un caos organizado, donde convergen arte cultura y finanzas, donde el consumo y la prisa trazan las pautas del ritmo de la ciudad. Para unos, una prisión divertida azotada por las frígidas temperaturas del invierno, donde el sueño americano tiene tientes de espejismo; para otros un maratón con poco tiempo para la reflexión, donde cohabitan el egoísmo y la soledad junto a la pobreza y la opulencia. Para muchos, Nueva York es una ciudad que ofrece un dulce anonimato, cuya variedad la hace rica y sensual en todos los sentidos, estimulante a todos los sentidos, donde el soñador tiene la oportunidad de reinventarse a cada momento y crear una realidad multicolor alucinante. Con razón John Steinbeck dijo: ?Después que uno ha vivido en Nueva York y la ha hecho su hogar, ninguna ciudad nos parece lo suficientemente buena?. cesaromans@aol.com / Retornar http://guasabaraeditor.blogspot.com/
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