Por pocote el 17-Mar-2009 | La hipocresía y el cinismo afloran en este momento estelar de la historia salvadoreña, lo estamos viendo en las entrevistas con dirigentes políticos, empresarios y funcionarios que transmiten los canales de televisión y en los comentarios publicados por los ?grandes? medios de publicidad, incluyendo al director de el diario de hoy, ?crítico? implacable, mordaz y calumniador contra la fórmula presidencial del FMLN. Nunca tuvieron los mercenarios de la palabra, los lacayos (por cierto uno de ellos hasta tiene de apellido este término servil), los testaferros, capacidad dialéctica para refutar ideas con ideas. Por fraterna que resulta la dialéctica a la palabra, al discurso y al coloquio, la equivalieron siempre con la ofensa, con la descalificación, el improperio, la grosería desde la arrogancia y la prepotencia. La confundieron con la retórica, oficio simplón de políticos. Sin pretensiones de academizar, ni enmendar la plana de los testaferros, como el cantinero alemán que sigue en el monte como la cabra, conviene no obstante explicar que la dialéctica con todo y estar hermanada a la palabra, nada tiene que ver con la demagogia del político y el ?analista? usurero de la derecha trasnochada. En realidad se trata de un método discursivo que al tiempo que plantea es refutado y que cuando se torna convincente es porque de aquí para allá y vuelta, han mediado muchos análisis, muchas revisiones y síntesis. El razonamiento sano, la crítica constructiva, nunca fueron argumento ni senda por donde transitar para todos los mercenarios que como jauría fueron tras las presa. Ahora cuando el pueblo tomó una sabia decisión, cuando con valentía derrotó la campaña sucia, la propaganda negra y el terror mediático, los ?analistas? surgen como por arte de magia para decirnos por donde debe transitar el nuevo gobierno, y que ?los empresarios? están a la espera de que ?cumpla con sus promesas?. Bueno ¿Cómo es la cosa? Dijeron que de triunfar el FMLN y su ?candidato rojillo? peligraban las inversiones que mejor se ?irían del país?. ¿Por qué no lo han hecho? Ustedes, hipócritas como son, no tienen lugar donde establecer sus negocios, más que ?en países comunistas? como Nicaragua y Cuba. Sus grandes paraísos fiscales tienen serios problemas de iliquidez, sus referentes del neoliberalismo, como Estados Unidos, están prácticamente en banca rota. Es fácil destruir, insultar, ofender; su odio no les permite analizar y reflexionar con serenidad. De hecho, todos los sucesos que el hombre contempla, exigen un tratamiento dialéctico si se quiere otorgarles causalidad y efectos veraces. Si solamente se quiere juguetear con ellos bastará echar mano de la grosería, del golpe artero, como ustedes lo hicieron impunemente durante catorce meses de campaña electoral. Un ligero recuento de este proceso electoral expresa que todos ustedes, ratas del mismo piñal, autonombrados ?analistas?, carecieron siempre de aptitudes para moverse en el campo de la lógica comparada, de la crítica sincera, de la reflexión. Cuando se treparon a la tribuna puesta por los dueños del circo, se tornaron omnisapientes, rotundos, definitivos en su sabiduría. De ese modo, discerniendo al capricho, obedeciendo consignas, siguiendo lineamientos del partido Arena y del gobierno, atacaron sin piedad, ofendieron la dignidad personal, ingresaron al mundo privado de una persona totalmente desconocida para ustedes y que nunca los ofendió ni respondió con insultos a sus groserías y estupideces. Intentaron ustedes por todos los medios a su alcance minar la imagen de un profesional, de un intelectual, que ahora por voluntad de las mayorías se ha convertido en su presidente. Falta de fundamento dialéctico, sus nombres, sus apellidos, están destinados desde ya al panteón de la iniquidad, de la vergüenza absoluta. El rumor, la insidia, el infundio y el gangsterismo, fueron utilizados repetidamente por personas como Enrique Altamirano de el diario de hoy. Lo repitieron otros mercenarios de la palabra, los que siempre han medrado a las sombras de las arcas del Estado, los que ahora ni ?siquiera respiran? temerosos de perder sus salarios, sus prebendas. Se escudan en las prudentes palabras pronunciadas en el breve discurso de Mauricio Funes, al proclamarse triunfador en las elecciones presidenciales. Con todo, se impondrá una sabia revisión en muchas instituciones gubernamentales para limpiar de basura la casa, para eliminar chinches y telepates. Es lo menos que todos los ciudadanos podemos esperar si de verdad se quiere llevar tranquilidad y transparencia a la nueva administración pública que tomará posesión el 1 de junio del año en curso. La gente se cansó de tanta demagogia, de autoritarismo, de inmundicias, de frutos en descomposición, de ramas reventando purulencias pestilentes. Ustedes ?analistas?, por cierto muchos se decían de ?izquierda?, pertenecen a esa clase despreciable, de los que se venden al mejor postor y cínicamente reivindican ?principios?, ?valores? y posiciones respetables. Aquí aguantamos todo intemporalmente. Pero aguantar es suspender solamente. De ninguna manera eliminarse la facultad de enjuiciar y decidirse. Los salvadoreños así como nunca perdieron la esperanza por el cambio y la esperanza, también no olvidan a los que utilizaron los medios de publicidad para insultar su inteligencia, para burlarse de sus tradiciones. La gente entendió si ustedes quieren, amargamente, que se estaba atacando, insultando y denigrando a una persona a quien querían como su mandatario y eso lo expresaron claramente en las elecciones del 15 de marzo recién pasado. Más claro no canta un gallo. Si ustedes se consideran ?personas de bien?, salvadoreños bien nacidos y no remedos importados de Chile, Costa Rica, Alemania o Venezuela, deben pedir perdón, instalarse en el lado correcto y dar un buen ejemplo a sus hijos, no vociferando en el micrófono de una radio, o haciendo comentarios hipócritas. Es lo menos que espera este pueblo valiente que supo derrotar una campaña sucia, a una cúpula fascista de la derecha, denigrante, de la cual por supuesto formaron parte todos ustedes, como una bien entrenada jauría pagada por gente sin escrúpulos, pendencieros y fanáticos extremistas, como los incrustados en el partido Arena.
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