Por noreply@blogger.com (Buseta de el 12-May-2008 | 
Por Mercy Carmona
Los habitantes de Guayaquil que hemos usado o intentado hacer uso de la metrovía, al ya no contar con las líneas de buses que antes nos acercaban a diferentes destinos dentro de la ciudad, sabemos lo ineficiente y caótico que resulta este sistema. Un sistema diseñado sin duda por personas que no dependen del transporte público para trasladarse.
No hablaremos aquí de los beneficios que tenía el transportarse en los buses populares, que -a decir de una amiga- pasaban por el hecho de poder comprar desde un caramelo hasta un vestido sin bajarte del bus. El transporte público tenía ya sus deficiencias, nadie lo discute; pero siempre fue señalado y perseguido por estas deficiencias. Lo molestoso -por decir lo menos- es que ahora nos impongan un sistema de transporte que no solo reproduce estas deficiencias sino que las eleva a la enésima potencia para el usuario y nadie dice nada. Cuantas veces los buses en los que viajábamos fueron detenidos por un vigilante de transito por llevar personas de pie, y ahora, que la metrovía lleva gente hasta en las comisuras de la dentadura del chofer, los vigilantes casi aplauden. No exagero. Vi a un vigilante más preocupado porque la metrovía pase, que por la seguridad de los transeúntes a quienes correspondía cruzar en aquel momento de acuerdo a los semáforos. ¿Y los medios de comunicación? No deja de sorprender su capacidad para minimizar o ignorar -cuando se lo proponen- los problemas de la gente. Se delatan como magníficos impulsadores del sistema (de la metrovía).
A pocos días de implementada la segunda parte de la metrovía, el editorial de cierto diario se titula ?LA METROVIA AVANZA? y habla de la metrovía como ?un instrumento de educación ciudadana? -¡Qué barbaridad! Me pregunto qué concepto de educación están manejando. ?La metrovía inculca orden, puntualidad y respeto a los demás?- Francamente me preocupa su idea del orden y respeto.
Meter a la gente una encima de otra, en un vehículo que va sólo por su carril, con un recorrido delimitado estrictamente (para que no entorpezca el tráfico de los cientos de miles de carros particulares que circulan libremente por la ciudad) no sé porque me recuerda a lo que solíamos hacer de chicos -por pereza o por el apuro- cuando queríamos ocultar el desorden que había en nuestra habitación; metíamos todo lo que encontrábamos a nuestro paso en el closet, sin importar como quedara dentro y cerrábamos la puerta forzando un poco para que entre el último zapato. Eso es lo que refleja el sistema de la metrovía implantado en guayaquil, una visión del ?progreso?, inmadura, improvisada, irresponsable y antidemocrática (si, por que acá de no se trata de zapatos, sino de personas con necesidades diversas).
?Menos buses, más aire? leí en alguno de los carteles publicitarios de la metrovía. ¿Más aire para quién? No para los que viajan en la metrovía; basta verlos en las horas de mayor movilización, son una gran maza humana compacta encerrada en vitrinas con llantas?Niños con sus caras y sus pequeñas manos aplastadas contra el vidrio, mujeres toqueteadas desde todos los frentes, todos contorsionados increíblemente- entre y sobre sí...Guetos ambulantes del siglo XXI. No importa lo que pase dentro, mientras sea en el espacio asignado por la vía asignada, y en esta medida se mantenga el ?orden? afuera.
?Menos buses, más aire? ¿acaso sólo los buses contaminan? Si existe un interés autentico por el medio ambiente no sería más lógico, coherente y justo, privilegiar y promover el uso de transporte público en toda la ciudadanía, brindando un servicio eficiente y de calidad. Y no, confinar a esta inmensa mayoría de la población que usa el transporte público, por necesidad o por simple estilo de vida, a un servicio que lejos de cubrir las necesidades de esta, la relega, la aísla, la humilla, al trasladarla en condiciones que atentan la dignidad humana?
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