Por Pol Gustems el 08-May-2011 |
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El campeonato sigue en Milán, pero esta vez cambia de colores. El Milan de Massimiliano Allegri, al que la prensa italiana considera el artífice número uno del triunfo, recupera el trono allí donde lo recogió por última vez, siete años atrás, también en el Olímpico de Roma. Ni el tibio 0-0 privo de un festejo por todo lo alto, espectáculo curioso de Galliani incluido. Es el decimoctavo título de liga para la escuadra rossonera, octavo de la era Berlusconi, octavo consecutivo para Zlatan Ibrahimovic y el primero para Max Allegri. Esto último ha pesado infinitamente más que el resto. El fracaso milanista del pasado tiene como culpable unitario creer que la historia juega partidos, que la experiencia es siempre positiva aún cuando es tu única arma, dejando las balas de la frescura en el banquillo. Estos años hemos visto partidos muy atractivos en San Siro, sobre todo en la etapa de Leonardo -hoy apagafuegos en el Inter, sin éxito en el tramo final-. No ha habido tantos con Allegri, que se ha adaptado mejor que nadie al medio. El Calcio no es bello. Esta temporada confirma la tendencia a la baja del campeonato. En esta tesitura el mejor ha sido el Milan, consciente que esta liga no se ganaba anotando un gol más que el contrario, sino encajando uno menos. Una reflexión que se apunta hoy en La Gazzetta y que describe perfectamente la esencia del fútbol italiano actual.
Portieri, influencia sorprendente. En el plan de incorporaciones de Allegri llegó, por fin a Milán, un guardameta prometedor: Marco Amelia. Sus últimas temporadas en Palermo y Genoa presagiaban su titularidad, pero sus actuaciones en pretemporada no convencieron al técnico. Christian Abbiati, uno de esos elementos eternos que nunca tiene que jugar pero siempre lo acaba haciendo. No es un mal arquero, pero tampoco la apuesta segura de una escuadra que quiere aspirar a lo máximo. La confianza le ha hecho mejor arquero, quizá rindiendo por encima de sus posibilidades. Según los lectores de la Gazzetta, cuarto jugador más influyente en la consecución del campeonato. Un premio de protagonista tras su larga trayectoria de segundón.
Difensori, entre dos mundos. Alessandro Nesta y Thiago Silva, pasado y futuro unidos en un presente notable. Sus mejores etapas eran y serán otras, pero el dúo de centrales, jerarquía y juventud, han formado una pareja solvente en un esquema donde la parte defensiva ha estado muy expuesta en algunos partidos por la magnitud de los atacantes. El central brasileño, rápido en el cruce y elegante en la salida de balón, es el jugador de la temporada. Una pieza imprescindible que ha aprendido al lado de uno de los mejores de la pasada década. A ellos se une el papel correcto de Luca Antonini y la ascensión de Ignazio Abate en el carril derecho. El ex del Torino ha firmado una gran campaña, eligiendo con detalle cuando debía incorporarse al ataque y cuando permanecer en defensa. Solución irremplazable para el ataque por bandas, un aspecto que podía perderse con el nuevo esquema de Allegri, sin extremos, con atacantes más centrados.
Centrocampisti, un último esfuerzo. Andrea Pirlo, otrora el termómetro del Milán, se ha perdido gran parte de la temporada por una lesión. Era uno de los futbolistas a quién peor le sentaban los años. Sus últimas versiones, poco participativo, brillante solo en detalles, no reflejaban lo buen futbolista que es, o ha sido. A falta de Pirlo, aglutinando los esfuerzos de toda una vida para derrocharlos en una sola temporada, el nivel exhibido por Clarence Seedorf es cercano al sobresaliente. Continuidad impropia para su edad, se ha erigido como la figura pensante de este Milan. El centrocampista total en una última campaña para enmarcar. En la órbita rossonera, si eres Ronaldinho y quieres el número diez en tu camiseta, te dan una palmada en la espalda y te dicen que bromas las justas. Seedorf son galones, y esta temporada ha sabido leer los tiempos del partido mejor que nadie. Acelerón y primer toque cuando tocaba, frenazo y vuelta a empezar si el ritmo le perjudicaba. Excelso e inacabable. Al último esfuerzo de Seedorf han correspondido otros dos antiguos, Gattuso y Ambrosini, dejándose ir en acciones técnicas impropias en sus botas. El fichaje de Mark Van Bommel en enero, dejando a un lado su vertiente violenta, ha sido clave. Al fútbol del holandés le viene como anillo al dedo el tipo de juega que se despliega en Italia. Oxigeno, corrección con el balón y destructor experimentado. Quizá no sea un centro del campo para competir al máximo nivel europeo. Sin embargo, si lo es para triunfar en Italia, donde es un poco más fácil soportar que los delanteros defiendan poco, ya que en la mayoría de equipos el planteamiento es el mismo. No podemos concluir sin mencionar el papel destacado de Kevin-Prince Boateng, un golpe de aire fresco en la medular, llegador y trabajador por partes iguales.
Attaccanti, talento sobrante. Sería un error considerar que Zlatan Ibrahimovic, pese a convertirse en máximo goleador, es la razón única del éxito ofensivo. Ha sido el mejor, pero recordando aquél Inter de Milán que nacía en el sueco y acababa también en él, en este Milan ha tenido un papel un poco menos central. Lo demuestra que aunque se borrara del último tramo con expulsiones absurdas, el equipo ha seguido funcionando. Incluso en el derby, donde a falta de Ibra apareció Pato. Zlatan comandó el equipo en la primera vuelta. En la segunda bajó su nivel y el dúo Pato-Robinho cogió el testigo. En el mercado de invierno se fue Ronaldinho, pero nadie lo notó. El papel del brasileño lo suplió Antonio Cassano, con algún kilo más que en Génova, con alguna asistencia trascendente más que el Gaúcho. El Milan ha terminado la temporada con cuatro atacantes de calidad inmensa, pudiendo elegir a los dos o tres más en forma cada jornada. Gran variedad de elección para confeccionar sistemas distintos, con bandas o sin, con dos o tres delanteros. En este apartado Allegri tiene un mérito incalculable. Gestionar los egos de este cuarteto mágico era el reto más complicado de la temporada.
Allegri, camaleónico. Ha conseguido el éxito en su primera temporada en un gran equipo. Su influencia se ha evidenciado sobre todo en la segunda vuelta. Al principio le costó encajar las piezas alrededor de Ibrahimovic. Después entendió que el sistema debía funcionar aunque su estrella faltara. Mimó a Robinho para que volviera a exhibir una versión notable, cambió el sistema según el rival y estructuró un sistema defensivo excelente, recibiendo pocos tantos, recuperando para la causa a los más veteranos en una medular rocosa. No se ha casado con nadie, utilizando hasta 31 futbolistas, cifra récord ?algunos jóvenes de la casa como Merkel- según sus estados de forma. Cayó en Europa cuando aún no había tocado la última tecla. Este Milan, aunque hecho para competir en Italia, está más preparado para la competición europea que en ediciones anteriores, aunque en Europa el peso del Calcio haya disminuido. Excelente en su estreno en los banquillos de alto standing, si diéramos un nombre al título milanista este sería, como primer protagonista, el Scudetto de Allegri.
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