Por Viento el 20-Feb-2008 | 
Describir comportamientos es bastante complicado a veces. Otras es como tener una guía: paso uno, paso dos, y así hasta llegar al corolario de algo que es tan cantado como un teorema. O un silogismo modus tollendo tollens, si P, entonces Q> Q es falso entonces P es falso. O el sorites, que me encanta. Todo muy teórico. Es como una relación causa-efecto, o pérdida versus ganancia, lo que sube baja (algún vivo dirá : menos los precios...chiste de país con economía inflacionaria)
He detectado estos comportamientos entre la gente de manera solapada muchas veces, otras clarito como el tollendo tollens. Si hago P ahora, otra persona que sigue mi razonamiento, hará Q.
O sea, P en mí es Q en la otra persona. Pero hete aquí que P = Q. Ambos hacemos lo mismo. Ambos somos falsos.
¿Qué nos lleva a hacer esto? Supongo que el mismo fin, el que persigo yo, el que persigue él, el que busca ella. Y no nos podemos salir de la validez del razonamiento. No hay forma de darlo vuelta. Y sabemos, que la validez de un razonamiento no depende de la veracidad de sus proposiciones. Podemos partir de proposiciones totalmente falsas, y arribar a un resultado válido.
¿Qué me lleva a mí a hacer este comentario? Lo sé, la imposibilidad de decir algunas cosas a cara descubierta. ¿De dónde sale esta imposibilidad? Del miedo. ¿A qué? A quedarme sola. A que nadie más me hable. Porque a veces mis pensamientos, mis razonamientos y mis conclusiones son duras, hasta el punto de tratar a todo como un cálculo matemático, como una sintaxis que sigue el modelo minimalista, del gran Chomsky.
Y ahora, he palpado este silogismo en muchos lugares y situaciones. Pero no me animo a abrir la boca. Callo y me transformo en la P de la premisa mayor, veo la Q de la menor, y llego a la validez.
La validez del comportamiento humano. Sin que sea verdad, o mentira. Sólo válido. Sólo una relación mecánica. Sólo un engranaje puesto en marcha, y una hilera de chorizos que sale de una picadora de carne.
Nada más para ver.
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