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Ayer por la tarde salí de la oficina a comprar tabaco. Una cola interminable me esperaba?, ?eso de la ley anti-fumadores, ha logrado doblar el número de viciosillos? La cola daba casi una vuelta a la manzana?, sabía que me iba a tocar esperar, al menos? diez minutos. ¡Diez minutos!, para la mayoría de los chupatintas, gremio al cual pertenezco, eso es una eternidad. El agobio les corroe, son unos ?agonías?, como si el jefe les fuera a echar la bronca nada más llegar? ¡Si después no pasa nada! y es que hay gente que, o se ahoga en un vaso de agua, o se cree el ombligo de la oficina. . Bueno pues si, DIEZ preciosos minutos, en los que me dedicaría a mi deporte preferido: observar. ¡Cuanto se aprende y cuantas conclusiones se sacan! Es verano y justo enfrente de la cola del estanco, han puesto la terracita del bar del barrio. En el, una pareja permanece casi inmóvil. Cuando he pasado, la chica estaba sin gafas de sol. A través de aquellos ojazos tipo Audrey, miraba al hombre como si no comprendiera; aún de lejos, una sombra de congoja se distinguía en su carita. La coca-cola de ella estaba intacta, y también el café de él. . Al cabo de los diez minutos previstos, yo todavía seguía en aquella cola; y en la terraza, se habían producido algunos cambios, aparentemente imperceptibles: Ella, ya se había tapado los ojos con unas grandes gafas oscuras y?. lloraba. En su mano sostenía un clínex arrugado con el que secaba sus mojadas y preciosas mejillas. El estaba callado, con la mirada perdida. . Por fín, la chica se ha levantado. Él le ha pedido que se sentara, pero ella gesticula. La coca-cola sigue intacta, el café, no sé. Ella coge su chaqueta y el bolso. Se marcha. Se está marchando, justo cuando yo he cruzado la calle, de regreso al trabajo. He pasado tan cerca de ella?, su olor?. ¡indescriptible!... meláncolico?, triste, hermoso? . Casi entrando en el edificio de mi oficina, he vuelto la vista. A lo lejos, ella seguía allí, de pie. Él sentado, mirando al suelo. Sin duda es una de las más tristes estampas que recuerdo? Una estampa de desvanecimiento, de intentos, de esfuerzos desesperados por no reconocer lo que termina. Una estampa de heridas, de grietas abriéndose, de cicatrices sin cura, de brazadas angustiosas en el aire, de vacío. . La vida, he pensado justo antes de entrarotra vez en la oficina, a veces, se estima por calendarios equivocados.
Por eso..., en aquel justo instante, en aquel momento determinante, arrugué y tiré el paquete de cigarrillos que acababa de comprar, ¡había decidido dejar de fumar!, resueltamente, tajantemente?, para siempre. Y además? sabía que lo cumpliría?
,, Nuestra verdadera agendaes la que NO se escribe, es aquella que se construye a través de punzadas y latidos mínimos pero determinantes que nos convierten en lo que somos, en lo que vamos siendo. .
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Para terminar esta breve historia-ficción, hoy os traigo?, alguno de MIS MOMENTOS MUSICALES DETERMINANTES -EN B/N-, esperando poder compartirlos con TODA/OS vosotra/os. Esperando que os gusten.