Por José David López el 09-May-2008 |
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Cuando se desvelaron hace apenas dos semanas los equipos que iban a disputar los octavos de final de la Copa Libertadores, ya reflejamos nuestra alegría por la igualdad de los contendientes y por el potencial de algunos cruces, que han deparado no sólo resultados históricos, sino momentos donde la épica y la heroicidad han rozado el cielo. Fluminense, Sao Paulo, Atlas, Boca Juniors, América, Santos, San Lorenzo y LDU Quito son los ocho supervivientes.
Siguiendo un orden de osadía, el punto de partida sería el Monumental de Buenos Aires. River Plate tenía la obligación de ganar por un gol de diferencia y San Lorenzo se enredó muy pronto en el júbilo millonario que apretaba con todo desde las gradas (jamás vi cosa igual en el estadio riverplatense). Un balón parado del especialista Abelairas abrió el marcador y la pesadilla de los de Boedo, ya que fueron expulsados Rivero y Bottinelli; este último, ya en el segundo tiempo, por un codazo a Falcao que además supuso penalty. Abreu lo anotó y con dos goles de diferencia en media hora, River parecía en cuartos.
Si embargo, el Ciclón ejerció como tal, no se arrugó y le buscó las ?cosquillas? a un rival que se dejó llevar, lento y fuera de sí, lo que le costaría una remontada pocas veces escrita. Con nueve jugadores, un ambiente tenso como el que más y consciente de ir a matar o morir, Bergessio se vistió del gran Cuervo para silenciar lo imposible con dos goles en apenas seis minutos. Después la mala suerte en la definición (tuvo tres clarísimas) pareció querer castigar a un River que vuelve a caerse en Copa y huele a catástrofe (2-2).
Compitiendo con tal reflejo de carácter y fe se plantó América en Maracaná. El actual colista del campeonato mexicano, que busca técnico para el año que viene y que sólo pretende dejar atrás cuanto antes una crisis singular, rompió cualquier guión del más tenso de los thrillers y lo hizo comedia ?negra?. Necesitaba un milagro en forma de victoria por tres goles de margen, mientras que Flamengo, que ya había aprovechado sus chances en el Azteca (2-4), tenía todo en su mano. Pero la fe fue creciendo gol a gol hasta profanar el legendario estadio carioca, que vivió su ?Maracanazo? versión 2.0 con el paraguayo Cabañas en el papel de Ghiggia. Tremendo, insólito y directo a cuartos (0-3).
No menos importante aunque sí más normal fue la exhibición de Boca Juniors en Mineirao. El Cruzeiro había puesto Belo Horizonte en pie con su fútbol alegre y ofensivo en la fase de grupos, e incluso el buen resultado de la ida (2-1) les hacía acreedores a poder alcanzar su pase; sin embargo, pronto se encontraron con la experiencia, saber estar y solidez de los xeneizes. Puede estar Russo, Lavolpe o Ischia, pero este grupo conmueve a los suyos a base de templanza, verticalidad y, por supuesto, claridad de ideas en los pies más sabios de toda Sudamérica, los de Riquelme. Una contra de Palacio y un cabezazo letal de Palermo (como no) superaron el ambiente tenso que se había formado a su alrededor e hicieron ver la versión ?mansa? del campeón de Minas Gerais. Este Boca va de correctivo en correctivo (1-2).
La jornada se completó con el tranquilo pase de Fluminense a costa Atlético Nacional, la victoria de Sao Paulo ante Nacional, los sudores inesperados de Atlas, la facilidad de Santos y, sobre todo, el sorprendente acceso a cuartos de LDU Quito, que se ?cuela? con los grandes tras dejar atrás a Estudiantes y se confirma como la revelación del torneo.
Ya hay cruces de cuartos de final y, viendo lo acontecido hasta ahora, quitarse unas horas de sueño nunca fue tan gratificantes. En sólo unos días han caído tres mitos, tres estadios históricos que lloran la grandeza de una competición que sigue ganando adeptos y que mantiene varios favoritos en escena. El pronóstico es reservado.
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