Por noreply@blogger.com (Fujur) el 20-Jun-2008 | Una confesión personal acerca de mis gustos siempre acabará por referirse a los dinosaurios. Sí, lo reconozco. Pese a estar opositando, ser licenciado en Derecho, y tener 22 años, disfruto mucho analizando las diferentes paradojas, teorías y variopintas curiosidades que rodean a estos seres. La ?Dinomanía?, palabra cada vez con mayor significado (más aún en ciertas épocas recientes, véase el año 1993 con la irrupción de Jurassic Park...), es una manifestación, como cualquier otro, del imaginario humano.
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La representación que nosotros nos hacemos de algo foráneo, por definición no observado, nos define como personas de un tiempo: con unos conocimientos, gustos e inquietudes. Si pensamos en pro del nacionalismo o del orgullo patrio no nos sorprenderá contemplar discusiones acerca de si fue más pavoroso el americano T-Rex o el argentino Giganotosaurus, o si fue más grande el saurópodo encontrado, recientemente, en Teruel, que cualquier otro dinosaurio (o animal) que haya poblado jamás la Tierra. Una de las controversias más interesantes y, valga la redundancia, polémicas, es la que rodea al enigma de la extinción de los dinosaurios.
Al pensar en los dinosaurios no son pocos a los que se les viene a la cabeza la efigie del meteorito que acabó con buena parte de la vida terrestre hace, aproximadamente, 65 millones de años. A muchos nos vendrá a la mente el solitario andar de un tiranosaurio en búsqueda de comida o el cadáver de un Triceratops roído por los, vencedores, mamíferos. Como reflejo de nuestros pensamientos e inquietudes, no es extraño oír en la actualidad que la extinción de los saurios bien tuvo algo que ver con los cambios climáticos, que como el actual, han ido sacudiendo a nuestro Planeta desde el principio de los tiempos. Sinceramente, este filón es sumamente interesante.
Algo más probada que la eventual llegada del hombre a la Luna es el impacto de un meteorito, coincidiendo con el ocaso de los dinosaurios. Richard Muller, de la Universidad de California, abogó por una teoría (conocida como ?hipótesis Némesis?) que defendía el impacto, periódico, de sendos meteoritos en nuestro planeta, procedentes del cinturón de asteroides sito en nuestro Sistema Solar. El cálculo lo realizó en períodos de 26 millones de años, contingencia curiosa.
Más allá de esta teoría, por lo demás un tanto ridícula, se nos ha enseñado el declive de los dinosaurios como una consecuencia de un terrible invierno nuclear que sacudió el planeta con posterioridad al impacto celeste. La luz desapareció negando el alimento fotosintético para multitud de vegetales, provocando la carestía de nutrientes para los grandes herbívoros, y correlativa hambre de los carnívoros. Esta teoría es una de las que cuentan con mayor número de adeptos. Sin embargo, no convence a una, cada vez más amplia, minoría.
Desde Francia, Malmartel nos explica una teoría ciertamente curiosa. Según nos ilustra en su interesantísima web, los dinosaurios fenecieron en virtud de importantes cambios gravitacionales en nuestro planeta. Dada la gran masa de estos seres, su condena fue mayúscula, hundiéndose en la más flagrante extinción virtud de características que otrora les repararon éxito. Junto a ella, una teoría que me seduce es aquella que defiende la muerte del taxón virtud de cambios en la concentración de dióxido de carbono y oxigeno.
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En conclusión, como es obvio, cualquier problema científico relativo a un tema divulgativo siempre es objeto de teorización barata (incluida la propia) falta de argumentos netamente científicos. Pese a los inexcusables elementos físico-matemático-químicos que deben analizarse, existe una multitud de tópicos que deben ser combatidos por el cuerdo juicio de un aficionado moderno:
1) ¿Dónde está el límite entre extinción (dinosaurios en sentido estricto) y evolución-sobrevivencia-éxito (aves)?
2) ¿Cómo sobrevivieron los cocodrilos, las tortugas, buena parte de los peces y anfibios y nos estos reptiles?
3) ¿En qué se basó el éxito de los mamíferos, una vez que los descubrimientos paleontológicos nos han demostrado que todos los mamíferos no se limitaron a ser presas de los dinosaurios, detentadores de un tamaño de musaraña (surgiendo los primeros ungulados, roedores y primates en presencia de los saurios)?
Son muchas las preguntas, argumentos y respuestas, tantas como las teorías que uno puede encontrar respecto a este misterio, en el que muchos quieren ver una profecía de lo que nos pueda pasar en el futuro. ¿¿Quizás se extinguieron por no caber en el Arca de Noé, que antaño defendió alguno, quién sabe si también ahora??
* Imágenes: En primer término, gran ilustración de D. Luis Rey (muestra la evolución, hacia las aves, de los dinosaurios). En segundo término, Repenomamus según Mineo Shiraishi (un mamífero que comía carne de dinosaurios).
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