¿Cómo somos los salvadoreños? Hay muchas apreciaciones ligeras e injustas para definir a los más humildes y desamparados de esta sociedad. El dinosaurio de el diario de hoy y el Ministro de Justicia, los califican de chusma, de revoltosos e intransigentes. Los muchachos y los vendedores que protestan por el alza de la tarifa en el transporte, son llamados pendencieros, matones, belicosos, conflictivos, inconformes. Personas malas en general.
Olvidamos que ni ayer, ni hoy, ni nunca, habrá buena conducta con mala economía. Primero es el ser ?el comer, vestir, habitar y educarse?y luego el modo de ser. Si no hay comida, vestido, techo o escuela la gente tiene qué violar códigos y leyes. En distintas apariciones públicas el Ministro de Justicia ha dicho que ?muchos salvadoreños no quieren trabajar? y únicamente ?piensan en cómo crear problemas y desestabilizar al gobierno?. Muy pocas luces en verdad tiene este funcionario.
Los habitantes del norte de Chalatenango, de Morazán y de Cutumay Camones, para citar tres ejemplos, son pobres, pero no de espíritu. No tienen nada en la bolsa, pero tienen conciencia. De ello han dado muestras a través de los años, algo que por cierto no causa gracia ni despierta admiración en la derecha. La mayoría de esos campesinos reitero son pobres, miserables, carentes, marginados. Su lengua es el machete y su rebelión en su momento fue el colt o el máuser. Se rebelan contra Dios, el gobierno, los funcionarios ineptos, los extranjeros (lo están viendo contra los comisarios de las empresas mineras) y contra todos. Trabajadores agrícolas en su mayoría, un tercio del año no trabajan. En el tiempo muerto piensan. Se politizan. Y culpan de su miseria al gobierno, a los que hace casi 20 años les hicieron promesas bonitas y en el presente los siguen engañando con programas demagógicos como Red Solidaria, Alianza por la Familia o Bonos para la Educación. Panza llena corazón contento. Panza vacía, malos pensamientos y malas acciones.
En este momento, pasados los difíciles años de la confrontación militar, de la guerra civil, esos campesinos, ya no piensan en alzarse en armas, ni en conspirar contra el gobierno, los militares o las autoridades locales. Eso quedó en la historia. Ahora al pensar en política, distinguen entre los que siempre los han engañado y les han pedido el voto para hacer gobierno a favor de grupos privilegiados. Los mismos diputados campesinos (como ese caballero del PCN), encuentran difícil hacerlos que se ?traguen? las píldoras de la conformidad y la ilusión, ahora están decididos a probar con una corriente distinta de pensamiento. Lo que hace la reflexión y la pobreza, la miseria y el sentirse abandonados por un régimen insensible y alejado de las necesidades más sentidas de su pueblo.
Ahora no se trata de seguir asustando con el petate del muerto, de hacer vinculaciones gratuitas, de culpar a la izquierda y sus dirigentes de todo lo que ocurre en el país. La pobreza extrema, la marginación, la terrible falta de empleo, el desabastecimiento de medicina en los hospitales públicos y en las unidades de salud y farmacias administradas por el Seguro Social, no son lacras sociales creadas por el FMLN, por los campesinos, por los jóvenes estudiantes, por los pensionados con sus pírricas mensualidades. No, son producto de la pésima gestión de 20 años de los gobiernos de Arena, de no atender las exigencias de las mayorías poblacionales, de hacerse los sordos y únicamente gobernar y atender las peticiones de los banqueros, los industriales, los grandes comerciantes, los distribuidores de productos derivados del petróleo, de los mafiosos acaparadores e importadores de granos básicos, de leche, de harina, etc.
¿Por qué siete de cada diez salvadoreños manifiestan su deseo de emigrar hacia los Estados Unidos? ¿Por qué los salvadoreños en su gran mayoría han cambiado sus hábitos de comida? ¿Por qué los salvadoreños no son felices? ¿Por qué hay tanta delincuencia, asaltos, robos, extorsiones y asesinatos? Porque no teniendo nada, la vida no vale nada. La vida vale cuando se tiene cuando menos lo estricto. Cuando no, solamente se tienen penas. Y después del sol riguroso, del calor infernal, de los mosquitos y zancudos, el aire sofocante, las enfermedades, la falta de comida, de agua potable, de derechos, con la irritación viene la sangre. En San Laureano y San José Cortés, aquí cerquita en jurisdicción de Ciudad Delgado; o un poco más allá en Cutumay Camones o en Torola, en la profundidad de Morazán, la injusticia tiene un mayor sentido y una menor disculpa si no se aplica. La riqueza tiene en esos lugares y miles de nuestro sufrido país, una cara más insultante porque es mayor la pobreza. Esta explica los muertos. Un pobre muerto violentamente o por desnutrición mancha el rostro de Dios, del gobierno y de esas instituciones que mienten al proporcionar cifras sobre desarrollo humano.
Las campañas mediáticas de la ?gran prensa? tratan de confundir, engañar y asustar. No se resignan mucho antes de la hora señalada a aceptar el veredicto popular. Aquí no se trata de computadoras mágicas, de llantas o buses quemados, de aparentes dobles discursos o de quien manda en determinado partido político; aquí se trata de analizar con objetividad todas estas verdades que hemos señalado, de encontrar rumbo a la nación, de resolver pronto y eficazmente los grandes y graves problemas sociales. De continuar con esa política perversa de generar desempleo o no posibilitar inversión extranjera, para que más salvadoreños se vayan hacia los Estados Unidos y sigan enviando dinero vía remesas. Se trata de entrarle de lleno a la crisis y de gobernar para el pueblo salvadoreño. Lo demás, ya no cala en los sentimientos y en el ánimo de los compatriotas. Una cosa es lo que dicen las campañas sucias de la prensa y los testaferros o los grupos de fachada de Arena, y otra, muy distinta lo que viven diariamente los salvadoreños. El dolor y el sufrimiento es un profundo grito que se eleva hacia el cielo.