Por Borja Barba el 12-Dec-2010 |
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Muy probablemente Jose Mourinho tenía razón. Intentar afrontar con garantía de éxito las tres competiciones en las que el Real Madrid anda inmerso con un sólo punta nato en la plantilla, a la espera de conocer cuál será el periodo de recuperación total de Gonzalo Higuaín, es poco menos que un imposible. Habla mucho, y mal, de la curiosa confección de la plantilla blanca. El portugués la tiró bien tirada con la historia esa del cazador, el perro y el gato. Una suerte de fábula futbolera que resume bien la situación actual de su plantilla.
Ahora bien, al técnico de Sétubal se le escapó, imagino que voluntariamente, un detalle vital. Si quiero ir de caza, y no tengo un pointer hijo de campeones a mi disposición, siempre será mejor llevarme conmigo a una banda de gatos callejeros que al apoltronado y elegante gato persa de mi tía la solterona. Resumiendo, mejor salir de batida con Di María, Özil, Benzema o Cristiano Ronaldo, que hacerlo con Sinama-Pongolle o Marco Pérez, con perdón.
Al Madrid se le dispuso un partido plácido. Sólo tuvo que aguantar los lógicos diez minutos iniciales de embestidas zaragocistas para encontrar su sitio en el partido. Fue justo lo que le duró la efervescencia a Lafita. O sea, poco. Superado el achuchón de comienzo de los locales, un pase cruzado de Marcelo para Mesut Özil sirvió para dejar sólo ante Leo Franco al alemán y que éste propinase al Real Zaragoza el primero de los tres zarpazos blancos.
Me va a disculpar el zaragocismo, al que brindo mi máximo respeto ante la complicadísima temporada que se le presenta, pero la imagen sobre el césped del equipo maño invita a pensar, a día de hoy, que el descenso es cosa de dos. Una de las plazas ya parece adjudicada. Equipo sin alma, como desnortado. Sí, un lujo de futbolista como Ángel Lafita, un mediocentro, Gabi, aseado y rascador y un par de centrales curtidos como Lanzaro y Jarosik. Y pare usted de contar. Lo advertía durante el fin de semana Javier Aguirre. Entrenar y dirigir a un grupo con hasta doce nacionalidades diferentes complica aún más la situación. Echas un vistazo al plantel maño y el recuerdo de aquellos años de locura inmediatamente posteriores a la sentencia Bosman es inevitable. Y llegará el mercado invernal, y la directiva zaragocista volverá a hacer un esfuerzo (es un decir, todo se costeará con un dinero que no se tiene) y plantar a orillas del Ebro a otros tres o cuatro mercenarios más. A cada cual más exótico. Lejos, muy lejos, quedan aquellos tiempos en los que los aficionados, zaragocistas o no, recitábamos de memoria aquellos onces históricos con Andoni Cedrún, Alberto Belsué, Fernando Cáceres, Xavi Aguado, Chucho Solana, Santi Aragón, Gustavo Poyet, ‘Paquete’ Higuera, … Alma.
Sin rival enfrente, al Madrid le bastó un lanzamiento directo de falta de Cristiano Ronaldo, el cabecilla de los gatos callejeros de Mourinho, para plantar el 0-2 y prácticamente dar por finiquitado el compromiso aragonés. Por si hubiera sido poco, las aspiraciones mañas sufrieron un nuevo revés cuando, a los dos minutos de arrancada la segunda mitad, Ángel Di María (menos ‘Eto’o‘ en el día de hoy que en anteriores ocasiones) enganchó con agilidad otro ratón despistado que andaba por allí. La pésima salida de Leo Franco, una sombra del que fue en Mallorca no mucho tiempo atrás, dejó en bandeja el 0-3 para los merengues.
Sólo la entrada al campo de Leo Ponzio y Marco Pérez, en el lugar de dos figurantes llamados José Edmilson y Florent Sinama-Pongolle, insufló un poco de espíritu al equipo aragonés. Con ellos dos ya sobre el césped llegó el tonto penalty de Ricardo Carvalho sobre el argentino Bertolo. Gabi se encargó de aliviar la pena blanquilla haciendo subir el 1-3 al marcador.
Sin más historia hasta el final que el debut del canterano Álvaro Morata, es obligación destacar el buen partido cuajado por Lass Diarrá en el centro del campo madridista. El hoy sustituto del habitual Sami Khedira ha vuelto a complicar las cosas a sus detractores, a la vez que ha ofrecido un jugoso manojo de argumentos a sus defensores. Dinamismo, movilidad y protagonismo (en ocasiones sobrevenido y excesivo, cierto). Personalmente, se me antoja que la labor del mediocentro francés será de gran valor para el equipo blanco cuando la temporada avance y haya que defender resultados y posiciones. La Liga de Campeones, en su fase de eliminatorias, puede ser su mejor escenario.
[Foto: www.realmadrid.com]
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