Por Ramón Flores el 07-Nov-2010 |
Foto 0 en Noche de Reyes: pega esta imagen en tú pagina, Foro, Myspace o Ebay con este código...
Cuando José Antonio Reyes salte esta noche al césped del Santiago Bernabéu vistiendo la elástica rojiblanca, habrá dado un paso más en una de las carreras más extrañas que ningún jugador español de élite haya firmado jamás. Un trayecto esquizofrénico con más altibajos que una función trigonométrica, que le ha llevado por media Europa y en el que siempre ha concentrado la atención del foco mediático, tanto por motivos puramente futbolísticos como por circunstancias personales.
Terminaba el siglo XX cuando el fútbol español comenzó a apercibirse de que algo se movía a la orilla de Nervión. Tras unos años oscuros, en los que personajes tipo Caldas, Oulida o Marinakis acabaron llevando al pozo al otrora glorioso Sevilla, Joaquín Caparrós había sido elegido por la directiva para liderar al club del Pizjuán en su retorno a Primera. El técnico utrerano, forzado por las limitaciones económicas del club y también por convicción, basó su trabajo en la fértil cantera sevillista, y empezó a construir un equipo competitivo basado en la juventud y en un puñado de veteranos de mil batallas. Entre los primeros, pronto empezó a destacar un joven extremo izquierdo, paisano suyo, que comenzó a horadar defensas combinando la velocidad de un Harrier y una zurda de terciopelo. Procedente de una familia muy humilde, Reyes se erigió en el líder de un equipo que pasaría en pocos años del cero al infinito, y su venta al Arsenal en 2004 por veinte millones se convirtió en el símbolo una política deportiva ?la era Monchi- que resultaría modélica durante años.
El aterrizaje de Reyes en Londres resultó venturoso. Llegado a mitad de temporada, comenzó su andadura como gooner con varios goles espléndidos ?inolvidable, por ejemplo, el que le hizo al Chelsea en Copa- y formó con Van Persie un dúo eléctrico que desempeñó un papel importante en el título de Premier logrado a final de año. Sin embargo, el andaluz nunca se asentó en la titularidad, y a partir del segundo año, entre lesiones y problemas de adaptación, su rol en el equipo perdió importancia, hasta resultar casi irrelevante en su última temporada, la 2005-06. Envuelto en problemas personales y portada en programas del corazón, Reyes iba dando pasos en la cuesta abajo que acaba convirtiendo al futbolista en juguete roto.
Sin embargo, en el verano de 2006 su carrera parecía experimentar un inesperado repunte. El Real Madrid, club del que siempre se había declarado simpatizante, se hacía con sus servicios, y el sevillano comenzaba la temporada como un hombre importante en el nuevo proyecto de Capello. No comenzó mal, pero de nuevo su rendimiento cayó en picado entre acusaciones de indolencia y falta de compromiso, y pronto desapareció de las alineaciones del técnico italiano. Condenado pues al ostracismo, nadie esperaba que se convirtiese en el héroe absoluto del equipo, con dos goles en la última jornada que dieron al Madrid la liga más inesperada de su larga historia. No le sirvió de mucho su exhibición final, ya que en una decisión consecuente con la prestación del jugador durante todo el curso, la directiva blanca prescindió de sus servicios a pesar del momento inolvidable, y José Antonio se vio obligado cruzó el río para enfundarse la camiseta del eterno rival.
Para muchos hinchas atléticos fue un shock que el responsable inmediato del último título merengue corriera ahora la banda del Manzanares, y Reyes fue sometido a un mobbing despiadado desde la grada que, combinado con la falta de confianza de Javier Aguirre y su propia inseguridad, le condenaron a una temporada infame. En el verano de 2008 salía cedido con destino a Lisboa, y parecía que el último tren había pasado para quien un día pareció la gran promesa del fútbol español.
Sin embargo, y contra todo pronóstico, Reyes volvió de sus cenizas a la sombra del águila Vitória. Bien guiado por Quique Flores, a la sazón entrenador benfiquista y buen gestor de jugadores en crisis, nuestro hombre fue recuperando poco a poco la confianza en sí mismo. Emergió un futbolista diferente, incluso morfológicamente, al que había maravillado al principio de su carrera: menos veloz y vertical, había aumentado su conocimiento del juego, del tempo y la pausa que dominan el ritmo de los partidos; de las cenizas de un extremo vertiginoso había nacido un estupendo interior, y la rapidez dejaba paso a la clase. Reyes asombró en su periplo portugués y, tras rechazar el Atlético una oferta del Benfica, volvió de regreso a Madrid. Se había ganado una nueva oportunidad.
De nuevo el comienzo no fue fácil ?Abel tampoco se fiaba mucho de él- pero el reencuentro unos meses después con el entrenador que le había dado su confianza elevó la moral del utrerano, que primero se hizo un fijo en las alineaciones y ha acabado convirtiéndose en uno de los puntales de este nuevo Atlético. ?Perdonado? por la afición y básico tanto en la Europa League del año pasado como en la buena actuación copera de los colchoneros, Reyes llega hoy a Chamartín convertido en un jugador tan importante como distante de lo que todos esperábamos que hubiera sido. Afortunadamente sigue ahí, y es una suerte para el fútbol que haya sobrevivido a tantos bandazos. Que aguante muchos años, porque es una delicia verle jugar.
Foto 1 en Noche de Reyes: pega esta imagen en tú pagina, Foro, Myspace o Ebay con este código...
Leído 8 veces

|